La Familia Real viendo la Macarena desde un balcón
La Familia Real viendo la Macarena desde un balcón

Toda la Familia Real en la Semana Santa de 1984

Por  17:51 h.
Los Reyes asistieron desde un balcón a la salida de la Macarena en la Semana Santa de 1984

La Semana Santa de 1984, alta en el calendario como lo es la de 2014, podría ser recordada especialmente a causa de un episodio tangencial a las cofradías, como fue el de la denominada “guerra de los chaqués” en la que se enzarzaron el PSOE, con mayoría absoluta en el Ayuntamiento, y el Grupo Popular, integrado en aquel tiempo por AP-PDP-UL.

En la primera Semana Santa con Manuel del Valle como alcalde, el PSOE, a través de Manuel Fernández Floranes, concejal delegado de Fiestas Mayores y costalero de San Esteban, excluyó a los populares de la presidencia de los palcos debido a que éstos querían que los capitulares vistieran chaqué, como era tradicional, a lo que se oponían los socialistas, partidarios del traje oscuro. Aquella Semana Santa, entre cofradía y cofradía, en el Ayuntamiento se sirvió un cóctel diario para los ediles socialistas, a cuenta por supuesto de las arcas municipales.

También se podría recordar la Semana Santa de 1984 por ser la del Año Santo de la Redención, jubilar celebración por la que la Hermandad del Beso de Judas dedicó su estación a todos los cofrades. Fue una Semana Santa con más de 15.000 nazarenos en las calles entre Domingo de Ramos y Lunes Santo, y 2.000 nazarenos con la Macarena en la Madrugada, y que pudo hallar hueco en el anaquel de la memoria por volver a verse por las calles de la ciudad a la imagen del Santísimo Cristo de la Buena Muerte de Los Estudiantes, convenientemente restaurada tras el desagradable accidente sufrido en marzo de 1983 durante un traslado. Como en restauración se hallaba el Cristo de la Salud carretero, sagrada imagen que salió casi totalmente remozada en su Barco del Carbón.

Y sin salir del Arenal, tal vez sería recordada la Semana Santa de hace 30 años por la transmisión en directo por TVE de la entrada del Baratillo, acaecimiento en el que José Luis Garrido Bustamante conoció de cerca el rostro de la ingratitud. O, quién sabe, por el fuerte calor, que provocó el agotamiento de muchos costaleros, y la ausencia de la lluvia

Pero no, la Semana Santa de 1984 alcanzó especial relieve por la presencia en Sevilla de la Familia Real española, singularidad que no se producía desde antes de la Guerra Civil.

Del aeropuerto al Ayuntamiento

Para esta visitade carácter privado, los Reyes, el Príncipe de Asturias y las Infantas Doña Elena y Doña Cristina aterrizaron en el aeropuerto de San Pablo pasadas las cinco y media de la tarde del Jueves Santo, 20 de abril, a bordo de dos “Mystere” de la Fuerza Aérea Española, viajando en uno de ellos por razones de seguridad Don Juan Carlos con las Infantas y en el otro Doña Sofía con Don Felipe. En el aeródromo fueron recibidos por el presidente de la Junta de Andalucía, José Rodríguez de la Borbolla, recién estrenado en el cargo; el delegado del Gobierno, Leocadio Marín; el segundo jefe del Mando Aéreo Táctico, general Lucio Recio Villegas, y el gobernador civil, Alfonso Garrido, así como por SS. AA. RR. Doña Margarita de Orleáns-Braganza y Doña Beatriz de Orleáns, acompañadas por sus hijos.

Tras la bienvenida, la Familia Real se trasladó hasta el Real Alcázar, su residencia cuando visita la ciudad, en un automóvil que condujo personalmente Don Juan Carlos. Al cabo de unos minutos de descanso, la regia comitiva se encaminó hasta el Ayuntamiento, a cuyas puertas fue recibida por el alcalde, Manuel del Valle, y una representación de la Corporación municipal. Los augustos visitantes llegaron a las Casas Consistoriales cuando por la plaza de San Francisco pasaba la Hermandad de las Cigarreras y desde los balcones de la Biblioteca Municipal, cuyas dependencias fueron adaptadas, presenciaron el discurrir de Las Cigarreras, Montesión y el Valle. Acompañaron a los Reyes y sus hijos el alcalde, el gobernador civil y el presidente del Consejo de Cofradías, José Carlos Campos Camacho, acompañados por sus respectivas esposas.

La Familia Real en los palcos viendo pasar Pasión en la Semana Santa de 1984

Pasa Pasión…

Cuando comenzó a desfilar procesionalmente la cofradía de Pasión, la Familia Real, por sugerencia del alcalde y el presidente del Consejo, bajó a los palcos, situándose en la presidencia municipal. Don Juan Carlos se sentó en el sillón central, flanqueado por Doña Sofía y el Príncipe de Asturias. Las Infantas presenciaron el discurrir de Pasión por la plaza tras la presidencia. Los Reyes y sus hijos pudieron admirar de cerca la portentosa imagen montañesina del Señor de Pasión sobre la extraordinaria canastilla de plata labrada por Cayetano González. La Virgen de la Merced lucía una saya donada por la madre del Rey, Doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona, confeccionada con su traje de novia. En los palcos cantaron saetas a Pasión Antoñita Moreno y Pepe Peregil. Por razones de seguridad, el Príncipe de Asturias no pudo vestir la túnica de nazareno, que se hallaba preparada en la hermandad, para hacer estación de penitencia con Pasión.

La Hermandad de Pasión está especialmente vinculada a la Familia Real española. Don Juan Carlos fue recibido como hermano en 1949 y estuvo acompañado por el entonces director espiritual y capellán real, José Sebastián y Bandarán, y su abuelo, el Infante Don Carlos de Borbón. La cofradía conserva la solicitud de ingreso. Además de Pasión, la Familia Real tiene vinculación con Las Cigarreras, cuyo paso de palio presidió Alfonso XIII en un par de ocasiones; Montesión, Macarena, Montserrat; Santo Entierro, de la que Don Juan Carlos es hermano mayor efectivo, y las Siete Palabras. De esta última cofradía, el hermano mayor, Luis Ochoa Jiménez, preparó un álbum de fotos para entregárselo a los Monarcas por ser hermano mayor honorario el Rey y camarera de honor de la Virgen de la Cabeza la Reina. Al Príncipe de Asturias, hermano efectivo, esta cofradía de la parroquia de San Vicente le remite cada año la correspondiente papeleta de sitio.

Si Luis Ochoa confeccionó un álbum de fotos para los Reyes, Antonio Burgos en su “Sevilla al día” del Jueves Santo presentó a Don Juan Carlos un literario, evocador y sevillanísimo “Álbum de familia para el Rey”, que así remató: “Comprenderéis, Señor, que álbumes así nunca os pueden presentar ni en Baqueira Beret ni en Mallorca. Pensad, Señor, que en Sevilla tenéis el más antiguo palacio real de Europa. Que Sevilla sea cada primavera capital de estos Reinos de las Españas, como lo era con vuestro augusto abuelo, es lo que, por voz de Sevilla, os pide su cronista.”

El saludo de los Armaos

En la Madrugada, la Familia Real presenció la salida de la Macarena desde el balcón de la basílica. Allí fueron recibidos por el hermano mayor, José González Reina. El misterio de la Sentencia se hallaba arriado en el atrio a las doce y media de la noche. A los Reyes y sus hijos les impresionó la Centuria Romana Macarena, cuyo veterano capitán, José López “El Pelao”, ordenó a los Armaos un “vista a la izquierda” para cumplimentar a Sus Majestades. Cuando el paso de misterio ya enfilaba hacia Resolana, los ilustres visitantes descansaron unos minutos en el despacho del hermano mayor, donde ante unos cuadros del Señor y la Señora de San Gil cantaron sendas saeta Paquita Gómez y Pepe Peregil. La Virgen de la Esperanza salió a las dos menos cuarto de la madrugada.

Tras las emociones junto al Arco, la Familia Real retornó al Ayuntamiento. Durante el desfile procesional del Gran Poder, los Reyes volvieron a presidir los palcos. A Don Juan Carlos y Doña Sofía les llamó mucho la atención la solicitud de la venia en silencio con la entrega de la petición por escrito y guardada en un sobre, que los Soberanos quisieron conservar.

Ante la Virgen de los Reyes

A la una y media de la tarde del Viernes Santo, los Reyes, el Príncipe y las Infantas visitaron la catedral, donde fueron recibidos en la Puerta de los Palos por el arzobispo y el Cabildo. En el trascoro, la Familia Real rezó ante el monumento eucarístico, y en el coro oyó unas variaciones de Juan Sebastián Bach y la Marcha Real interpretadas al órgano por el canónigo José Enrique Ayarra Jarné. El silencio del Viernes Santo en la catedral fue roto así en honor de los Monarcas, que seguidamente, y en unión de sus hijos, se postraron en la Capilla Real ante la Virgen de los Reyes, rezándose una salve a la Patrona de Sevilla y su Archidiócesis.

Sobre las tres de la tarde, la regia comitiva visitó a la Hermandad de la Esperanza de Triana en su capilla de los Marineros, donde fueron recibidos por el hermano mayor, Vicente Acosta Domínguez, quien invitó a los Monarcas para que presidieran los actos de la inmediata coronación canónica de la Virgen, prevista para el mes de junio. La esposa del hermano mayor hizo entrega a Doña Sofía de un ramo de orquídeas que habían exornado el palio. Por su parte, Ana Ruesga, camarera de la Esperanza, entregó a la Reina una de las velas rizadas. En la capilla de los Marineros, Pili del Castillo cantó una saeta ante los pasos del Señor de las Tres Caídas y la Esperanza. Poco después, Sus Majestades, acompañados por los duques de Alba, visitaron la iglesia de San Román, sede canónica de la Hermandad de los Gitanos.

La identificación de la Reina y las Infantas con Sevilla, algo que les viene directamente de familia, fue acreditada plenamente al lucir tanto Doña Sofía como Doña Elena y Doña Cristina la clásica mantilla española en la tarde del Viernes Santo. Nuevamente, la Familia Real siguió el paso de las cofradías de esa jornada desde la Biblioteca Municipal. Sin embargo, los Reyes volvieron a presidir los palcos al paso de la cofradía del Cachorro, uno de cuyos miembros de junta hizo entrega de un ramo de flores a Doña Sofía. Muchos de los nazarenitos del Cristo de la Expiración entregaron o lanzaron caramelos a la Familia Real. Se dio el caso de que un nazareno indicó a su hijo, también de túnica, que ofreciera un caramelo al Príncipe de Asturias. El pequeño se confundió y en lugar de entregárselo a Don Felipe se lo dio a uno de los municipales que, en traje de gala, hacían guardia ante la presidencia de los palcos. Sin duda, el pequeñín creyó más propio del Príncipe el vistoso atuendo de gala de la Policía Local. Tras pasar el Cachorro, la Familia Real abandonó el Ayuntamiento, lamentando los Reyes no presenciar el discurrir de la Hermandad de Montserrat, tan vinculada a sus antepasados los Montpensier.

Un nazareno del Cachorro entrega un ramo de flores a los Reyes en la Semana Santa de 1984

“Volver todos los años…”

Los Reyes, que como Príncipes ya vinieron a Sevilla en 1963 en su primera Semana Santa como casados, se interesaron muy vivamente por la labor de los artesanos que trabajan para la Semana Santa y los costaleros. De Sevilla, los Monarcas se llevaron, aparte el cariño de los sevillanos, un ejemplar de “Anales de las cofradías de Sevilla” de Juan Carrero, que les entregó el presidente de las Cofradías, Campos Camacho, con esta dedicatoria: “A SS. MM. Don Juan Carlos y Doña Sofía en recuerdo de su primera visita a Sevilla en Semana Santa como Reyes de España.”

A la mañana siguiente, Sábado Santo, la Familia Real abandonó Sevilla con destino Madrid en dos “Mystere” de la Fuerza Aérea Española. El primero, en el que viajaban los Reyes partió a las 10.35 horas, y el segundo, con el Príncipe de Asturias y las Infantas, cinco minutos después. Horas muy intensas, preñadas de hondas emociones, quedaron aleteando para siempre entre los recuerdos más íntimos. En la visita a la Los Gitanos, a la Reina, tras ser cumplimentada, alguien le había preguntado:

Majestad, ¿le gusta Semana Santa de Sevilla? ¿Volverá el año que viene?

—Si por mí fuese, volvería todos los años…

No te pierdas en este enlace la galería de fotos de la visita de los Reyes