Crónica

Un Domingo de Ramos con calor de adelanto y con cofradías de retraso

Las altas temperaturas marcaron un Domingo de Ramos que dejó una demora inexplicable en la carrera oficial y parones interminables

Por  4:05 h.

Ser como un niño. Eso es lo que nos propone el Domingo de Ramos desde que se abre la jornada con la procesión de las palmas. ¿No hay algo de candorosa inocencia infantil en esa ostentosa exhibición de ramitas de olivo y palmas curvilíneas desde la puerta de los templos? Ser como un niño. No, mejor: como una niña. Porque el primer nazareno de ayer Domingo de Ramos era niña. A las 10.37 –me bastó consultar la hora en el salpicadero del auto– me crucé con la primera nazarena, de nácar vestida camino de la parroquia de San Sebastián. ¿No hay algo de gozosa impaciencia infantil en esa nazarenita de la mano de su madre mucho antes de lo que dictan la regla de la hermandad y el sentido común?
Hacerse niño. Y corretear el pasillo de casa montados los dos hermanos en un triciclo con la palmita trenzada enhiesta y los deditos haciendo la V de Victoria como Jesús de Nazaret entraría por la Puerta Dorada de Jerusalén entre el jolgorio y las aclamaciones. María y Patricio representando en su ingenua imaginación la Borriquita con lo que tienen a mano en un piso a tiro de piedra de la Campana: he ahí el misterio de la Encarnación explicado según Sevilla. Ellos fueron ayer quienes pidieron la venia en el ánimo del cronista para llevar a los lectores de ABC cuanto ocurrió el Domingo de Ramos por las calles de la ciudad. Pero ténganme por loco o por payaso –el oficio más cercano a los niños– si les digo que nada de lo acontecido iguala en devoción y en fe asumida desde la cuna la broma de ambos hermanitos recreando la Entrada Triunfal en Jerusalén. Bendito sea Dios.
La Paz estrena el día
De modo que cuando se abrieron las puertas de la parroquia de San Sebastián, en el barrio del Porvenir, a la una menos cuarto de la tarde, todo parecía un juego de niños. Sol en lo alto, cielo azul sin nubes, calor sin pasarse, flores menudas en los paraísos de Río de la Plata y muchísimos nazarenos por salir.
Todo tenía el aire del estreno aunque este fuera tan luctuoso como el recuerdo de la cuadrilla al costalero Mon Rodríguez de la Borbolla. También la bandera nacional relucía ondeando en el mástil de Capitanía, en lo más alto de la Plaza de España. Junto a la fuente, un artista callejero llenaba la ría de pompas de jabón para delicia de los chiquillos mientras pasaba la Virgen de la Paz, con el palio moteado de amarillo y blanco (los colores vaticanos) por los pétalos que llovieron a la salida: perfecta metáfora del estreno porque las pompas estallan nada más hincharse de aire. Luego, cuando se abrieron las puertas en San Julián, el cielo azul Hiniesta se había aborregado con un estratos blancos muy altos que se sumaron al estreno.

Moreno se estrena
Quien se estrenó en el palquillo de toma de horas del Consejo de Cofradías fue el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno Bonilla, a la diestra del obispo auxiliar, monseñor Santiago Gómez Sierra, cuando la cruz de guía del Amor pasó ante ellos después de que la pequeña Mencía pidió la venia para pasar. En los micrófonos de Canal Sur, el presidente autonómico expresó el «inmenso honor» y otras carantoñas de palabra para la Semana Santa de los andaluces, que va a recorrer de punta a cabo hasta el Viernes Santo: «Yo creo que la mejor del mundo». No será por falta de participación: ayer más de doce mil nazarenos hicieron estación de penitencia a la Catedral. En Poznan, en Polonia, veinte mil personas componen la mayor representación teatral de la Pasión de Cristo. Sólo que en Sevilla no hay teatro.
Los dos hijos mayores del presidente Moreno –pendientes de recibir la comunión en su parroquia– iban en el cortejo de la Borriquita cuyo tránsito presidió desde el palquillo, acaso el lugar hacia el que convergían ayer todas las miradas por la extraordinaria complejidad de los horarios de una jornada ya comprimida de antiguo y que ha experimentado un crecimiento increíble.

Jesús Despojado, musical
En Molviedro, en lo que fue el antiguo compás de la Mancebía, había mucho público a las tres de la tarde para presenciar la salida del misterio del Despojo de Cristo y la Virgen de los Dolores y Misericordia. Dificultosa y trabajada que arrancó los aplausos del público numeroso. El paso de Jesús Despojado entró en la Campana a los sones de xilófonos, ese instrumento hace mucho tiempo proscrito en la carrera oficial y al que ya se levantó el veto. La banda Virgen de los Reyes hizo exhibición de música contemporánea y composiciones arriesgadas, de esas que dejan al cronista -y no solo al cronista- anonadado, incapaz de describir lo que escucha por respeto a los autores, a los intérpretes y sobre todo a los que las escuchan.
El día había empezado a acumular retraso. A las 17.19, la hora prevista para que la Paz comenzara a pasar por la Campana, todavía no había terminado de transitar el palio de Jesús Despojado.
La Cena reestrena templo
En la hermandad de la Cena, el estreno de la jornada era en realidad un reestreno: el del templo de los Terceros, esplendoroso después de la rehabilitación a la que se le ha sometido en los últimos meses. La Cena ha dado un magnífico ejemplo de que el mantenimiento de los templos también es competencia no solo del propietario sino del inquilino.
Quizá sea una lección de humildad más como la que derrama está cofradía por las calles de Sevilla. El Señor de la Humildad y Paciencia puede que sea la imagen más desvalida de la Semana Santa. El Cristo de la Vera Cruz, que le podría disputar el honor, es un crucificado y eso añade un plus del que está imagen, sentado sobre la peña negra este año con unas delicadas flores rojas abiertas como cálices eucaristicos, a sus pies, carece.
De lo que no carece está cofradía es de buen gusto y exquisitez como dejó a su paso la Virgen del Subterráneo.

La Hiniesta estrena campaña
Por si alguien no se acordaba, España está en campaña electoral. Aunque no parece que el gentío que inundaba el Centro a media tarde estuviera muy atento a este particular. La bulla —no hubo aglomeraciones que no se hubieran visto antes— estaba a lo que estaba. A los sones de Santa María Magdalena del Arahal tras el Cristo de la Buena Muerte, por ejemplo. La Hiniesta es cofradía «política». Entiéndase: aquella en cuyo cortejo figuran políticos en ejercicio del cargo, con chaqué, fajín y medalla capitular. El alcalde Espadas prodigaba sonrisas a diestra y siniestra, pero sobre todo a diestra, usted ya me entiende. El viernes de Dolores, en una entrevista en la Cope, el alcalde no pasó de confesar que sus devociones particulares se quedan en el anonimato. Como debe ser.
Lo que no debe ser es el retraso que poco a poco, y sin que se sepa muy bien por qué, fue acumulando la jornada. Cuando llegó la Hiniesta a la Campana, ya iba por un cuarto de hora.

San Roque sufre la demora
Y fue en aumento. Curiosamente, lo peor estaba fuera de la Carrera Oficial. San Roque se llevó la peor parte del «trenecito» que forma la Cena y la de la plaza de Carmen Benítez por la Cuesta del Rosario y la Alfalfa. Como la locomotora no tiraba, el furgón de cola fue acumulando retrasos que sufría San Roque.
El Señor de las Penas lucía una túnica lisa con mucho movimiento y borlones imposible de no fijarse en ellos para delicia de quienes valoran ese frufru del terciopelo por encima de cualquier otra consideración. Todo el calor concentrado a la salida se había disipado a la hora en que finalmente la cofradía alcanzó la Alfalfa.
La Estrella, 25 minutos tarde
Quien espera lo mucho, espera lo poco, dice el refrán. Y la Estrella pareció aplicárselo en su integridad. La hermandad sufrió un parón más que considerable, comprimida en la calle Rioja. Tuvo que esperar veinticinco minutos para entrar en la Campana, pero eso no es nada en comparación con los 43 años que han tenido que esperar para volver a poner un pie en San Jacinto. Será en mayo con motivo de las obras en la capilla.
La Estrella había corrido de lo lindo con todo el Altozano, Reyes Católicos y San Pablo expeditos hasta que se topó con el muro de San Roque, que también llevaba lo suyo demorado.

La Amargura y su centenario
A la hora en que salía la Virgen de la Amargura, todavía había luz natural. El cambio al horario de verano y lo alta que ha caído este año la Semana Santa han obrado esa estampa no insólita pero sí desacostumbrada. La Amargura estrenó centenario. Cien años de la marcha de los Font de Anta que es el himno sentimental de la Semana Santa. La hermandad lo quiso celebrar vistiendo todavía más guapa a la talla nariana. Y lo consiguió. La Amargura se lució enjoyada para la ocasión.

El Amor retrasa su salida
Pero los parones seguían y el Amor decidió tomarse un tiempo antes de comenzar la salida procesional de la segunda parte de su cortejo. Total, si les iba a tocar esperar en la calle, mejor hacerlo en casa aunque por muy espaciosa que sea la sede canónica, la espera se hace interminable para los nazarenos.
El Amor aguardó hasta las nueve y media para bajar la rampa del Salvador. Para entonces, el Domingo de Ramos había confirmado su mala fama de día complicado cuya reforma en profundidad está pidiendo a gritos. Ese será, tal vez, el estreno ineludible que toque el año que viene.