Manuel Seco-Velasco Aguilar

OBITUARIO

Muere el orfebre Manuel Seco-Velasco Aguilar

Era la cuarta generación de una saga que hizo las coronas de vírgenes como las Angustias de los Gitanos o la Victoria de las Cigarreras

Por  12:27 h.

El orfebre Manuel Seco-Velasco Aguilar, académico de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, ha muerto este lunes en Sevilla a los 83 años de edad. Se trata la cuarta generación de una de las grandes sagas de la plata que ha dado la Semana Santa desde el siglo XIX.

La familia Seco-Velasco se inició con Manuel Seco Algaba (1850-1905), en la mitad del siglo XIX y continuándose hasta nuestros días. La segunda la componen los hermanos Manuel y Eduardo Seco Imberg (1875-1925), que tomaron el testigo de su padre, continuando con Manuel Seco Velasco  (1903-1991) con la tercera de las generaciones, a quien sucedieron generacionalmente Manuel, Antonio y Jerónimo Seco Aguilar como integrantes de la cuarta, para por último, formar la quinta Manuel José y Jerónimo Seco-Velasco Álvarez, ahora firma Seco-Velasco (Stvrmio).

El apellido Seco-Velasco tuvo mucha influencia en la edad de oro de la orfebrería, sobre todo, a principios del siglo XX con Manuel Seco Velasco (tercero en la saga) y Cayetano González.

Sin duda, Manuel Seco Velasco fue el gran maestro de los orfebres de prácticamente todo el siglo XX sevillano como hizo con Manuel Villarreal. Un apellido con cinco generaciones que cuenta con una calle en el Distrito Macarena en 2009, en concreto entre las calles Virgen de Gracia y la Carretera Carmona.

Esta saga, entre un gran listado de trabajos ha realizado la corona de la Virgen del Refugio, de la Hiniesta dolorosa, de la Virgen de la Victoria, de la Virgen de los Desamparados, de la Virgen de las Angustias de los Gitanos, de la Virgen de Loreto de San Isidoro, así como la orfebrería de su paso de palio (Domus Aurea). Elaboraron también parte de la candelería del paso la Soledad de San Lorenzo o los palios de la Amargura y la Macarena. Crearon también la corona, ráfaga, cetro de la Virgen del Rocío, la patrona de Almonte, además del techo, los varales, el pollero y los zapatos del Niño Jesús.