La Virgen de los Reyes / M. J. RODRÍGUEZ RECHI

Los detalles del segundo besamanos de la Virgen de los Reyes

Galería del segundo besamanos de la Virgen de los Reyes

Por  1:58 h.

Por segundo año consecutivo la Virgen de los Reyes ha estado en besamanos en la parroquia del Sagrario. Al mediodía del mismo 15 de agosto, el día de su festividad, la patrona regresaba a este templo para celebrar la octava y el segundo de sus besamanos.

En 2017, realizó ambos besamanos y la octava con motivo de obras de restauración en la capilla Real. En esta ocasión, se ha aprovechado para acometer una intervención en la cripta situada tras la urna del Santo Rey Fernando III.

Situada en el presbiterio de la parroquia del Sagrario, delante del imponente retablo de Pedro Roldán ha querido despedirse de los sevillanos antes del regreso a su camarín para concluir el último día de sus cultos y la apertura de la urna de San Fernando.

De nuevo, la Virgen con manto de salida en un besamanos, al igual que en el primero, un hecho que no sucedía desde 2004, cuando estuvo expuesta en besamanos extraordinario con motivo del primer centenario de la coronación, esta vez con el manto blanco, el de los «castillos y leones», uno de los dos más antiguo que posee la patrona de la ciudad, junto al verde y el que ha sacado en la procesión de tercias del 15 de agosto.

Otro de los detalles es el pañuelo que la Virgen lleva entre sus manos, de una Hermana de la Cruz, en concreto de la maestra de novicias fallecida el pasado año y que durante tanto tiempo ha sido la encargada de ataviar a la patrona.

Además, luce el pecherín denominado de las amatistas, la corona de filigrana de oro, de Manuel González Rojas en 1876. Una pieza antigua y segunda presea quizás de más valor de la Virgen de los Reyes después de la portentosa joya que luciera en su sien el 15 de agosto. Una de las novedades del ajuar que va a lucir en estos días está en el tocado, de encajes de Bruselas, una mantilla de un gran valor que por primera vez porta la Virgen de los Reyes.

Clásico montaje de este culto, fiel a su estilo, donde también estuvo el Niño Jesús, colocado en el altar mayor con el mismo ajuar de la salida, a excepción de la corona. Ambos separados tan sólo por unas horas para poder recibir el beso de despedida de los sevillanos.

Detalle del manto de castillos y leones / M. J. RODRÍGUEZ RECHI