Rostro de Brazo de San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

PATRIMONIO

Un gigante en el Corpus

«Si del gran san Cristóbal hemos visto el retrato ese día la muerte no ha de darnos mal trato»

Por  0:15 h.

Procesión de Corpus del año 1598 en la ciudad de Sevilla. Reina, pocos meses le quedan su Católica Majestad, Felipe II. Imperio donde no se pone el sol, es Castilla, es Portugal, es los Algarves, es ultramar. Gremios, religiones, canónigos y autoridades ordenan las filas de la procesión más importante de la ciudad. Los danzantes están dispuestos y se ultiman retoques a la Tarasca. Papá Pando, tarasquillas y mojarrillas se acicalan, mientras se acaban de llenar los pellejos con los que atusar al público. Huele a romero de la sierra, a incienso de oriente y a sudores locales. Brilla el sol. Este año hay novedad, nada menos que una imagen nueva, la del santo que protege de la muerte súbita y que es método infalible para sanar el panadizo, esa maldita inflamación de los dedos de la mano. Por eso es nuestro abogado, parecen pensar al unísono Lucas, Gabriel, Diego y Luis. Son miembros del gremio de guanteros, de la collación del Salvador, y en este momento son los miembros más felices de un cortejo que echará a andar en breves momentos. Hasta el Cabildo les ha pagado la subvención que pidieron para poder pagar al Montañés. Van a salir a la calle acompañando al más grande de todos los santos. Aunque sea pura leyenda.

Los cuatro guanteros tienen un recuerdo común en este Corpus. El calor de la jornada les lleva a recordar el diecinueve de agosto del año pasado. Habían estado juntos en el taller de aquel arrogante escultor, el tal Montañés, hombre corpulento y hablador, más afable en el trato de lo que algunos les habían prevenido.

San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

«Mirad que es escultor con pasado de asesino»

A los guanteros no les importaba el pasado sino el presente. Aquel mozo que rondaba la treintena prometía ser uno de los grandes escultores del futuro. Eso confirmaron en aquel taller de la collación de la Magdalena. Allí pudieron comprobar su hábil modelado de Vírgenes y Niños, su profunda formación en temas de iconografía sagrada y sus ansias por encontrar la perfección en las trazas de los proyectos de retablos que se amontonaban por el taller. También una extraña mezcla entre un punto de soberbia y una afable cercanía. Del taller, a la escribanía. Estaban los documentos dispuestos y los cuatro guanteros de la calle Francos parecían sentir el hormigueo de estar encargando una obra para la posteridad. Así quedó escrito:

Niño Jesús de San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

«…por esta presente carta me obligo, de os hazer e dar fecho y acavado en perfisión de escultura

e pintura vna ymagen de San Xhristoval,

de madera de pino de Segura, con un Niño Jesús de lo propio.

Que la ymagen del dicho santo a de tener de alto nueve palmos

de vara y el Niño del tamaño que conviniera de forma que quede en proporsión,

puesto en el honbro izquierdo del dicho santo, con un árbol en la vna mano del

dicho santo. Y las dichas imágenes an de yr doradas y estofadas, y su peana, sobre que

esté puesto el dicho santo, de altura de medio palmo, pintada e dorada;

e todo ello bien fecho y acabado en perfecsión,

a vista y parecer de maestros que de ello sepan y entiendan. Poniendo

y que he de poner toda la costa que fuere

neçesaria, así de manufactura como todos los recaudos.

Brazo de San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

Y la dicha ymagen del santo a de yraocada

para que sea más ligera y de mejor obra.

Lo qual comensaré a hazer luego y os lo daré y entregaré acabado de aquí a prinsipio

del mes de mayo del año venidero de noventa e ocho. Por razón de lo qual he de

auer y me abéis de pagar ciento y diez ducados de a honze reales cada uno; a quenta

de los quales declaro que recibo de vos adelantados

ducientos reales, en reales de plata en presensia del escribano público e testigos yuso escritos, de cuya paga y entrego yo el presente escribano público doy fe…»

Contrato de San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

Gabriel, Lucas, Diego y Luis están felices. Todo se había cumplido en plazo y perfección. El Montañés entregó la obra en la fecha pactada y ellos habían pagado según lo acordado. Hoy es el día del disfrute por el compromiso cumplido. Aprietan sus sudorosas varas por el calor y la emoción del estreno. Miran hacia atrás antes de echar a andar. La talla es solemne, monumental, llena de piedad. Uno de los guanteros llega a acordarse de aquel Cristobalón de la entrada a la Catedral. Y hasta de la oración de las viejas del lugar que ahora musita:

Brazo de San Cristóbal de Martínez Montañés / FRAN SILVA

«San Cristobalito,

Manitas, patitas, carita de rosa,

Dame un novio, para mi niña,

Que la tengo mosa»

Arranca la procesión. Corpus Christi. Año 1598. Entre el público, un escultor corpulento siente la emoción del primer día. Pino de la Sierra de segura tallado y policromado. El santo gigante se ha echado a cuerpo a la calle.

Cruces parroquiales en la procesión del Corpus Christi

 

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

Manuel Jesús Roldán

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