Sagrario Catedral de Sevilla, foto Antonio Sánchez Carrasco

ARTE

El rey Salomón en la Catedral de Sevilla

El tabernáculo-sagrario de la Catedral de Sevilla, una de las grandes obras de orfebrería de la ciudad, se anticipó en su diseño al esplendor de la columna salomónica barroca

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El rey Salomón envió a traer de Tiro a Hiram, hijo de una viuda de la tribu de Neftalí, cuyo padre era un hombre de Tiro, un artesano en bronce. El estaba lleno de sabiduría, inteligencia y experiencia para hacer todo el trabajo en bronce. El fue al rey Salomón e hizo toda su obra. Hiram modeló las dos columnas de bronce; cada columna tenía 18 codos de alto, y una circunferencia de 12 codos. Hizo también dos capiteles de bronce fundido, para que fuesen puestos sobre la parte superior de las columnas.

Sagrario Catedral de Sevilla, foto Antonio Sánchez Carrasco

Un capitel tenía 5 codos de alto, y el otro capitel también tenía 5 codos de alto. Los capiteles que estaban en la parte superior de las columnas tenían redes de trenzas en forma de cadenillas; siete para un capitel y siete para el otro capitel. Hizo las granadas en dos hileras alrededor de cada red, para cubrir los capiteles de la parte superior de las columnas. Lo mismo hizo para el otro capitel. Los capiteles que estaban sobre las columnas en el pórtico tenían forma de lirios, y eran de 4 codos. Los capiteles sobre las dos columnas tenían 200 granadas en dos hileras, encima de la parte abultada del capitel que estaba encima de la red, tanto en el primer capitel como en el segundo .Entonces erigió las columnas en el pórtico del templo. Cuando erigió la columna del sur, llamó su nombre Jaquín; y cuando erigió la columna del norte, llamó su nombre Boaz. Puso en la parte superior de las columnas un motivo de lirios. Así concluyó la obra de las columnas” (I Libro de los Reyes, 7, 15-22).

Codex Aureus, siglo IX, Rumanía

Es una tradición, basada en este texto del Antiguo Testamento, que el mítico templo de Salomón tenía dos grandes columnas de fuste retorcido en su vestíbulo, de nombre

Circuncisión de Jesús, por Giulio Romano, 1522, Museo del Louvre

Boaz y Jachi. Es el origen del diseño de la llamada columna salomónica, con unos restos que la tradición reubica en los muros de la basílica de san Pedro y que los libros de Historia del Arte ven renacer en el baldaquino que Bernini realizó para la basílica Vaticana en 1633, con apariciones en España en la Cartuja de Jerez, la iglesia del Buen Suceso de Madrid, la clerecía de Salamanca o en el retablo mayor del sevillano Hospital de la Caridad. Pero el origen y evolución de tan peculiar elemento sustentante es mucho más complejo y rico a lo largo del tiempo. Las columnas que ya existían en la antigua basílica paleocristiana de san Pedro, trasladadas según la tradición por el propio emperador Constantino, tuvieron antecedentes tanto e el mundo romano,  en las columnas que se enroscaban sobre sí mismas, como en el mundo bizantino, el arte asturiano, en la decoración de los códices de la Alta Edad Media o incluso la pintura gótica, donde estas columnas solían aparecer como elementos meramente decorativos.

Baldaquino de San Pedro, obra de Bernini

La pintura del Renacimiento recogerá el testigo de su representación en numerosas obras, desde Rafael Sanzio al Manierismo de Giulio Romano, una abundante presencia que se debe poner relación, a partir de 1562, con la publicación del tratado de Vignola titulado “Los cinco órdenes de la arquitectura”, publicación trascendental en cuyas páginas se explica, con dibujos en alzado y planta, las medidas para realizar una columna salomónica. El tratado se tradujo en España por el pintor Eugenio Caxés en 1593, su difusión debió ser trascendental para el encargo que en noviembre de ese año realizó el Cabildo de la Catedral de Sevilla al cordobés Francisco de Alfaro y Oña: el sagrario del altar mayor, que sería una reproducción en plata de las imágenes ideales del desaparecido templo que habían divulgado los humanistas del Renacimiento en sus tratados. Casi tres décadas antes del baldaquino de Bernini y casi ochenta años antes del retablo mayor del Hospital de la Santa Caridad, la columna salomónica llegaba a Sevilla.

Vignola, lámina correspondiente a la columna salomónica en su Tratado de Arquitectura

El encargo se entregó a la Catedral en febrero de 1596, siendo su precio de 74262 reales, correspondiendo 24406 reales a los 86 kilos de plata empleados y el resto a la mano de obra. Una obra fastuosa, de 109 cm de altura y 120 de ancho que llevaba a la plata los libros de arquitectura de Vignola y en el Emblematum Libellus de Andrea Alciato (1535), que incluía en su emblema XV, titulado Vigilancia y Constancia, una estructura arquitectónica que debió conocer Alfaro.

Altar mayor del Hospital de la Caridad obra de Pedro Roldán y de Bernardo Simón de Pineda

La obra se compone de dos templetes superpuestos: el superior representa al arca del propiciatorio con los serafines que la custodian; en la puerta del sagrario está representada la escena de la Caída del maná desde el cielo, apareciendo el Padre Eterno en el ático. En hornacinas, entre los intercolumnios que dejan las columnas salomónicas aparecen los profetas Zacarías, Ezequiel, Joel, Malaquías, Isaías y Jeremías, con clara inspiración en la terribilitá de Miguel Ángel, que ya había llegado a Sevilla en el crucificado de la Expiración del Museo y en la obra escultórica de los pioneros de la escuela sevillana de escultura. Todo el tabernáculo tiene una peculiar planta elíptica, ya anticipada en la Sevilla del Renacimiento en la sala capitular de la Catedral sevillana, y una estructura arquitectónica con cubrimiento de cúpula que tendría gran influencia en obras posteriores en Sevilla. A la novedad de las columnas salomónicas se suma el inicio de la práctica de conservar la Eucaristía en un tabernáculo metálico sobre el altar, hasta entonces se empleaba las arcas de madera, anticipándose a las disposiciones que en 1614 dictaría el Papa Paulo IV para las iglesias romanas.

Detalle retablo mayor hospital Caridad

Otras obras notables de Francisco de Alfaro fueron la espectacular custodia que se conserva en la parroquia de san Juan Bautista de Marchena, los dos atriles de plata con medallones que se conservan el mismo recinto catedralicio, diversas piezas para la iglesia de san Marcos de Jerez de la Frontera o un relicario para Montilla que acabaría acogiendo la reliquia de la Santa Espina en la custodia Chica de la Catedral de Sevilla. Alfaro se trasladó en 1600 a Toledo, donde dirigió la tesorería del cardenal Bernardo de Sandoval y Rojas, falleciendo en Valladolid en 1615. En Sevilla quedan sus columnas salomónicas como recuerdo del templo de Jerusalén en la Magna Hispalensis.

Detalle del Sagrario del Retablo Mayor de la Catedral / ANTONIO SÁNCHEZ CARRASCO

Detalle del Sagrario del Retablo Mayor de la Catedral / ANTONIO SÁNCHEZ CARRASCO

Detalle del Sagrario del Retablo Mayor de la Catedral / ANTONIO SÁNCHEZ CARRASCO

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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