Sevilla despide a la Virgen de los Reyes con el último beso

La crónica social del segundo besamanos de la Virgen de los Reyes

Por  2:24 h.

«Hasta el año que viene, si Dios quiere». Era la frase más repetida de cada sevillano que pasaba a besar la mano de la Virgen de los Reyes después de santiguarse y realizar una oración. Unas palabras en señal de acción de gracias, de haber sido fiel a la tradición de volver a estar cerca de su patrona. Nunca sabe uno que puede ocurrir, de ahí a que Dios es el único que sabe sí el año próximo volverá a repetirse este rito.

Las caras de los sevillanos reflejan la fe que existe con la Virgen. Casi cuarenta minutos antes comenzaba a formarse una cola en la avenida de la Constitución, a plena luz del sol, con más de cuarenta grados de temperatura. Desde ahí y hasta pasadas las once de la noche permaneció el besamanos abierto, «mientras hubiese una persona que quiera besar las manos de la Virgen, no se cierra», y así fue.

Una larga cola pasadas las ocho de la tarde alcanzaba la puerta del Perdón, llegando incluso a superarla durante unos minutos hasta prácticamente la esquina de la calle Alemanes con Placentines. A nadie le importó esperar hasta una hora y veinte minutos para tener a la Virgen de los Reyes pocos segundos frente a frente.

Esa es la devoción que propaga esta imagen desde el siglo XIII y continúa, heredada de los abuelos a los padres y a hijos durante cientos de generaciones. Familias enteras acudían para darle las gracias a esa Virgen que sonríe más que nunca, al igual que su Hijo cuando tienen de cerca a su pueblo.

A veces hay quién piensa que sólo hay afición por una banda, por un costal o simplemente ir a un culto a ver si algo está bien o mal puesto, pero el mejor de los ejemplos de que las imágenes están para repartir fe, devoción y acercar la religión está en la Virgen de los Reyes.

Lo muestran las caras, de quién se postra ante ella de rodillas, de quien derrama lágrimas, de otras religiones que acuden a besar sus manos y a hacer una ofrenda floral, del tiempo que aguantan de pie o de esas personas que rezan el rosario.

Cualquier gesto es imprescindible, ya sea pasar una estampa de las que Lolina tiene puesta en su mesa petitoria en la misma cola del besamanos o de llevar guardado un objeto personal cada uno para ser pasado por su manto.

Cada uno lo vive a su manera y eso la Virgen lo sabe, volviendo de nuevo a salir al encuentro de Sevilla, antes de regresar a su camarín, donde ahora esperará durante todo un año la visita de los sevillanos, tal y como quiso San Fernando para el pueblo.

Las caras de la Virgen de los Reyes / M. J. RODRÍGUEZ RECHI