El Señor del Gran Poder por la plaza de San Lorenzo / JUAN FLORES

CRÓNICA

Sevilla se ausenta en una Madrugada sosegada y en calma

La meteorología dio un respiro en la Madrugada aunque el riesgo de lluvia al mediodía obligó a las cofradías a aligerar los regresos

Por  9:50 h.

«La ciudad está sosegada y en calma como corresponde a la festividad del día». La Ronda entre el Valle y Pasión anuncia que todo está listo para vivir la Madrugada. Esta liturgia de siglos cobra todo el sentido en estos tiempos en los que se han vivido episodios lamentables que han roto la normalidad de una noche que antaño era multitudinaria. Si ya el año pasado se notó menos público, en 2019 se ha confirmado que la ciudad ha claudicado y prefiere permanecer en casa hasta la llegada del alba. Este año, igualmente, se notó un enorme despliegue policial por las calles y, pese a ese control de seguridad, no se recuerda una Madrugada tan vacía, ni siquiera la noche gélida que se vivió en 2018 y en la que los partes meteorológicos eran hasta menos halagüeños. Salvo algunos puntos muy concretos como la Resolana, en la salida de la Macarena, o el Altozano, con la Esperanza de Triana, los huecos eran la tónica predominante allá por donde pasaba una cofradía.

La Madrugada se vivió sin ningún sobresalto. De hecho, fue la más tranquila de los últimos años. Sin embargo, esas ausencias de público manifiestan que aún hay cierta sugestión, este año incrementada por la inoportuna noticia de la detención de un presunto yihadista en cuyos planes estaba cometer un atentado durante la Semana Santa. Ese férreo control policial garantiza que todo discurra con normalidad y se disipen los miedos. Pero, por otro lado, hay muchos que huyen de estas incomodidades y prefieren no salir hasta el regreso de las cofradías.

Un ejemplo fue la salida de la Esperanza de Triana. La calle Pureza estuvo completamente aforada, tanto que parecía hasta más ancha de lo que realmente es. Se evitó, de esta forma, que se repitieran estampas como las del año pasado de grupos de personas acampadas desde bien temprano con un comportamiento poco acorde con la celebración. A este momento se le une el que se vive durante toda la Semana Santa en el Postigo. El despliegue policial llega a ser exagerado. Esta Madrugada, que apenas habría dos filas en los alrededores al paso del Señor del Gran Poder, en este punto estaban apostadas, como mucho, medio centenar de personas.

Esa masificación cualitativa, sobre todo en la Madrugada, ha obligado al cierre de la mayoría de bares, por lo que casi resulta imposible tomar un café durante la noche. Todos estos factores han hecho que la ciudad se ausente en el momento cumbre de su fiesta más importante.

El papel de las hermandades

En todo esto que está ocurriendo, poco pueden hacer las cofradías, más allá del cumplimiento de lo pactado. La Madrugada repetía la experiencia de 2018 y volvió a salir bien. En esta Semana Santa se ha puesto de manifiesto que, cuando las cofradías quieren, pueden. Y, si para ello tienen que poner a sus nazarenos de a cuatro, lo hacen sin reparos. El día acabó en la Campana con apenas 15 minutos de retraso, pecata minuta para lo que se ha llegado a vivir otros años.

Las estaciones de penitencia tienen como sentido fundamental dar público testimonio de fe, por lo que urge que la ciudad se plantee cómo recuperar su noche emblemática. Nada puede reprochársele a las cofradías, que hacen un esfuerzo ímprobo porque todo salga perfecto.

El principal punto crítico estaba en torno a las cinco de la mañana en la Puerta de Triana, con el cruce entre la Esperanza y el Gran Poder. Fue tal el esfuerzo de la cofradía trianera, que incluso liberó el paso con algunos minutos de adelanto, pese a que luego tuvo que quedarse comprimida hasta que terminaran de pasar la Macarena y el Calvario.

Desde que a la medianoche se abrieron las puertas de la basílica, todas las hermandades fueron decidiendo salir como un efecto dominó. El riesgo era leve, pese a las nubes. Cayó alguna gota muy aislada pero no afectó de ninguna manera al buen discurrir de las cofradías que, por otro lado, cumplieron casi a rajatabla sus horarios.

La salida de la Macarena fue una apoteosis. En estos tiempos en los que la saeta ha bajado el nivel, el cante de José de la Tomasa al Señor de la Sentencia retrotrajo a otros tiempos mejores. La Virgen, por su parte, iba radiante y una mecida más alegre y acompasada que años atrás gracias al arreglo de la parihuela. Pasaba la Virgen por la Resolana con sones de Marvizón y las caras del público eran el espejo del alma de la Esperanza. No cabían más lágrimas, piropos y rezos. Hasta una señora se metió detrás del manto con el crucifijo del cabecero de la cama.

En ese momento, en Triana salía el misterio de las Tres Caídas y la banda recordaba el centenario de «Amarguras» con los compases de Font de Anta. Este paso, al llegar a la Campana, volvió a levantar las mayores ovaciones, aunque uno echa en falta la interpretación de marchas más conocidas, que son las que más emoción despiertan. A la Virgen de la Esperanza le lanzaron pétalos por toda la calle O’Donnell. Minutos antes, dio una vuelta para el recuerdo en Rioja a los sones de «Valle de Sevilla».

Al Gran Poder, por su parte, se le podía acompañar perfectamente por el lateral desde que salió de la Catedral. Llamó la atención el poco público que había a su paso. La imagen era un cuadro: el Señor de Sevilla con el monumento a la Inmaculada y la luna de Parasceve en todo lo alto.

El Calvario, por su parte, volvió a repetir el recorrido íntimo por la zona del Museo, con el que ciertamente gana, sobre todo, por el tipo de público, más acorde a una cofradía de su estilo. Eso sí, la soledad en la que se vio envuelta esta hermandad fue dolorosa. Lo mismo le ocurrió al Silencio un año más por la Gavidia. Ambas hermandades son un ejemplo de compostura.

Y, por último, los Gitanos, que llegó a la Campana cuando despuntaba el alba a los sones de «La Saeta». Lo hizo imponente, con una túnica bordada que, mucho más allá de dotar o no de movimiento al Señor de la Salud, le dio una impronta nueva, que hizo que la imagen de Fenández Andés destacara aún más. Lo mismo ocurre con la Virgen de las Angustias desde que la viste Antonio Bejarano. No cabe más belleza en esa cara morena, más aún si cuando llega por el Duque con la noche ya vencida suena «Nazareno y gitano».

Regresos apresurados

La calma y el sosiego con l0s que transcurrió la noche no se alteró en ningún momento. Sin embargo, la meteorología anunciaba que el riesgo de precipitaciones subiría conforme avanzara la mañana. Eso hizo que la Esperanza de Triana acortara el recorrido de vuelta para entrar directamente por la calle Pureza, sin dar la vuelta por el barrio. La Macarena aceleró el ritmo para entrar en la basílica media hora antes de lo previsto.

Tras un Jueves Santo partido por la mitad por el granizo que cayó a media tarde, que dejó a mucha gente en casa, y también de Madrugada, el público sí salió de forma multitudinaria en la mañana del Viernes Santo.

La mañana le ha ganado la partida a la noche, a la que urge recuperar por el bien de la ciudad.

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla