CRÓNICA

El gran poder de los barrios en un Sábado de Pasión de contrastes

El derbi afectó a la Milagrosa, que sacó casi un tercio de nazarenos menos de lo previsto y tuvo que jugar con el reloj para no toparse con las aficiones

Por  1:08 h.

La ciudad vivió este Sábado de Pasión un día de contrastes. A la pasión de los cofrades en los barrios se le unió la de sevillistas y béticos. Los recorridos de cofradías como San José Obrero y, sobre todo, la Milagrosa, se llenaron de público vestido con las camisetas de los clubes sevillanos. El derbi se notó, sobre todo en Nervión, cuando la hermandad de la Milagrosa rondaba la zona de San Juan de Dios. La avenida de Eduardo Dato estaba cortada y repleta de policías nacionales. Los bares, repletos de aficionados y, al pasar la cofradía, como telón de fondo se escuchaban los cánticos de los sevillistas en la previa del partido. La cofradía, a eso de las 18.30 horas, intentó pasar cuanto antes por esa zona cercana al estadio Ramón Sánchez-Pizjuán, toda vez que los autobuses de ambos equipos y los aficionados béticos iban ya camino del campo. La cofradía de Ciudad Jardín soportó el constante ruido de helicópteros y, también, la pérdida de 80 nazarenos, lo que supuso casi un tercio del cortejo. Decían los responsables de la hermandad que muchos padres comunicaron que no iban a sacar a los niños.

Pero, más allá del derbi y su influencia, lo que puso de manifiesto fue el gran poder que tienen las cofradías del Sábado de Pasión en sus barrios. Gran Poder, como el que llenó de colas kilométricas la plaza de San Lorenzo y Conde de Barajas para el besamanos. El sevillano aprovechó la mañana para visitar los templos del Centro, con los pasos montados y, por la tarde, se desplazó a las periferias a disfrutar de las cofradías.

En el Este

Padre Pío salió pronto. Tiene un recorrido largo. El sol caía a plomo en la Ronda de la Doctora a las 15:05 horas, cuando la cruz de guía se puso en la calle. Calor, tanto, que afectó a un costalero del primer paso pero que no restó emoción al momento que esta humilde hermandad se esfuerza cada año en engrandecer: la salida. En el Cerro estaba la meta.

De la parte oriental de Sevilla salían tres cofradías. La segunda de ellas, el Divino Perdón. No es fácil sacar una hermandad por un entorno de torres altas como las del Parque Alcosa. El esfuerzo que hace cada año esta cofradía por darle dignidad a su estación de penitencia es ímprobo. La visita a la parroquia de los Desamparados fue el momento clave del recorrido. Poco a poco, pero con paso decidido, el Divino Perdón ya forma parte de esa estampa imborrable de cada Sábado de Pasión desde hace casi tres décadas.

El misterio de Torreblanca saliendo / JUAN FLORES

Donde sí hay ambiente, de día grande, es en Torreblanca. El «gran poder» de las vísperas tiene una fuerza devocional con mayúsculas. La cofradía es el nexo de unión del barrio, que se ha entregado a ella hasta tal punto que en los 25 años que lleva como hermandad de penitencia ha aumentado enormemente su patrimonio material y humano. El fervor que se vive en este barrio trabajador del extrarradio hay que vivirlo. En el misterio, este año, se estrenaba la agrupación musical Sentencia de Jerez, que sustituyó a Virgen de los Reyes. Sevilla ha abierto sus puertas de par en par a la música andaluza que, como esta banda, tienen un nivel a la altura de las grandes formaciones sevillanas. Lágrimas de emoción en los ojos de los vecinos en la plaza del Platanero cuando sonó «Anima Christi», de Marco Frisina.

Por la calle Arroyo el público no llenó las calles, aunque los balcones de los pisos cercanos a la parroquia estaban engalanados. Hacía calor, y el metro cuadrado de sombra estaba caro. Salía la hermandad, que crece cada año, con un ritmo alto. Como el año pasado, San José Obrero hizo estación de penitencia en el santuario de los Gitanos. Por ello, fue ya en la calle Verónica donde se vivieron los momentos de mayor aglomeración. Aquí, como en otras cofradías de las vísperas, es muy habitual que el imaginero que talló a los titulares las acompañe, paradigma de la juventud de estas cofradías. Fernando Aguado lo hizo con su magnífico Nazareno. La Virgen de los Dolores, opera prima de Álvarez Duarte, iba preciosa, aunque quizá a este palio le cabe algo más de movimiento. Los varales ni se movían.

Pero si hay una cofradía de vísperas que llena todas las calles por las que pasa es la Milagrosa. Es increíble el atractivo de esta cofradía que quiere llegar a la Catedral el año que viene, aunque sea un Sábado de Pasión y sin pasar por la Carrera Oficial. El paso de misterio es poderoso, tiene un estilo diferente, un «galeón» donde navega la Esperanza. Así fue un Sábado de Pasión de contrastes en Nervión. Verde Esperanza y rojo Pasión.