Germán Álvarez Beigbeder

Medio siglo sin el compositor Germán Álvarez Beigbeder

En 2018, se cumple el 50 aniversario de la pérdida de uno de los grandes de la música

Por  1:02 h.

El próximo 11 de octubre se cumplirán las bodas de oro de la pérdida de una de las figuras más destacadas que ha dado la música en Jerez, Germán Álvarez Beigbeder. Un compositor que dejó un legado sobre todo en su tierra natal, al igual que en Cádiz.

Quizás sea una persona poco conocida fuera del ámbito de su ciudad, a pesar de la alta categoría que ha heredado a sus hijos, como sucede por ejemplo con Manuel Alejandro. Desde prácticamente su nacimiento tuvo una enorme vocación con la música, debido a que su madre era una gran pianista francesa.

Efectuó sus estudios primero en Jerez, en la Real Academia de Música San Isidoro de Jerez en las especialidades de solfeo y piano. Posteriormente se trasladó a Madrid, donde amplia sus estudios de armonía, contrapunto, fuga y dirección pasando por Roma hasta ostentar el título de Músico Mayor Militar. Álvarez Beigbeder estuvo destinado en África, en Ferrol y en la banda de la marina de San Fernando. Más adelante, en 1930 abandonaba el ejército para fundar la banda municipal de Jerez y nombrado Hijo Predilecto de Jerez en 1948.

Puede que su obra cumbre sea Cristo de la Expiración, una de las composiciones que llevan en su repertorio la mayoría de las bandas de música. La mayoría de sus marchas están dedicadas a las imágenes de Jerez, a la Virgen del Rosario, la patrona de Cádiz o Cristo del Cachorro, la única pieza musical que escribió para Sevilla, en concreto al Cristo de Ruiz de Gijón en 1956 o «Stabat Mater», que llegó a interpretarse en la Santa Iglesia Catedral de Sevilla.

A sus 18 años, en 1900, había realizado su primera marcha «Al Pie de la Cruz», hasta completar con casi una veintena. Sin duda, fue uno de los grandes creadores del estilo fúnebre, aunque en las últimas de sus marchas hay influencia del compositor sevillano López Farfán.

Existe una controversia acerca de los títulos de sus obras, al existir varios nombres y dedicatorias distintas de sus marchas a lo largo del tiempo. Debido a ello, existen incertidumbre sobre alguna de sus marchas, como sucede por ejemplo con «Corpus Christi» o con «Virgen de San Gil». Además, dejó obras sinfónicas, para piano, liricas, religiosas, pasodobles, himnos, marchas militares.

1900 Al pie de la Cruz

1905 Nuestra Señora de la Soledad

1906 Nuestra Señora del Rosario

1907 Desamparo

1907 Mater desconsolata

1907 Memoria eterna

1907 Nuestra Señora del Mayor Dolor

1910 El Santo Patrón

1920 Cantemos al Señor

1921 Cristo de la Expiración

1923 Reina del Carmelo

1924 Santa Teresa de Jesús

1947 Virgen del Valle

1949 Amargura

1956 Cristo del Cachorro

1963 Santa María de la Paz