Sagrada Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo / FOTO: Raúl Doblado

Sevilla y Amén

Todo o nada

Hoy es el día de la Resurrección del Señor, el día en el que todo empieza, y también es el día de la Maestranza de Sevilla

Por  3:40 h.

Hoy, cuando el Señor esté celebrando su Resurrección alzando una mata de romero entre sus manos por Santa Marina, dará un recital en Sevilla la muerte. Porque aquí las cosas son siempre blancas y negras a la vez. Nada se escribe por una sola cara. Hoy celebra la cristiandad el día más importante del calendario. Hoy es Domingo de Pascua. La fecha de la vida eterna. Hoy nos está regalando Dios su propia plenitud inabarcable, su patrimonio absoluto, su infinitud, después de una semana de tormentos. Hemos hecho nuestra estación de penitencia para llegar a su muerte y, justo cuando resucita, buscamos nosotros la nuestra en el Baratillo, como el Señor derrumbado en brazos de la Piedad que va a la enfermería. Dentro de unas horas, en la Real Maestranza de Caballería de Sevilla hará su representación pura la muerte. Y todo el oro barroco de las canastillas de los pasos vestirá de luces al torero. Hoy es el día más sevillano del año. El día del todo o la nada.

Este nazareno del Arenal pasa de largo por la Puerta del Príncipe de Parma, el primero de los caballeros maestrantes de la historia, sin darse cuenta de que cuando forme en el ruedo y los bajos de su túnica se manchen de albero estará haciendo otra penitencia esencial de la ciudad: descontar el tiempo de los clarines. Hoy están todas la gitanas dando romero en la Catedral al salir de la misa de Pascua porque en esas matas va la buenaventura. Va la salvación. Hoy acaba y empieza todo. Acaba la Semana en la que Sevilla existe. La única Semana del mundo. Se van siete días de gozos e incertidumbres, de soles y lluvias, de esplendor y de sufrimientos. Ha terminado el ciclo de la ciudad, que siempre va por el camino más corto y sin hablar con nadie, dejando atrás un sinfín de nostalgias. Ya todo es memoria, un recuerdo fugaz del diluvio del Jueves, de las lloviznas del Miércoles, del calor del Domingo abrasando la belleza, de la Humildad del Cerro del Águila por primera vez en la Campana, del orden reconstituido del Martes, del esplendor del Lunes, de la única Madrugada mayúscula del año, del Cachorro cansado de dolor sin haber salido, del besapiés de su agonía, de la canina, del terror de quienes pretendían hacer estallar lo que no son capaces de disfrutar…

Hoy se termina Sevilla. Y acaba también este rincón de palabras que he traído como una cruz, a veces con dolor, a veces con orgullo, hasta el día de la Resurrección del Señor. Hoy pasaré de largo por esa puerta, sin antifaz, y veré cómo embiste el tiempo, cómo la arena de la plaza es también la del reloj de la vida, cómo el redondel es una esfera en la que la sombra va marcando las horas del mundo. Un año más. Uno menos. Todo gira en este paraíso que está culminado por una veleta. Dar vueltas es el sino de esta ciudad que avanza siempre sobre su propio eje, que es esta Semana. Hoy abrá un paseíllo junto a la cruz del Baratillo y se abrirán llagas en las carnes de la negrura porque todo empieza de nuevo. El día de la Resurrección baila la muerte. Y el día en que en la Maestranza se muere, Cristo resucita. Ese es el sino pendular de este ensueño que hoy cambia lo negro por lo blanco o lo blanco por lo negro. El todo por la nada o, mejor dicho, la nada por el todo. Porque hoy no es la hora del adiós, sino del siempre. Hoy Sevilla se eterniza en el ruedo de la Vida. Hoy es Sevilla y amén en punto.

Alberto García Reyes

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