El Señor de Pasión, junto a la estatua de Martínez Montañés en el Salvador
El Señor de Pasión, junto a la estatua de Martínez Montañés en el Salvador

Los hombres de Juan Martínez Montañés

El historiador del IAPH, Gabriel Ferreras, ha elaborado un inventario de los discípulos del «dios de la madera»

Por  1:00 h.

El «Dios de la Madera». Esa es la valoración más certera que se puede realizar del artista Juan Martínez Montañés. En Sevilla, plantó la semilla para que la escuela hispalense se enmarcara como referencia escultórica durante el primer tercio del siglo XVII. Entre esos artistas que destacaron curtiéndose en el taller de Juan Martínez Montañés habría que nombrar a Juan de Mesa y Velasco, al jerezano Alonso Álvarez de Albarrán, Juan Gómez y Francisco de Villegas.

Juan de Mesa y Velasco 

Comenzando por Juan de Mesa, el escultor cordobés llega a Sevilla en 1606 para ingresar en el taller de Montañés. Mesa contrajo un contrato durante de cuatro años para convertirse en oficial del taller más relevante de la ciudad.

El Cristo de la Buena Muerte / Hdad de los Estudiantes

El Cristo de la Buena Muerte / Hdad de los Estudiantes

Alumno aventajado de su maestro, al independizarse, Mesa se establece en San Martín. Su mujer, era una gran devota de la Santa Espina que antes estaba en dicha Iglesia, y hoy es conservada por la hermandad del Valle. En su última talla, la Virgen de las Angustias de Córdoba, la dolorosa porta una espina en la mano. Se sabe que la mujer de Mesa antes de morir deja una serie de misas pagadas para rendirle culto a la Santa Espina.

En la obra del cordobés, la corona de espinas es un sello característico del imaginero, incluso a la hora de firmar sus imágenes.  El Gran Poder es el gran referente de esos atributos, aunque imágenes como el Cristo de las Misericordia de Santa Isabel o el Crucificado de la Agonía de Vergara también sirven para entender mejor el distanciamiento artístico entre Juan de Mesa y Martínez Montañés. En este sentido, Gabriel Ferreras destaca al Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes como la talla más «montañesina» en la obra de Mesa. «El cliente era la casa profesa de los Jesuitas y como tal el artista sabe el estilo de esa imagen debía ser diferente», apunta el historiador.

Juan Gómez y Álvarez de Albarrán

En cuanto a la obra cofrade en Sevilla, los nombres de Juan Gómez y Alonso Álvarez de Albarrán también fueron relevantes en la escuela sevillana. Gómez era clérigo y llegó a la capital para formarse en el taller del «Dios de la madera». Más tarde se marcharía a Jerez donde culminó su trayectoria. Policromador de Martínez Montañés, las obra más destacadas de Juan Gómez es el crucificado de la Vera Cruz de La Campana, restaurado en 2012 por Enrique Gutiérrez Carrasquilla, o el nazareno del Puerto de Santa María. Ambas son atribuciones, la primera de ellas más afianzada tras la documentación que aportó el historiador Ceán Bermúdez.

El Cristo de la Vera Cruz de la Campana : Obra de Juan Gómez

El Cristo de la Vera Cruz de la Campana : Obra de Juan Gómez

Hasta hace bien poco, una de las obras atribuidas a este autor era el Nazareno de la Cruz al Hombro del Valle, tal y como se ha afirmado en varias ocasiones desde el seno de la cofradía. Sin embargo, tras el proceso de restauración en el Instituto Andaluz de Patrimonio Histórico (IAPH), lo único que se deja claro es que supera en calidad a los antes mencionados y por ello parece difícil que Juan Gómez lo gubiara. No obstante, es innegable su paso por el taller de Juan Martínez Montañés.

Por otra parte, Alonso Álvarez de Albarrán es uno de los más importantes escultores jerezanos de la época. El imaginero vino a Sevilla en 1611 para crecer como aprendiz en el taller de Martínez Montañés. Tras independizarse alrededor de 1620, según nos relata Fuensanta García de la Torre, en sus primeros años en solitario se especializa en escultura decorativa en piedra, realizando la ornamentación de la escalera del antiguo convento de la Merced- actual Museo de Bellas Artes de Sevilla. En referencia a su legado cofrade en la ciudad, sólo consta la autoría de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad de la hermandad de la Carretería. Según los archivos de la corporación del Viernes Santo, el 12 de Abril de 1629 se «contrató esta obra con el escultor Alonso Álvarez siendo alcaldes de la cofradía Alonso Sánchez Santa Cruz y Juan Pérez, Mayordomo Melchor de Rivera, al precio de cuatrocientos reales».

En imágenes: La lluvia frustra la estación de La Carretería

La Virgen del Mayor Dolor de la Carretería

Juan de Remesal y Francisco de Villegas

Zamorano de nacimiento, se trata de un escultor poco conocido y muy famoso en su época. Los expertos apuntan a que trabajó junto a Juan de Mesa en algunas de sus obras. Entre sus mayores obras destaca el retablo de la Iglesia de la Asunción de Aracena. Remesal pasó dos años en el taller de Montañés a cambio de una soldada de cinco reales diarios.

El Cristo del Perdón es obra de Francisco de Villegas

El Cristo del Perdón es obra de Francisco de Villegas

En su contrato quedaba estipulado que no desempeñaba ningún otra obligación y es que en aquella época algunos aprendices conjugaban su trabajo en el taller con las labores domésticas.

Entre 1614 y 1618, Francisco de Villegas ejerció como oficial en el taller de Martínez Montañés cobrando al día cinco reales.

De su obra más relevante en Sevilla sólo podemos encontrar el crucificado del Perdón en la Iglesia de San Isidoro, ya que la mayoría de su obra se encuentra en la provincia de Cádiz.

Juan Martínez Montañés dejó un legado que se convertiría en corriente artística. Aunque tuvo predecesores en el arte de esculpir, gracias a la información y documentación del profesor José Hernández Díaz, o al trabajo de Gabriel Ferreras, se puede asegurar que la obra de Martínez Montañés instauró los cánones de la denominada escuela sevillana.

Ignacio Cáceres

Ignacio Cáceres

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