Diseño del nuevo manto de salida de la Virgen de Consolación / HDAD. SED

El nuevo manto de la Virgen de Consolación de La Sed se estrenará en «dos o tres años»

Por  1:24 h.

La hermandad de la Sed vive una de sus semanas más especiales de los últimos años. Inmersos en los actos centrales de su cincuenta aniversario fundacional, pone también la vista en su futuro más próximo: el estreno de la gran obra que concluya el paso de palio de la cofradía de Nervión: el manto de salida para la Virgen de la Consolación. 

«Ilusionante» para esta hermandad, como bien aclara a Pasión en Sevilla su hermano mayor Pepe Cataluña, La Sed baraja estrenar esta pieza «en dos o tres años», como ha asegurado a este medio el máximo dirigente de la entidad. Proyectado por el prestigioso diseñador malagueño Fernando Prini y ya en proceso de bordado en el taller sevillano de Charo Bernardino, ha recalcado que «el manto es algo muy deseado desde el principio y que solo por razones económicas ha hecho que su inicio se produjera a los casi cincuenta años de vida de la hermandad». Impedimentos que se unen a los trasiegos actuales de casas de hermandad «donde una de ellas sirve de almacén y ha hecho que gran parte de nuestro patrimonio sea inmobiliario». Hechos también que han venido provocados cuando «en un principio la hermandad tuvo que adquirir unos enseres de no mucha calidad para poder realizar la estación de penitencia». Por ello, «desde hace ya unos años el compromiso era el de realizar enseres de gran calidad en la medida de nuestras posilidades sin que esto perjudicara a las obras asistenciales, la vida de hermandad y el cuidado del patrimonio».  Ante esto, Cataluña asegura que «Se estrenará cuando se pueda y creo que puede ser en dos o tres años».

Realidad que se unirá a la del actual palio estrenado en 2012 bajo el diseño de Rafael Guerra en conjunto con David Calleja y bordado en los talleres de Bernardino. «Queremos que cuando se observe el manto se vea el cielo, “Tierra prometida a los cristianos”» y destaque su color celeste «que impregna a la hermandad desde sus orígenes, que vienen de nuestra parroquia y de nuestra titular, la Concepción Inmaculada. El azul de los ojos de Santa María de Consolación Madre de la Iglesia y de las túnicas primitivas que nunca llegaron a salir», finaliza Cataluña.

Diseño del nuevo manto de salida de la Virgen de Consolación / HDAD. SED

Una pieza cargada de símbolos

Llena de símbolos y con un diseñador innovador que, según el propio Fernando Prini quiso «supeditar toda la configuración del mismo a las premisas primordiales que me fueron solicitadas desde la hermandad. Iconográficamente, tenía muy claro el precepto central de trasladar a esta prenda la representación simbólica del Árbol de la Vida del Jardín del Edén, del que se extrajo la madera de la Verdadera Cruz de Cristo. La representación del mismo a través del arte cristiano es bastante primitiva -la encontramos en los mosaicos de las basílicas más antiguas, como en el ábside de San Clemente en Roma- y en distintos ejemplares artísticos se suele mostrar la cruz flanqueada de ramas laterales, profusamente desarrolladas, como símbolo de la Iglesia viva. Se trata siempre de figuraciones muy simétricas con un desarrollo axial, algo que se ha trasladado de forma natural a una ingente cantidad de piezas textiles en los ajuares de bordado de las hermandades y cofradías, y de forma muy especial en los mantos de procesión».

El manto que verá la luz en «dos o tres año» posee, según el proyectista «un esquema ornamental concebido a partir de esa premisa: Tanto en el espacio central como en los que lo circundan, he previsto varios ecos de esta iconografía, mediante representaciones fitomórficas resueltas en simetría que incluso remedan aspectos primitivistas de esta representación. Así, toda la superficie del manto actúa como remembranza de la Iglesia -Iglesia viva de Cristo-, cuya madre es María. Ella intuyó la íntima relación existente entre la consolación y la cruz, siendo intercesora y cobijando bajo su manto a toda la humanidad». Por ello, «como asunto paralelo y vertebrador, la representación central del manto es la del Árbol de Jesé, enraizando así en una tradición cristiana de profundo sentido teológico. El Árbol de Jesé es el árbol genealógico de Cristo, que comienza en el padre del rey David -Jesé- y culmina en su cúspide con la vara o virga que es María y en la que florece el retoño, que es Jesús. Yo soy la raíz y el retoño de David (Apocalipsis, 22:16). Son muchas y muy ricas las representaciones que la Historia del Arte nos ha proporcionado acerca de este trasunto bíblico, siendo la mayoría de ellas proclives a la composición de un árbol que nace de la figura recostada de Jesé para después presentar a otros insignes antepasados de Nuestro Señor, como David o Salomón, hasta llegar a la Virgen María. Estas muestras, nutridamente pobladas de personajes, se desarrollaron en el arte occidental a partir del siglo XI, primero en los libros miniados y posteriormente en pinturas, techumbres, vidrieras, relieves, arte mueble y textil». Ante esto, Prini recalca que «se hacía necesaria, por lo tanto, una revisión de esos postulados iconográficos, en la idea de perseguir un código mucho más simbólico o esquemático mediante el cual pudiésemos prescindir de figuras de medio bulto. En este sentido, ideé una versión estilizada del Árbol de Jesé, una composición simétrica y arborescente de resolución bastante más naturalista que el resto de elementos vegetales del manto. El árbol sería rematado por el anagrama mariano con una estrella en su centro, jalonado por el sol y la luna -Pulchra ut Luna, Electa ut Sole-, sobre el que se cierne una corona adornada de azucenas; así, este símbolo de la estirpe del Señor queda centrado como eje principal y acaba funcionando como leitmotiv».

De este modo,« todo el manto es una paráfrasis visual de la genealogía de María, y por tanto se convierte en alegoría de su papel como Madre de la Iglesia, segunda advocación de Santa María de Consolación». Fue Pablo VI quien, en el contexto del Concilio Vaticano II, proclamó a la Virgen con esta denominación, desde entonces defendida por los pontífices posteriores, si bien ya San Ambrosio de Milán la usaba desde el siglo IV. En su pronunciamiento, Pablo VI llamó a María Modelo de la Iglesia, en base a su fe, amor y plena unión con Cristo, su Hijo; después apeló a ella como Madre de la Iglesia, por el hecho de haber dado a luz a Jesús, cabeza del cuerpo místico que conforma su Iglesia. «En recuerdo de este hecho, el manto ostenta los símbolos heráldicos del sumo pontífice en las cartelas de las esquinas y en aquella otra en que desemboca la línea axial del manto, a saber: las tres flores de lis, las pequeñas montañas o colinas y la tiara con las llaves».

Primera puntada del nuevo manto de la Sed por el taller de Charo Bernardino / MIGUEL. A. FERNÁNDEZ

Primera puntada del nuevo manto de la Sed por el taller de Charo Bernardino / MIGUEL. A. FERNÁNDEZ

Composición

En cuanto a la composición, Prini describe que «huyendo de los clásicos esquemas a candelieri, he querido trazar un entramado de cenefas que de alguna forma dibujasen un esquema organizador para toda la superficie del manto, con la intención de que el entrecruzado de líneas proporcionase diferentes campos claramente delimitados y enmarcados. Esto posibilita, además, la idea presente desde el principio de combinar hasta dos tejidos diferentes en la superficie del manto, terciopelo y tisú de plata que proporcionarían sendas tonalidades de azul celeste. Esta composición en particular se basa en una estructura trilobular, que encuentra perfecto acomodo en la silueta del manto, con forma de ojiva. Podríamos encontrar en esta urdimbre reminiscencias de las tracerías góticas, en las que fueron frecuentes esquemas trilobulares por su fácil adscripción al arco apuntado. En este caso en particular, las cenefas -que no dejan de ser un eco de algunas soluciones aportadas en el palio- acaban resolviendo en el cruce de tres mandorlas mixtilíneas, donde se presenta la decoración más profusa; una suerte de triángulo abombado central, que enmarca el anagrama de María; y una línea circundante que parece asemejarse a una roseta».

Para bordear esa estructura, Prini ideó una guardilla -concebida para ser bordada en malla de oro fino y de perfil sinuoso- «de diseño menudo y preciosista, que acogiese hasta once cartelas en disposición de corbatas y que a su vez incluyen sendos motivos iconográficos. Para tres de esas cartelas, se reservaron las armas del Papa Pablo VI por los motivos ya mencionados, y han sido acompañados por respectivos haces de flores: azucenas, jazmines y margaritas(respectivamente, la pureza, limpieza y modestia que se atribuyen a María). En las ocho restantes se dispusieron, asimismo: trigo, cebada, vides, higos, granadas, olivas, dátiles y piña. Siete de esas especies se consideran los frutos de la tierra prometida (Deuteronomio 8:7, 8), así como la granada y la piña son también símbolo de la Iglesia. El resumen de esta simbología es María como tierra prometida, cielo prometido, ciudad, nueva Jerusalén (según dice el Magníficat); María es la tierra cuyo fruto es Jesucristo».

Así, la forma final del manto alcanzará unas dimensiones totales de 520 centímetros en la embocadura y de 480, en la cola.

Primeros bordados del manto de la Virgen de Consolación / HDAD. DE LA SED

Estilo del manto

«Como buena parte de la producción textil destinada a las cofradías y realizada a lo largo del siglo XX -y en los años transcurridos de la centuria presente-, podemos afirmar respecto a este manto que no se trata de una pieza de un estilo determinado. En base al legado del historicismo, el eclecticismo y el neo regionalismo, los artífices del bordado sevillano han creado insignes ejemplares de un estilo mixto con amplia diversidad de influencias, reunidas bajo la amalgama de composiciones simétricas y abigarradas», asegura el proyectista en su explicación.

Un manto que reinventa a «José del Olmo, su diseñadora Herminia Álvarez Udell o la maestra bordadora Concepción Fernández del Toro, además del omnipresente Cayetano González». En ellos, «he encontrado una parte de la inspiración, en la intención de alcanzar una prenda atemporal, a la par que perseguía la innovación en la composición. Los tallos y flores de mi dibujo aluden a ese carisma de bordado, pero también a una recreación de motivos grecorromanos y hasta andalusíes, por momentos. Así, podríamos decir que el manto que he diseñado para Santa María de Consolación Madre de la Iglesia reviste un clasicismo claramente reconocible y que a buen seguro encontrará asiento en la Semana Santa sevillana; y sin embargo, pretende ser una prenda con personalidad propia y distinguible del amplio y riquísimo panorama de las artes suntuarias», finaliza el proyectista.

 

Javier Comas

Javier Comas

Javier Comas

Últimas noticias deJavier Comas (Ver todo)