Entrada a la Exposición de Manolo Cuervo

PINTURA

Macarena pop

Una mirada a la exposición de Manolo Cuervo y su interpretación de la Macarena y la Hiniesta.

Por  0:30 h.

«Todo buen pintor pinta lo que es él» (Jackson Pollock)

¿Por qué no pintaron los artistas del Barroco a la Macarena? ¿Por qué no lo hizo Murillo o Valdés Leal? ¿Por qué no la pintaron los Románticos? ¿Por qué hubo que esperar a las estampas grabadas o a las fotografías de autores de apellido extranjero? ¿Dónde estaban los límites entre la piedad popular y el consumo de imágenes? ¿Hasta cuándo no se supo mirar con los ojos de cada tiempo a los ojos que ríen y lloran de la Virgen de la Esperanza?

Si el cartel es un grito, la exposición de Manolo Cuervo en la Diputación de Sevilla comienza con uno. Puede ser susurro, clamor, piropo personal, afirmación y exclamación: Macarena, ¡Guapa! Letras negras sobre el blanco muro. Un ejercicio que conjuga lo popular y lo intelectual, la teología profunda y la de los místicos en el rincón de la taberna, la mirada al ayer desde el ojo de hoy. La Macarena se repite en cuatro interpretaciones para una única Esperanza verdadera. Aquí se muestra toda una herencia de aquellos que pusieron a la Macarena al alcance de las miradas de cada tiempo. Aquí está Juan Miguel Sánchez, que en el punto y final de los años 20 consigue el cartel por excelencia donde se sintetizan las vanguardias de una época que escribió, glosó, pintó y democratizó la imagen de la Macarena.

Los cuatro carteles de la Macarena de Manolo Cuervo, expuestos en la casa de hermandad / ABC

Ya sabían en el Arco que la Macarena era de todos, y que a los impostores los expulsaban de la hermandad en revoluciones que las mujeres del barrio hacían lanzando cubos de añil. Aquí están las fotos de Serrano para llevar en la cartera, colocar en la mesita de noche o enviar a la pretendida, qué mejor envío que la Esperanza. Aquí están los cuatro perfiles del cartel de Ricardo Suárez, otra icónica interpretación ahora en un color, lo menos es lo más, para serializar el rostro y hacernos sentir la imagen hasta cerrando los ojos. “La gente debería enamorarse con los ojos cerrados” decía Andy Warholl, quizás el más popular de los artistas del Pop. Aquí está la Macarena. Más bella moza no cabe. Pintada sobre una emoción de colores. Señora de naranja sobre fondo gris, como en una novela de Delibes. Con mariquillas verdes. Coronada con grito espontáneo que no es impostura para salir en las redes sociales. Macarena sobre un dripping, ese chorreón de pintura que empleaban los expresionistas abstractos en los años cincuenta. Es la Macarena que vuelve a casa al amanecer, a la que los macarenos ven esos churretes del humo de unas velas que la iluminan en la larga madrugada. La Macarena es Impresionismo de noche y expresionismo de día. Es color caleidoscópico. Es perfil que llega de frente. Por eso Manolo Cuervo la pintó no una, sino hasta cuatro veces en su cuartel.

Detalle de la Hiniesta / MANOLO CUERVO

Es algo más que una serie pop, que lo es. Es una sucesión de estados de espíritu, porque es de todos, pero hay una Macarena en cada uno de los ojos que la miran. Por eso el artista la podía haber pintado no cuatro sino cuarenta veces cuatro. “La esperanza es la vida misma defendiéndose” decía Cortázar. La serie del cartel de Manolo Cuervo es Sevilla misma defendiéndose. Es la alegría de vivir. Es la imagen que une y que todo el mundo entiende. La que podríamos ver con los ojos cerrados. Al alcance de todos. Por eso es la más Pop, se podría serializar hasta la saciedad como los iconos pop de Andy Warholl, se podría desvestir de toda formalidad como en el expresionismo de Robert Rauschenberg.

Sketches of Spain / MANOLO CUERVO

Y la Macarena seguiría ahí, en esa perfecta armonía de todos los colores que caben en paleta alguna. Y en su pecho, el nombre de Sevilla. Como perfecto conocedor de las grafías de cartel, el artista ha optado por una letra que significa mucho para los que tienen una edad. El nombre de Sevilla, el nombre de la Esperanza, parece estar escrito con una máquina de escribir. Suena a décadas pasadas. En cada una de esas letras había que pulsar, acertar y hacer fuerza. Así quedaba grabado en el papel. Así queda el nombre de Sevilla grabado en el corazón multicolor de la Virgen, no es preciso decir más nombres.

Lolita / MANOLO CUERVO

Junto a la Macarena, suena el jazz. Es Miles Davis el que toca un solo dedicado a España, a la que dedicó un disco y hasta una saeta. Pero el sonido llega a la Virgen de la Hiniesta, el Ave fénix de las Vírgenes sevillanas. El visitante se hace joven y se cree en la Sevilla del año 1985. Cita en Sevilla. En un solar de albero, tras una fachada monumental en ruina, se abre el vacío. Metáfora de una ciudad que aparenta una cosa y por dentro es otra. Aquel año sonó la trompeta de Miles Davis en aquel albero de la Maestranza: antes de las óperas distinguidas, los acogidos por Mañara escucharon el solo de una trompeta. Años de color en los carteles de un siempre joven Manolo Cuervo. De color y del calor que pregonaba la escuela de un nuevo grupo musical, los Radio Futura que estrenaban su disco la ley del mar, la ley del desierto. Ardía la calle al sol de poniente como hicieron arder a la Hiniesta en dos ocasiones. Muchos años después, Manolo Cuervo resucita aquel sol de la juventud y funde el jazz, el azul plata, Miles Davis y a la Dolorosa de San Julián en un único lienzo. O en un único sonido. Si la Macarena es la más Pop, la Hiniesta es el alma en azul de un barrio. Ya la pintó en gran cartel tan de barrio que llegó a tener los cuchillos de la cocina en el corazón de plata de la Virgen. Azul y plata. De frente, de perfil o cuando nos da la espalda su paso de palio, como daba la espalda Miles Davis a su público, aunque estuviera ofreciendo lo mejor de sí mismo. Por eso los palios se ven hasta que se pierde su silueta, porque la melodía sigue sonando.

Vista de una sala de la exposició ADN / MANOLO CUERVO

La melodía de la exposición de Manolo Cuervo sigue en un espacio tan pop como barroco. El artista es mucho más que una simple etiqueta artística. Creó con su cartelería buena parte de la imagen de modernidad de Sevilla durante décadas, desde los ya lejanos años ochenta, pero muchos los siguen viendo como un moderno. ¿Qué será eso de la modernidad? Otros lo conocieron en las series de CSI, viendo sus cuadros en los escenarios del crimen. Sí, él es internacional, pero como no vive en Madrid no le rendimos el culto que la capital brinda a sus vecinos. Redescubierto por la hermandad de la Hiniesta y por la hermandad de la Macarena. Gracias Manolo Grosso, gracias Ricardo. Y ahora a Jerez, otro artista tras Daroal o Díaz Arnido.

Belmonte junto a la Macarena / MANOLO CUERVO

Y aquí sin tomar nota. Manolo Cuervo es el creador de toda una interpretación de la ciudad que chorrea colores por sus poros y que se sintetiza en las siguientes salas de la exposición. Una explosión de color por la que desfila toda una cofradía de iconos en el imaginario del artista: la Lolita de Kubrick, la sentida Amy Winehouse, la deseada Eva Herzigova, el misterioso Joseph Beuys, el visionario Valle Inclán, o el llorón de Calimero. Todos merecen una mirada, una mirada indiscreta, como si fuéramos James Stewart en la película de Alfred Hitchcock. Una mirada llena de color, de expresión, de sugerencias. Un escenario envolvente donde cada pieza tiene su personalidad, no es un bar neobarroco, es el pop informal donde todos tenemos los quince minutos de gloria que pedía Andy Warholl. Un visionario. Como Manolo cuervo. En su collage final, vuelven los símbolos de la ciudad. De nuevo Cita en Sevilla, y el Jazz, y Beuys, y el Hamlet del Teatro Clásico, y la seriedad de Belmonte, y los carteles de nuevos creadores… Y la Macarena. Porque, nueva metáfora de la ciudad, si hay un símbolo de los tiempos de la devoción sevillana son esos palimpsestos de carteles anunciando cultos en la puerta de una iglesia, carteles, grafías, colores…un collage de imágenes superpuestas que marcan el tiempo sin tiempo de la ciudad. Y sobre ellas, de nuevo la Esperanza. Hasta tres veces. Pixelada hasta el límite, pero siempre visible con los ojos cerrados. Lo esencial es invisible a los ojos. Todo lo demás pasa, pero ella siempre se queda. La obra de Manolo Cuervo, también.

Collage final / MANOLO CUERVO

La mirada a la Macarena / MANOLO CUERVO

La mirada indiscreta / MANOLO CUERVO

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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