La Piedad de los Servitas saliendo de la capilla / JUAN FLORES

CRÓNICA

La Semana Santa resucita en Sábado Santo

En el día de la melancolía, volvió a salir el sol para poner el broche de oro a una Semana Santa agridulce

Por  3:49 h.

Salía el Cristo Yacente de los palcos mientras sonaba «Soleá dame la mano». Fue un himno a la melancolía en un Sábado Santo donde volvió a salir el sol, aunque de forma muy tímida, al menos para regalar a la ciudad un broche de oro a esta Semana Santa a medias. Porque, aunque la mayoría de las hermandades pudieron realizar su estación de penitencia, al cofrade se le ha quedado un regusto amargo después de un Jueves Santo roto en su primera parte y un Viernes Santo en blanco.

Quizá, por eso, la primera del Sábado Santo es el Sol, que vino a simbolizar una resurrección anticipada de la fiesta. Un día donde el cielo gris plomizo estuvo cubriendo la ciudad, una especie de manto fúnebre por lo no vivido. A Sevilla le arrancaron de cuajo las páginas centrales de su itinerario sentimental, salvando eso sí una Madrugada espléndida de cofradías y solitaria en las primeras horas de la noche.

La cofradía del Plantinar no tuvo dudas para ponerse en la calle. Un 30% es más que asumible en la Semana Santa. Esta hermandad atravesó en soledad las grandes avenidas que la conducen al Centro. De nuevo se vieron esas imágenes de nazarenos distanciados sin ningún abrigo del público. Esta cofradía lleva ya diez años yendo a la Catedral y, en todo este tiempo, pese al crecimiento patrimonial que se nota poco a poco, no se aprecia un crecimiento en el número de nazarenos. Ayer se contaron 125, 53 de ellos en el Cristo y 72 en la Virgen. Quizá sea porque radique en un barrio donde la simbiosis cofradía-vecindad es muy difícil: viviendas de estudiantes y muchas personas mayores. O quizá sea porque el estilo no haya cuajado. Personalidad tiene, eso es indudable, pero algo falla cuando año tras año el cortejo no crece. Y es que el hecho de llegar a la Carrera Oficial no tiene por qué venir aparejado de un crecimiento personal.

En los Servitas, la cofradía es un todo. El holismo aristotélico llevado a la máxima expresión. Es un cortejo fúnebre que invita a la oración. Cada cosa está en su sitio. El misterio de la Piedad es una de las grandes obras escultóricas de la Semana Santa. Y esto se ha visto completado en los últimos años con elementos que forman un conjunto armónico extraordinario. Esta cofradía es también de autor, como la anterior, con la diferencia de que en este caso sí ha logrado una aceptación general. Se marchaba el palio de la Virgen de la Soledad por Dueñas y la melodía final de «Siervos de tus Dolores» era un pellizco en el alma que despertaba la melancolía del final.

Por Santa Catalina venía el Decreto y, por fin, se escuchó a las Cigarreras. No tocaba desde el Martes Santo. Una auténtica bofetada musical a una banda que está en la cumbre junto con las Tres Caídas de Triana. Ésta última acompañaba al misterio de las Cinco Llagas, cuyo paso es portentoso y anda con el estilo Villanueva, a compás abierto sin perder el son. Ponce de León se llena de familias. En esas amplitudes se ve muy cómoda esta cofradía. Era media tarde y el cielo abandonaba poco a poco el color grisáceo. Aparecía la Virgen de la Esperanza. No cabe más belleza en un paso de palio. La Trinidad trajo la alegría que faltaba a la Semana Santa.

El sol ya está en el poniente justo cuando llega a la Carrera Oficial el Santo Entierro. Esta cofradía es mucho más que eso. Hay niños a los que les da miedo la Canina. Hay mayores que tienen ritos tan extraños como el de volverse al paso. Hay también quien se santigua. Hay quien no se levanta de su asiento. ¿Qué es la Canina? En ese paso está la gran verdad de nuestra fe. Es una llamada a la reflexión. Detrás viene Cristo Yacente en una urna a punto de resucitar. La muerte supera a la muerte. En ese tiempo en el que el Santo Entierro tarda en pasar, los niños se entretienen en adivinar las túnicas de las hermandades mientras que los mayores buscan caras conocidas en las representaciones. Y, casi sin darnos cuenta, entre el Duelo y la Soledad ya se ha hecho de noche. En los palcos el cielo se oscureció. Era la luz del final. La música para esta escena fue la de las sillas cerrándose. Todo estaba consumado.

Cuando sólo quedaba la Esperanza en la calle, en cada templo se leía el prefacio de Pascua: «En la muerte de Cristo nuestra muerte ha sido vencida y en su resurrección resucitamos todos». Se graban el alfa y la omega en el cirio en la liturgia del principio y el fin. Y se hizo la luz. De nuevo salió el sol. Feliz Pascua de Resurrección

 

 

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla