La Esperanza Macarena, a principios del siglo XX

HISTORIA

Santa Macrina y el origen de la Macarena

¿Qué relación guarda el origen de la hermandad de la Macarena y esta particular santa?

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El pálpito piadoso de la Macarena está ligado históricamente aquí en Sevilla a una santa de la Iglesia de Oriente muy antigua: Macrina. Y quedó unida de tres formas distintas, de modo devocional, topográfico y estético. El propio origen de la hermandad de la Esperanza, como  corporación de gloria, arranca en el convento de San Basilio de la calle Relator, donde era venerada esta santa tan singular. Se llamaba así tanto la abuela como la hermana del santo titular del centro religioso, fundado el año 1593 por el comerciante griego asentado en Sevilla, Nicolao Triarchi. Puede que la ubicación del convento se fijase intencionadamente en la demarcación señalada por la tradición religiosa con Macrina. La toponimia rural de los campos cercanos a la Macarena dejó inmortalizada su memoria. Uno de los cordeles ha sido conocido, hasta no hace mucho, como el de Santa Macrina. Quizá en honor de algún ermitorio, basílica o viejo monasterio de los que existieron cerca de la urbe hispalense, antes de que los árabes ocupasen nuestras tierras. San Leandro, pilar de la Iglesia sevillana, con antelación a su acceso a la sede hispalense, como obispo, profesó en uno de ellos. También, su hermana Florentina llegó a ser abadesa de otro. Como pasó en el caso de las mártires hispanoromanas Justa y Rufina, el pueblo de Dios no olvidó el culto rendido a Macrina. La histórica relación de su nombre con el entorno rústico pudo haber motivado la consiguiente denominación del barrio. Por asimilación fonética, Macrina posiblemente terminase siendo Macarena, nombre que ya podría haber sido usado incluso en el periodo musulmán. A esto hay que añadir que la imagen de la santa, tallada en madera, y que tantos años estuvo venerándose junto a la Virgen de la Esperanza, también acabó influyendo en el diseño de la hermosísima dolorosa del Siglo de Oro sevillano.

La religiosidad popular sevillana encontró en el convento de San Basilio, durante una primera etapa, la cuna que sirvió de sede canónica para algunas cofradías penitenciales, como las de la Esperanza Macarena o la Cena. La primera se constituyó en 1595, mientras que la otra no llegó a establecerse en los basilios hasta el año 1621, una vez fusionada ya con la de la Humildad y Paciencia. No cabe duda de que los distintos centros benéficos asistenciales cercanos a su entorno, como los hospitales de San Lázaro y las Cinco Llagas, favorecieron la devota práctica de la penitencia y la caridad. Esta de la Esperanza realizó su primera salida procesional el Viernes Santo de 1624, aunque pronto pasaría a hacerlo de madrugada.

Imagen de Santa Macrina

Congregaba a un buen número de cofrades mayormente de la collación macarena, cuyo barrio era uno de los más poblados de aquella gran metrópolis todavía estrechamente entretejida al comercio colonial establecido con América y Flandes. El caserío de este arrabal tan cercano al río, que constituía una de las principales puertas de entrada de la ciudad, alternaba grandes casonas, propias de mercaderes y comerciantes importadores y exportadores de productos agropecuarios, con numerosísimos corrales y viviendas esparcidas por las huertas existentes al otro lado del arco.

Traslado a San Gil en 1653

Después de las mortíferas epidemias de pestilencias padecidas los años 1649 y 1650, se reactivaron muchas cofradías penitenciales. Pues bien, superado ya el medievo del siglo XVII se suscitaron algunas desavenencias con los frailes basilios y la hermandad pasó entonces a trasladarse a la parroquia de San Gil, en donde la autoridad eclesiástica dispensó acogerla mediante la aprobación de unas nuevas reglas, fechadas el 16 de enero de 1654. El desplazamiento se produjo tras experimentar ya un desbordante éxito devocional. No puede entenderse de otro modo. Fue entonces cuando su título devocional tornó al de «cofradía de la Injusta Sentencia de muerte que dieron a Cristo Nuestro Redentor y María Santísima de la Esperanza». Esta revisión pasionista trajo consigo la introducción de un nuevo orden procesional en el que tomarán parte los hermanos de sangre, disciplinándose, en medio de un cortejo formado por tres pasos: el de la Sentencia, Cristo Crucificado y la dolorosa. Resultaba atractivo el repertorio piadoso tan variadísimo de esta corporación religiosa para unos vecinos que vieron satisfechas y colmadas sus necesidades penitenciales del momento, al tiempo que se sentían atraídos por el sustrato popular de otros actos propios de la cofradía, como la escenificación pública de los sermones de Pasión o el concurso de los acompañantes «armados» del paso de la Sentencia. Se trataba de una entidad rica, a la que no le faltaba una sola insignia, gracias al poderío económico insuflado por las limosnas recaudadas entre las muchas huertas y distintos establecimientos comerciales cercanos al templo parroquial.

La Esperanza Macarena, a finales del siglo XIX

Ejecución de la Macarena

Gracias a las anotaciones extraídas de un libro de cuentas de esta cofradía, datado entre 1658 y 1692, que localizó el investigador Aurelio Álvarez Jusue en el fondo histórico del Archivo de la Audiencia Territorial de Sevilla y que hoy se encuentra en paradero desconocido, pueden sugerirse algunas pistas que podrían ayudarnos a precisar la fecha aproximada en la que pudieron haber sido realizadas sus imágenes titulares. Entre los gastos consignados por las importantes obras realizadas en la capilla obrada en la parroquial de San Gil, figuran algunos asientos concernientes al altar que la presidía. Los detalles contables desvelan que se bendijo con una gran fiesta, hacia 1690, y dejan entrever la intervención directa del maestro dorador Francisco Delgado. Este artista fue uno de los que trabajó con mayor asiduidad junto a los ensambladores Bernardo Simón de Pineda, Cristóbal Pérez y José de la Barrera. Es muy previsible que el altar lo realizase alguno de ellos. Estos retablistas no dudaban en adjudicar la imaginería a las mejores figuras del momento. El propio Bernardo Simón de Pineda reconoce en más de un contrato que el mejor imaginero de la Sevilla de aquel tiempo era Pedro Roldán. Precisamente, el retablo mayor de la iglesia “nueva” de la Misericordia de Sevilla contó con la intervención del maestro ensamblador Bernardo Simón de Pineda, entre 1668 y 1670, mientras que la policromía y dorado lo realizó Francisco Delgado. Ramillete de artistas entre quienes aparece también Pedro Roldán.

Imagen de Santa Macrina

Santa Macrina junto a la Esperanza

Tras la Revolución gloriosa de 1868 se cerró el colegio de San Basilio. Muy pocos años después pasaron a la parroquia de San Gil una imagen de San Basilio, de tamaño natural, y la de Santa Macrina, de bulto, también obrada en madera, que había estado en el testero colateral de la nave de la Epístola del templo de los basilios. La santa, de meritoria estampa, comparecía de pie sosteniendo un libro y otro atributo perdido. Cuando llegó a San Gil en 1870 se acomodó en un altar situado a la izquierda del mayor de la parroquia. El rostro de Santa Macrina constituye un indudable precedente formal de algunas dolorosas roldanianas, y guarda cierta impronta con el de Nuestra Señora de la Esperanza Macarena. Pero desgraciadamente, aquella santa pereció en los sucesos perpetrados al estallar la Guerra Civil en la parroquia de San Gil, en 1936. Hoy podemos recrear aquella disposición gracias a las fotografías conservadas por la fototeca del Laboratorio de Arte de la universidad hispalense.

La Esperanza Macarena, vestida por Rodríguez Ojeda

Fechas claves

•1595 Fundación en el convento de San Basilio

•1653 Traslado a la Parroquia de San Gil

•1690 Estreno de altar e imágenes titulares

•1720 Ampliación del altar y residencia momentánea en el Hospital de la Sangre

•1870 Traslado de Santa Macrina a San Gil

•1936 Destrucción de Santa Macrina en la Guerra Civil