El hogar de la Virgen de los Reyes
El hogar de la Virgen de los Reyes 20304

Sevilla, el hogar de la Virgen de los Reyes

La Patrona habita en el alma de la ciudad aunque sus huellas han quedado impresas en numerosos lugares

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La ciudad está en calma. Desierta. El calor del verano hace huir a los sevillanos que vuelven sólo por un día para reencontrarse con su devoción más íntima. Ocurre cada 15 de agosto. Mientras, la Patrona habita en el alma de la ciudad aunque sus huellas han quedado impresas en numerosos lugares. Es el reflejo de la Virgen de los Reyes en Sevilla.

Es una devoción diferente, apenas se exterioriza. Es íntima y callada, solemne. Como lo es la procesión que cada 15 de agosto hace regresar al exilio de las playas a miles y miles de sevillanos. La Virgen de los Reyes, a diferencia de la Macarena, el Gran Poder, la Esperanza de Triana o el Cachorro es de cada casa, la patrona de cada hogar. No hace falta visitarla.

Pero lejos de esa intimidad, la ciudad es fiel reflejo de esta devoción y está repleta de huellas que marcan que, en ese rincón, habita la Virgen que ocho siglos antes había conquistado Sevilla. Vidrieras, leyendas, lienzos y multitud de retablos cerámicos se encuentran repartidos en numerosos rincones de la capital hispalense y su provincia.

El historiador de arte, pregonero de las Glorias de 2009 y de la Semana Santa en 2013, Francisco Javier Segura Márquez, «asegura que la proliferación de estos azulejos a la Virgen de los Reyes se produce porque, de forma paralela, se industrializa este arte y crece la devoción a la patrona».

Y es que a lo largo del siglo XX, desde que en 1904 fuera coronada canónicamente, fue cogiendo un mayor arraigo hasta que, en 1946, el cardenal Segura la nombró Patrona principal de Sevilla y la Archidiócesis. Una archidiócesis que engloba a toda la provincia de Sevilla, por lo que es lógico que, además de por el éxodo de numerosos sevillanos al área metropolitana, en varios pueblos haya crecido también esta devoción y se palpe a través de los azulejos.

Gracias a la catalogación que el experto en este arte, Martín Carlos Palomo García, realiza en su web retabloceramico.net, se puede aprecia cómo la mayoría de los retablos cerámicos son a partir de la década de los 20.

Las huellas de la devoción

Desde el barrio de Santa Cruz a Triana o la Macarena. Multitud de azulejos se encuentran repartidos en cada uno de los rincones de la ciudad, algunos en las fachadas y otros en el interior de domicilios particulares o, incluso instituciones. Son los casos, por ejemplo, de la plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería, la sede de Cajasol en la plaza de San Francisco, el convento de las Hermanas de la Cruz o la sede del Distrito de Triana en San Jacinto.

Según recoge Martín Carlos Palomo García en un artículo publicado en el boletín de las cofradías en agosto del 2000, gracias a los azulejos se puede conocer cómo era la iconografía de la Virgen de los Reyes en diferentes centurias. Este historiador localiza un zócalo del convento de San Leandro un pequeño azulejo de la patrona, junto a otro de San Fernando, que podría ser el más antiguo de esta imagen, del siglo XVII.

En otro de los conventos, el de las Hermanas de la Cruz, se puede apreciar en el claustro otro retablo cerámico, de 1920. Y es que dos años después de la coronación de la Virgen, las Hermanas de la Cruz fueron nombradas camareras de la imagen.

Un azulejo, probablemente, que Santa Ángela de la Cruz pidió para su convento. Por otro lado, el interior de dos templos de la calle Feria existen representaciones de la patrona. En Omnium Sanctorum, junto al altar de la hermandad del Carmen Doloroso, hay un azulejo a mediados del siglo pasado y en la capilla sacramental de San Juan de la Palma un lienzo de alta calidad. Muy cerca, en la casa hermandad de la Sagrada Mortaja, existe otro azulejo.

El azulejo de la Virgen de los Reyes en la fachada del convento de la Encarnación / V. GÓMEZ

 

No son pocas las iglesias de Sevilla en las que se puede apreciar la iconografía de la Virgen de los Reyes. En San Esteban, una vidriera de la década de los años veinte donada por los condes de las Torres Sánchez-Dalp o en San Antonio Abad un pequeño lienzo de la época romántica, que aparecen recogidos en un artículo publicado en la web de Romualdo de Gelo en 2004.

En la Catedral, por ejemplo, Virgilio Marttoni pinto en 1893 un cuadro dedicado a María Luisa de Fernanda de Borbón, que se trata de un proyecto en andas procesionales de la Virgen y que está situado en la capilla Real. En el trascoro, un lienzo alegórico de la entrega de las llaves de la ciudad por el rey moro Axafat a San Fernando, pintado por Francisco Pacheco, y en el que, al lado de la Giralda, aparece una miniatura de la Virgen de los Reyes.

Aparte de los edificios religiosos, en la calle San Jacinto y en la plaza de San Francisco se pueden ver dos azulejos situados en el interior de la sede del distrito de Triana y en la de Cajasol, respectivamente. En el zaguán de esta última sede, antes audiencia de Sevilla, se aprecia uno de los más conocidos de la Virgen, de 1908 y que, según Palomo García, atestigua cómo creció la devoción a raíz de la coronación canónica de 1904. En el interior del distrito de Triana, por su parte, se puede ver otra alegoría de la Virgen de los Reyes, que aparece junto al Rey San Fernando y San Luis de Francia.

En el salón de actos del museo militar, en la plaza de España, se encuentra un azulejo que fue trasladado allí desde la fachada de un regimiento militar en la calle Marqués de Paradas, realizado en 1940.

Instituciones como el Ayuntamiento, la Iglesia, la Audiencia de Sevilla o el Ejército guardan estas huellas de la honda devoción a la Virgen de los Reyes, pero falta otra de las más representativas en la historia de la ciudad, como lo es la real Maestranza de Caballería, en cuya plaza de toros se encuentra otro retablo cerámico, en la antesala de la capilla, que fue trasladado allí desde la enfermería de la plaza tras la remodelación el pasado año.

Estos exvotos de la ciudad hacia la Virgen son más perceptibles en las fachadas de las casas. En el barrio de Santa Cruz, San Bernardo, Triana o la Macarena, sólo con un paseo se pueden apreciar multitud de azulejos particulares dedicados a la Virgen de los Reyes, algunos de ellos, como el de la fachada de la calle Demetrio de los Ríos, encargados por un milagro de la patrona, como la curación de un enfermo.

Pero sin duda, el más famoso de todos los retablos cerámicos es el que está situado en la fachada del convento de la Encarnación, en la misma plaza de la Virgen de los Reyes. Se trata de un exvoto de la ciudad por la finalización de la guerra civil y en el que se puede leer la leyenda «Sevilla agradecida a su Madre, Reina y Abogada».

Desde allí, en la plaza de la Alianza, en Rodrigo Caro, Guzmán el Bueno, Argote de Molina, García de Vinuesa o Real de la Carretería… un paseo para buscar las huellas de la Virgen de los Reyes. En la otra punta del casco histórico, Macasta, Socorro o Recaredo. Y en Triana, en la calle Pureza.

El Hogar Virgen de los Reyes / VANESSA GÓMEZ

La casa de acogida

Pero hay un lugar en Sevilla que lleva el nombre de la patrona y que, en un azulejo situado en el patio, se vincula la imagen de la Virgen de los Reyes y el lema de la ciudad de los Reyes y el lema de la ciudad «No&Do», que según una de las versiones, fue dicho por Fernando III al conquistar Sevilla, en alusión a la intercesión de la Virgen. Es el hogar «Virgen de los Reyes», una casa de acogida situada a Fray Isidoro de Sevilla, construida por el ayuntamiento originalmente como hospital y donde se atienden a personas sin hogar, ancianos, drogodependientes o inmigrantes y se realizan talleres de inserción laboral.

Probablemente, el lugar donde la huella de la Virgen de los Reyes es más necesaria. Mientras tanto, la ciudad espera tranquila a que, en poco más de un mes, se produzca ese reencuentro en la mañana del 15 de agosto. Tiempo suficiente para pensar en los tres deseos que se le pedirán a la Virgen cuando cruce el dintel de la puerta y cruce la plaza que lleva su nombre.

Como dice el himno, «tuyo, Señora, nuestro hogar».