Hace cuatro años las mujeres aceptaron un reto: sacar ellas solas el paso con la imagen de su patrona, la Virgen del Carmen / R. MAESTRE

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Sólo costaleras en El Palmar

Hace cuatro años las mujeres aceptaron un reto: sacar ellas solas el paso con la imagen de su patrona, la Virgen del Carmen

Por  0:10 h.

Todo empezó como un reto hace cuatro años. Los hermanos de la iglesia de El Palmar de Troya —pronto se hará parroquia—, desafiaron a las mujeres que sacaban a la Virgen del Carmen en andas a hacerlo debajo de un paso. Y éstas, sin amilanarse un ápice, aceptaron. Son 28 costaleras, «más cuatro o cinco de relevo», apunta Isabel María Troya, la hermana mayor de esta pequeña cofradía que viene a romper moldes del papel de la mujer en las procesiones.

«Los lunes no podemos ensayar, estamos estrozaitas», señala Troya, más conocida en el pueblo como Porrilla. Ella explica que casi todas las costaleras trabajan y muchas lo hacen los fines de semana, como cocineras o camareras en las ferias de los pueblos, por lo que eligieron los martes.

Al caer la tarde, con las últimas luces del día, las hermanas costaleras se reúnen a la puerta de un garaje donde ahora se guarda el paso; antes estaba en la caseta municipal, pero vienen las fiestas y hubo que sacarlo de allí. Mientras las costaleras se fajan bien con riñoneras, Jesús Camargo Sánchez, el capataz, pormenoriza sobre la principal diferencia entre un paso llevado por hombres o por féminas: las trabajaderas. «Nosotros cargamos en la nuca, ellas en los hombros, por eso, debajo, verá que aquí no cruzan el paso, sino que van paralelas a los costados, las conocemos como utreranas, porque fue de donde vinieron», argumenta Camargo.

Enseguida cada costalera ocupa su puesto. Las más altas delante, las bajas detrás. Ellas mismas se han fabricado, en forma de herradura, su propio costal, hecho de goma espuma, para amortiguar los 22 kilos de peso que tendrán que soportar cada una sobre sus hombros en las dos horas aproximadas que durará la procesión del próximo 16 de julio cuando la Virgen marinera se pasee por el recién estrenado pueblo. El Palmar de Troya se segregó oficialmente de Utrera y con 2.300 habitantes aproximadamente, es ya oficialmente municipio independiente del Bajo Guadalquivir.

Su alcalde, Juan Carlos González García, se siente plenamente «orgulloso» de la procesión de mujeres costaleras: «Vienen gente de Las Cabezas, de Los Palacios, para verlas, es un espectáculo único». «Además —añade el joven regidor —, les acompaña una buena banda de música del Arahal».

El ensayo ha dado comienzo y principia el sonido de las alpargatas de esparto al rozar con el asfalto por la calle estrecha. Al llegar a la entrada del pueblo, donde se encuentra la iglesia de los años 70 que guarda las imágenes sagradas, los coches se paran y esperan. El municipio sevillano está acostumbrado a esto. El último ensayo cosiste en entrar y sacar el paso por la puerta lateral del templo, por la principal no cabe. La Iglesia, además, tiene los techos bajos y el calor se acumula porque ha estado cerrada durante el día. Alguien se percata de que han aparcado delante de la iglesia que obstaculiza el paso y como esto es una comunidad, enseguida saben de quién es el vehículo y llaman al dueño para que lo aparte.

«Hemos tenido problemas de reemplazo, algunas mujeres se han quedado embarazadas y no han podido participar», afirma el capataz. Que están al borde del colapso numérico lo constata también Isabel María, «si fallan dos o tres tenemos que tirar de las de relevo, con lo cual no hay cambios y sacaremos nosotras solas el paso». «Podríamos llamar a más mujeres de otros pueblos cercanos, pero nosotras queremos que sea un paso de El Palmar», sostiene Porrilla.

La franja de edad de las costaleras oscila entre la más joven, de dieciséis años (por debajo de esa edad el seguro obligatorio que le exige la Iglesia no es posible) y la mayor de 54. Ahora, el paso vestido con los faldones y con la imagen, roza los 800 kilos. Está casi desnudo de adornos porque la estructura compleja con las trabajaderas que suben y bajan para adaptarse a la altura de las costaleras se ha comido casi todo el presupuesto. «Se han añadido los candelabros hace poco y más adelante queremos dorar la madera que está en blanco», explica el capataz Camargo.

El ensayo empezó a las nueve y son casi las diez y media cuando ya está dentro del humilde templo. La luna ha hecho su aparición. A unos quinientos metros se encuentra toda la pompa de la Sede de la Santa Iglesia Palmariana, donde los carmelitas de la Santa Faz dicen que está el «verdadero Papa», Pedro III. A las siete cierra. Sólo dejan pasar al interior del recinto a los que «están bien vestidos».