Francisco Rodríguez Moreno, «el Mudo de Santa Ana», llamando al paso de las Tres Caídas

Obituario

Muere Francisco Rodríguez Moreno, el «Mudo de Santa Ana»

Eterno cancerbero de la catedral trianera, fue uno de los personajes más queridos y conocidos del barrio

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El barrio de Triana está de luto porque ha muerto uno de sus personajes más conocidos. Francisco Rodríguez Moreno,  el «Mudo de Santa Ana», ha fallecido este viernes a los 86 años de edad. Eterno sacristán de la catedral trianera, el Mudo se ganó el cariño de su barrio hasta el punto de que en la parroquia de Santa Ana, donde sirvió durante toda su vida, se colocó un busto con su cara en lo alto del coro. Lo talló el imaginero Enrique Lobo Lozano, que recibió el encargo de esculpir una imagen de San Pedro pero con el busto del Mudo, como una metáfora: «Igual que San Pedro posee las llaves del Cielo, El Mudo custodia las llaves del cielo de los trianeros con su labor de sacristán…».

Nació en la Cava en 1933, en el seno de una familia gitana que sufrió las penurias de la Guerra Civil ya que, al poco de nacer, el Mudo perdió a su padre, fusilado en la muralla de la Macarena. Tras los duros años del conflicto, a Francisco Rodríguez Moreno le acogieron en Santa Ana, donde realizó las labores de cancerbero.

Era mudo, de ahí su apelativo, pero eso no le impedía llamar cada Viernes Santo por la mañana al paso de su Virgen de la Esperanza. Sacaba la voz de sus entrañas para levantar a su devoción, a la que gritaba «guapa y guapa», dejando cada año momentos irrepetibles a las puertas de Santa Ana. Un azulejo en la calle Evangelista, en plena Cava de los Gitanos, reza: «En Triana, cuando Cristo se levanta de sus Tres Caídas y hace más alto el Altozano, los ciegos ven a Dios mismo en la esquina de Berrinche y los mudos hablan, proclamando la Suprema Gracia de su marinera Madre».

Su clásica imagen, vestido con el roquete y la cruz parroquial, quedará para siempre guardada en la memoria de Triana. Fue tanta su entrega y servicio a la Iglesia, que el arzobispo le impuso la medalla Pro Eclesia et Pontifice, la mayor distinción que le otorga la Santa Sede a los laicos.

El Mudo trabajó en Santa Ana hasta que su salud se lo permitió. Los últimos años de su vida los pasó en el asilo de la avenida de Coria. Hace sólo un año, fue la Virgen la que fue a buscarle cuando se cumplía el sexto centenario de su devoción. Cada año, la Esperanza echaba el ancla en Santa Ana y se obraba el milagro: el Mudo, hablaba. Y aquel mes de septiembre se fue a buscarle al Barrio León. Ya lo dijo Manuel Molina, otro trianero de raza: «Y en la iglesia de Santa Ana hay un mudo que no habla pero sabe decir “Triana”».

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla