Manuel Peña y Manuel Martín Nieto trabajan en conjunto sobre una imagen / JORGE CABRERA

REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

El taller de imaginería en el que se trabaja como en el Siglo de Oro

En el taller de Martín Nieto se ha vuelto al siglo XVII. O al medievo. El policromador y no el escultor es el que se hace cargo de la decoración de las imágenes. El artista encargado es Manuel Peña un experto en las artes decorativas.

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El imaginero no policromaba sus imágenes. La normativa de los gremios era estricta en la competencia de cada uno de los oficios; el imaginero tallaba y el pintor pintaba. Pacheco, Valdés Leál y probablemente Murillo y Velázquez tuvieron que encargarse en su día de dar color a la obra para que la madera se tornara carne. En el siglo XX la norma laboral quedó diluida en la dinámica de los nuevos talleres. Aunque Castillo Lastrucci tuviera sus policromadores o genios como Ortega Brú contara puntualmente con la colaboración de un pintor, lo habitual era y es que el imaginero talle y pinte.

En Morón de la Frontera, en el taller de Manuel Martín Nieto pasea una gata que el imaginero bautizó como Roldana, pero al no responder al nombre la renombraron como Kitti.  Aquí, en la parte más alta de la población se ha vuelto a trabajar como hace cuatro siglos.  En verano de 2016 el escultor llamó a Manuel Peña, artista plástico que se caracteriza por el estofado y la decoración en sus lienzos y tablas, para que le pintara la túnica de una imagen, el Cristo Peregrino que recoge sus vestiduras tras los azotes.  El resultado se pudo comprobar en una exposición del imaginero en el Mercantil. Y causo asombro. Tanto el sudario como la túnica contenían un trabajo de estofado y pintura decorativa que aportaba un plus de calidad a la obra.

Los estofados se siguen realizando con técnicas que hunden sus raíces en el medievo / JORGE CABRERA

“Llegué  a la  conclusión – dice Martín Nieto- de  que  tenía que volver al siglo de oro y así me decidí a pedir colaboración a un grandísimo artista como es Manuel Peña, gran pintor especializado en decoración y estofados.  Reconozco que es la decisión más acertada que he tomado en mis años de profesión.  En este oficio ha habido y hay mucho hermetismo, y parece que poner tu obra en manos de un pintor es como si fuera rebajarse. La equivocación es brutal.” El imaginero de Morón tiene la tesis de que cuantos más artistas trabajan en la obra más valor cobran. De momento esta colaboración se circunscribe a las decoraciones de los paños y los sudarios que portan las imágenes de Cristo.  Las carnaciones, cálidas y muy conseguidas las sigue realizando Martín Nieto con su oficial Juan José Fernández.  

El Cristo Coronado de Espinas con el sudario estofado por Manuel Peña / JORGE CABRERA

Manuel Peña se ha instalado en Morón para este trabajo en el taller de Martín Nieto. Su trayectoria le avala en el oficio. Formado en Sevilla, Valencia y Roma es especialista en artes decorativas como bien lo plasma en sus trabajos pictóricos que han llegado a exponerse hasta en China.  Considera que la visión del pintor no es la misma que la del imaginero “Pienso que el pintor tiene conceptos muy diferentes del escultor en el dibujo, el color, la creación y composición o  las técnicas. Al ser su verdadero oficio diario lo defiende de otro modo.” Peña comenzó aportando su visión pictórica en la obra del escultor Juan Manuel Parra con los ángeles de la cruz de la calle del Pozo de Bonares y la Virgen del Sagrado Corazón  de Jerez de la Frontera. Otros imagineros como Lourdes Hernández o Antonio José Martínez (Madrid) han contado con él.  Llaman la atención no ya los motivos de los diseños sino los colores vivos que van desde la gama de los violetas a los azules, cárdenos o rosáceos, todos ellos trenzados con el pan de oro u oro líquido que se le aplica a la obra para que sirva de fondo y le aporte luminosidad.

Detalle del estofado del Cristo Coronado de Espinas de Martín Nieto / JORGE CABRERA

Aunque el imaginero contemporáneo suele ser un artista muy solitario que afronta todos y cada uno procesos de la creación, lo cierto es que en los grandes talleres, incluso los del siglo XX existían una serie de oficios que hoy no son frecuentes de encontrar.  “Muchos chavales que quieren entrar en este mundo – indica Martín Nieto- debían de pensar en ser encarnadores, decoradores, o expertos en relimpiar las obras de escultores. No hay buenos profesionales en los que puedas poner tu obra aunque yo a día de hoy tengo los mejores.”

El cristo Peregrino fue la primera obra que nació de la colaboración entre Martín Nieto y Manuel Peña / JORGE CABRERA

Manuel Peña cree que en su trabajo hay tres planos, los de la técnica, la composición y el cromatismo. La técnica es la misma que la del siglo XVII. El pintor elabora sus colores mediante pigmentos de tierra, diluyentes y aglutinantes. El término estofado proviene del italiano “stoffa” que hace referencia a la fina tela que se quiere representar pintada.  Para el trabajo se utiliza pintura al temple que es difícil para fundir tonos y colores.  El artista compone sus diseños de acuerdo con el imaginero. Y en tercer lugar –cromatismo- se buscan los colores adecuados para que la imagen brille. “Ese es – comenta Peña- el verdadero espíritu del pintor, el color , que en mi caso suele ser luminoso y llamativo, aportando una gran vistosidad a la simulación de ricos tejidos con un  sinfín de tonalidades. Siempre lo acompaño con oro de 22 kilates, ya sea en finas láminas o en líquido que artesanalmente elaboro al igual que lo hago en mi obra pictórica personal en la que el brillo de este rico metal siempre me ha acompañado.”

En este taller de Morón de la Frontera donde vive una gata a la que quisieron llamar Roldana, el trabajo de otros siglos ha llegado para quedarse. El policromador vuelve a brillar en el mundo de la imaginería.

Peña última la policromía de una de las imágenes / JORGE CABRERA