Bautismo de Cristo en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

PATRIMONIO

Martínez Montañés recupera el color en la iglesia de la Anunciación

Las primeras imágenes en el fin de la restauración del retablo del Bautista que redescubre la talla de Montañés y la pintura de Juan de Uceda

Por  0:15 h.

Fotos: Javier Comas

Siendo abadesa del monasterio del Socorro doña Ana de Mendoza, el 20 de junio de 1620 se daba por terminado el retablo dedicado al Bautista realizado por Martínez Montañés y Juan de Uceda. Casi cuatrocientos años después, tras sobrevivir a desamortizaciones, a crisis, al paso del tiempo y a un traslado a la iglesia de la Anunciación, los trabajos de restauración de la obra llegan a su fin. Un proyecto iniciado con el estudio por el IAPH, y llevado a cabo por la Universidad de Sevilla, en el que se han empleado las más avanzadas técnicas de limpieza y restauración, redescubriendo la talla y la policromía de un retablo olvidado y oscurecido por el tiempo. Además, la intervención situará en su justo contexto la figura del policromador y autor de las tablas pictóricas, Juan de Uceda, pintor escasamente conocido y probablemente eclipsado por una gran pléyade de contemporáneos, desde Pacheco a Roelas, pasando por el joven Velázquez.

En los últimos meses, los visitantes de la antigua iglesia jesuita, hoy sede de la Universidad de Sevilla, han podido contemplar el oscurecido retablo cubierto por andamios y rodeado de lonas explicativas del proceso que se llevaba a cabo. Había que acabar con cuatro siglos de suciedad, rescatar policromías, acabar con oxidaciones y frenar el deterioro de las tablas pictóricas. Incluso eliminar una antigua pegatina de Fray Leopoldo que llevaba años pegada sobre unas tablas del siglo XVII.

Detalle del rostro de Cristo en la escena central en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

Juan Aguilar, responsable del equipo de restauración, incide en que la calidad de la obra la adscribe por completo a la mano del maestro de Alcalá la Real, siendo difícil señalar la presencia de otros autores. La otra gran aportación es el descubrimiento de Juan de Uceda. Según Aguilar “Uceda es un policromador de gran calidad, está completamente a la altura del tallista y no sólo eso, se descubre en las tablas pictóricas su notable categoría como pintor. A partir de ahora los historiadores tendrán mayor capacidad de análisis del pintor Juan de Uceda”.  Para contextualizar el trabajo de ambos, es significativo el dato de la equiparación en el precio de la talla y la pintura del retablo: Montañés tasó la arquitectura y la escultura en 1.775 ducados, la misma cifra que cobraría Uceda por las escenas pictóricas y la policromía general, una igualdad significativa en un tiempo en el que llegó a ser muy polémica la distinción gremial entre pintura y talla, con rígidas normativas que marcaban los límites de cada autor y con una vertiente intelectual que incidía en la polémica sobre cual de las dos artes tenía la preeminencia.

Sorprendente detalle del cuerpo de Jesús en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El retablo de la Anunciación, realizado en la década de 1610-20, es coetáneo a algunas de las grandes obras de Montañés, como el retablo principal de san Isidoro del Campo, considerado obra cumbre de la retablística española. Para Aguilar, el retablo del Bautista “está a la misma altura, el relieve central donde se representa la escena del Bautismo es una obra excelente, denota un gran número de horas de trabajo, entiende la perspectiva que se traduce en diferentes planos, multiplicados por la profundidad que da la policromía de Juan de Uceda. Cuando los restauradores se enfrentaron a la obra, descubrieron realmente una escenografía maravillosa”.

Cuatro restauradores han participado en unas tareas que han estado acompañadas, además, con un equipo de químicos, físicos, historiadores o fotógrafos. Una intervención total sobre un tipo de obra, el retablo, que en la ciudad quizás merezca un mayor reconocimiento y cuidado. “Aquí nos hemos sentido acompañados por los promotores de la obra, la Universidad de Sevilla, y por un amplio número de interesados y divulgadores que arropan el trabajo del restaurador”, explica el responsable de un equipo de restauración que afrontará, en los próximos meses, la gran tarea de restauración del retablo mayor de Consolación de Utrera, una obra grandiosa en un estado más que delicado.

Perspectiva de la escena de la Degollación del Bautista en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El retablo de San Juan Bautista fue comprado por el Estado en 1972 a las monjas concepcionistas de Santa María del Socorro, pasando a ser expuesto en un muro lateral de la iglesia de la Anunciación. Encajadas sus piezas, con una arquitectura basada en los tratadistas del Renacimiento como Andrea Palladio o los “Diez Libros de Arquitectura” de Alberti, no había sido intervenido desde entonces, y no consta que en sus siglos de estancia en el monasterio de la calle Socorro tuviera restauraciones de alcance. Eso hace más importante aún esta labor emprendida por el vicerrectorado de Patrimonio de la Universidad de Sevilla. Según explica Luis Méndez, vicerrector de Patrimonio, “el origen del proceso hay que remontarlo a tres años atrás, en este mandato se pensó como una prioridad la restauración del retablo y la intervención en la iglesia. El primer paso fue el informe previo en colaboración con Instituto Andaluz de Patrimonio, en el que se analizaron materiales, patologías y necesidades. A partir se ahí se sacó un concurso, ganado por Ágora, que ha llevado a cabo la restauración”. Una obra que se ha financiado con los fondos de la Universidad y que, según Méndez, flamante catedrático de Historia del Arte, “ha sido una intervención modélica, en un retablo que estaba en muy malas condiciones, que va a permitir rescatar una obra cumbre del patrimonio universitario y que supone un paso adelante en la rehabilitación de la propia iglesia. Era un retablo que siempre hemos conocido sucio y que ahora va a dar a conocer al mejor Montañés y a dar a conocer la valía del poco conocido Juan de Uceda”.

en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

A falta de últimos retoques, fotografías e informes, el retablo restaurado está a punto para su contemplación en septiembre. Llegan las vacaciones para el equipo restaurador tras la lona y el andamio que han cubierto durante los últimos meses la iglesia universitaria. Un templo de origen jesuita que, en pleno corazón de Sevilla, muestra la simplicidad de las plantas de la Compañía que estandarizó Jacopo Vignola y el color veneciano de las pinturas de Juan de Roelas; los santos Borja e Ignacio, también de Montañés o las tallas del retablo de la Inmaculada, con piezas del siglo XVI y XVII. Y frente al retablo del Bautista, una joya flamenca sobre tabla. Y el patrimonio de la hermandad del Valle, que tiene su sede en la iglesia universitaria. Y ahora, la luz, la de un nuevo Montañés que renace en un muro lateral como anticipo de la futura restauración de la más romana de las iglesias sevillanas.

San Juan Bautista preso en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El retablo del muro lateral derecho de la iglesia de la Anunciación fue contratado en 1610 por la comunidad de concepcionistas de Santa María del Socorro con el maestro de Alcalá la Real, estipulándose su realización en un plazo de año y medio. El profesor Hernández Díaz citaba como precedente el retablo concertado dos años antes por Montañés con el convento de la Concepción de Lima (1607), también dedicado a San Juan Bautista,  conjunto muy dañado por el paso del tiempo que se conserva en la Catedral de la capital peruana. Montañés realizó también otro retablo con la misma temática para Portobelo, lo que muestra la pujanza de las comunidades de Indias, que antecedían en muchas ocasiones a los encargos de la metrópoli.

Detalle del Nacimiento del Bautista en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

Sigue una constante habitual en muchos conventos sevillanos del Barroco, donde fueron habituales los retablos dedicados a los “Santos Juanes”, el Bautista y El Evangelista, que se solían situar en retablos pareados o compartiendo sitio en el retablo principal del templo, una presencia que todavía se mantiene en conventos como los de Madre de Dios, Santa Paula, San Leandro, Santa Ana o San Clemente, por citar algunos ejemplos.  Para la obra se empleó, según el contrato, madera de borne para la arquitectura y cedro para sus esculturas, optándose por una policromía mate y un dorado en “oro fino”. Un dato que sorprende, en tiempos de competencia entre gremios, es la equiparación en el precio de la talla y de la pintura: Montañés tasó la arquitectura y la escultura en 1.775 ducados, la misma cifra que cobraría el pintor Juan de Uceda por las escenas pictóricas y la policromía general. Uceda ya había colaborado con Francisco Pacheco en la policromía y las pinturas del retablo mayor del convento de San Diego de Sevilla y había encargado a Montañés la talla de un San Jerónimo para el convento de Santa Clara de Llerena. En 1607, Martínez Montañés había nombrado a Uceda como tasador de las esculturas que había ejecutado para el retablo de las Concepcionistas de la ciudad de Lima, precedente del retablo del Socorro.

Proceso de restauración del retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El retablo que nos ocupa debió realizarse al mismo tiempo que una de las grandes obras del taller de Martínez Montañés, el dedicado a San Jerónimo en el monasterio de San Isidoro del Campo, una obra cumbre que debió provocar el retraso en otras obras coetáneas: la inscripción de la parte superior de la obra data la finalización de la obra en 1620 “siendo la abadesa doña Ana de Mendoza el 22 de Junio”.

El retablo de San Juan Bautista es obra todavía tardorenacentista en su concepción arquitectónica, con evidentes influencias del conocimiento del taller de Montañés de tratadistas del Renacimiento como Andrea Palladio, cuyas formas aparecen en el remate de la obra, y de “Los Diez Libros de Arquitectura” de León Batista Alberti, que sirve como modelo para la compartimentación de los cuerpos y las calles: un gran arco de triunfo enmarca a un retablo interior de dos cuerpos y tres calles organizadas mediante columnas dóricas y corintias, con ático superior coronado con pináculos manieristas y tarjas que enmarcan la cruz de San Juan como emblema. n diseño estructural quizás algo tardío para la época, de hecho no podemos catalogarlo como barroco sino como obra manierista, que tiene un precedente claro en los retablos laterales del convento sevillano de Madre de Dios, obras del último cuarto del siglo XVI donde intervino Jerónimo Hernández. Como precedente sevillano habría que señalar el retablo también dedicado al Bautista que en los años iniciales del siglo encargaron las monjas cistercienses del monasterio sevillano de San Clemente al escultor Gaspar Núñez Delgado, obra en la que participarían también otros autores coetáneos como Francisco de Ocampo, correspondiendo al parte pictórica a Francisco Pacheco. 

Una de las pinturas recuperadas de Juan de Uceda en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

En el retablo que nos ocupa destaca especialmente su escena central, con un altorrelieve en el que San Juan Bautista vierte el agua del Jordán sobre Jesús, imagen que muestra las grafías, mirada, perfil de otros montañesinos como el San José de San Isidoro del Campo y Nuestro Padre Jesús de Pasión.

La misma actitud compositiva y los mismos rasgos estilísticos se aplican en uno de los relieves laterales, el que representa la escena de San Juan Bautista en la cárcel, composición resuelta con una diagonal barroca en la que se enmarcan un sayón y otros dos compañeros de celda, tallas que ocupan las zonas más bajas del retablo,  lo que podría justificar una mayor intervención de Montañés, ya que era habitual la participación de varios miembros del taller en obras de esta magnitud.

Últimos retoques de recuperación de la policromía en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El conjunto  presenta trece pinturas y nueve relieves con la historia de San Juan Bautista, con una composición que proviene de los libros de grabados de la época, que servían como auténticas cartillas de dibujo que se trasladaban a la madera o al lienzo y en donde se debieron emplear las mismas estampas que en el retablo precedente de Perú. La lectura de sus escenas se debe realizar desde la parte superior hacia la inferior, empezando por la escena de la Visitación, situada en el ático,  y finalizando con la de la Degollación del Bautista. En el interior se situarían las escenas de la infancia: el nacimiento de San Juan, en el eje del segundo cuerpo,  junto a la despedida de su familia (izquierda) y San Juan Bautista niño en el desierto (derecha).

Ultimando los trabajos en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

La vida adulta estaría representada el primer cuerpo, con el mencionado  altorrelieve del Bautismo de Cristo al centro y cuatro escenas en los laterales que corresponderían a la predicación, la presencia ante un peculiar Herodes muy alejado de la habitual iconografía de la Semana Santa, el encarcelamiento y la degollación tras la mítica danza de Salomé.  En las escenas laterales se observa un tratamiento de miniatura y de menos profundidad en el relieve que no impide un tratamiento pormenorizado de cada uno de los personajes representado.

Equilibrada composición en la escena de la Predicación en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

Completan la obra las pinturas de Juan de Uceda, con escenas como la Aparición del ángel a Zacarías, la Predicación del Bautista, Salomé con la cabeza del Bautista y Traslado del cuerpo del Bautista,  el Niño Jesús y San Juanito, San Juan y los fariseos, Muerte de Santa Isabel y aparición de Dios Padre a San Juanito.

Un excelente retablo donde pudieron intervenir otros autores  de la época, habiéndose apuntado una posible participación de Francisco Villegas, Juan de Mesa o Francisco de Ocampo.

Detalle de uno de los Ángeles sedentes en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

El retablo se conservó en el monasterio de concepcionistas franciscanas de Santa María del Socorro de Sevilla hasta el año 1972, cuando fue vendido, en tiempo de necesidades económicas, al estado. Aunque el proyecto original contemplaba su traslado al Museo de Bellas Artes de Sevilla, finalmente pasó al patrimonio de la Universidad de Sevilla, siendo colocado en el muro lateral derecho de la iglesia de la Anunciación, donde permanece en la actualidad.

La elección del nombre de Juan en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

Minucioso detalle del paisaje en la escena de la infancia de San Juan en el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

Luis Méndez, vicerrector responsable del patrimonio de la Universidad supervisando el retablo de Martínez Montañés de la Anunciación / JAVIER COMAS

 

 

Manuel Jesús Roldán

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