REVISTA PASIÓN EN SEVILLA

Una hermandad de prestigio: Los apasionantes últimos cien años de San Bernardo

El casticismo y la popularidad de un barrio que se formó a las afueras de la ciudad, en torno al trasiego comercial del Matadero, robustecieron el surgimiento de esta cofradía penitencial, fundada en el templo parroquial a mediados del siglo XVIII. Luego, a lo largo del XIX, contó con el empuje de célebres toreros como «Curro Cúchares».

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Esta hermandad se vio obligada a sustituir sus dos imágenes titulares después de que fuesen aniquiladas en los desgraciados acontecimientos de julio de 1936, al estallar la Guerra Civil. Contaban con un gran número de devotos. Pero a la vuelta de dos años, la hermandad había conseguido ya reemplazarlas, sin que mermara la entidad ni el renombre que atesoraba su corporación. Esta gran prestancia, la había adquirido la hermandad en los escasos dos siglos de historia que ya poseía, merced al propio barrio de San Bernardo. Varias realidades y potencialidades de su propio lugar de origen les habían otorgado un importante grado de popularidad a sus imágenes devocionales. Aunque, sobre todo, a la hermandad que realizaba estación de penitencia en Semana Santa.

San Bernardo era un arrabal muy populoso que había surgido a las afueras de las murallas de Sevilla. Contaba con una composición social bastante diversa y variada. Mayormente lo habitaban familias muy modestas, aunque también formaron parte de él otras de un mayor poder adquisitivo. Desde carniceros, fundidores, herreros, gitanos, artesanos y otros artistas como los toreros. Precisamente, en la década de 1870, la hermandad de San Bernardo consiguió alcanzar un importante auge, bajo el mandato del torero Francisco Arjona, popularmente más conocido como «Curro Cúchares», cuando fue su hermano mayor, tal como ha documentado nuestro apreciado investigador, don José María Lobo Almazán.

Antiguo paso gótico del Cristo, hacia 1908 / ARCHIVO DEIRÓ

Nació en la casa de unos muchachos esta hermandad que terminó estableciéndose en el templo parroquial del barrio. Desde este lugar de residencia canónica, fue convirtiéndose en una importante plataforma humana, que contribuyó mucho a la integración de un buen número de familias, cuya acción resultó enormemente útil para conseguir la cohesión social del vecindario.

Antigua imagen del Cristo de la Salud de San Bernardo, antes de la destrucción de la talla en 1936

Destrucción de imágenes en 1936

Padeció la pérdida de sus primeras imágenes en el ataque cometido contra la parroquia de San Bernardo por las milicias revolucionarias, el 18 de julio de 1936. Tras el asalto formaron un gran incendio, a las puertas de la iglesia, con la totalidad de las imágenes de la hermandad y del templo parroquial. Junto al Cristo de la Salud y María Santísima del Refugio, incendiaron también la María Magdalena y el San Juan Evangelista que formaban el calvario del altar de la hermandad en San Bernardo. El Crucificado quedó prácticamente destrozado. El día 19 de julio de 1936, volvieron a echar al fuego la cabeza del Cristo que no había quedado calcinada del todo. Apenas sobrevivieron varios fragmentos de la escultura. Un trozo de pierna y las manos, que la hermandad custodia como valiosa reliquia. Se trataba de un Crucificado de gran porte, tallado en madera, cuya obra podría datarse entre los años finales del siglo XVII o iniciales del XVIII. Recordemos que, en Semana Santa, hizo su primera estación penitencial a la Santa Iglesia Catedral en Miércoles Santo. Después de que se formase la hermandad en 1761, le aprobó sus primeras Reglas el cardenal Solís en 1764. Ya a finales del siglo XIX y durante las primeras décadas del XX, llevó en el primer paso la imagen secundaria de Santa María Magdalena a los pies del Cristo, hasta que fue retirada en 1928.

El paso de palio de la antigua Virgen del Refugio, antes de su destrucción en 1936, con suntuosos bordados de Rodríguez Ojeda

Virgen del Refugio

Los asaltantes sacaron fuera de la parroquia un buen número de imágenes y formaron una pira. Hicieron añicos la antigua Dolorosa que acompañaba al Cristo en el cortejo procesional. Todo esto en presencia de un buen número de vecinos que tuvieron que asistir, aterrorizados e impotentes, a aquella dantesca escena. Se ha conservado un pequeño trozo de madera calcinada, así como residuos de plata derretida de la corona y algún que otro resto de pedrería de la misma. Las piezas, forman hoy parte del mismo relicario en el que se guardan los restos del Cristo. Tras los desgraciados sucesos, la hermandad recibió cedida una Virgen con la mirada dirigida hacia el cielo, que había pertenecido a la Exaltación de Santa Catalina, de cuya corporación había sido titular entre 1913 y 1934. Pero aquélla nunca llegó a realizar estación de penitencia con esta hermandad. La actual Virgen del Refugio, realizada por el imaginero Sebastián Santos Rojas, se bendijo en el año 1939. La nueva Dolorosa no recrea la antigua, perdida en el incendio, pues trata de inspirarse en la Amargura.

Aunque el principal objeto de destrucción fueron las imágenes, se perdieron en el siniestro muchos de los bordados que había confeccionado para el palio el gran bordador, Juan Manuel Rodríguez Ojeda. Publicó Manuel Chaves Nogales en uno de sus reportajes sobre la Semana Santa de Sevilla, en plena República, que la Virgen del Refugio tenía fama en Sevilla con el gusto que iba ornamentada en su procesión. El techo de palio fue rasgado a cuchillazos, toda vez que no pudieron quitarlo del bastidor donde estaba puesto. El resto de enseres pertenecientes a la hermandad también fueron arrojados a la pira, a excepción del paso del Cristo que estaba en un almacén.

A la gran pérdida patrimonial se unieron los daños ocasionados sobre el fantástico lienzo del Juicio Final de Herrera el Viejo, también deshecho a punta de cuchillo.

Antiguo Cristo de la Salud de San Bernardo / FOTOTECA DE LA US

Actual Crucificado

Desde sus orígenes, el título devocional que tomó fue el de la Salud, bajo cuya advocación continuó venerándose el que vino a sustituirlo, en plena Guerra Civil. Tuvo el acierto esta hermandad de no hacer otro nuevo. Con buen criterio, introdujo un crucificado antiguo, de un gran mérito escultórico. El 12 de enero de 1938, el cardenal Segura decretó la cesión en depósito, a la de San Bernardo, de un Cristo crucificado, procedente de la Escuela de Cristo, que anteriormente había estado presidiendo la sala de juntas de la Escuela de la Natividad, en Santa Cruz.

Representa a Jesús muerto en el árbol de la cruz, encarnando el momento en el que acaba de morir. Es de gran estatura (1,75 metros), y pende del madero asido por tres clavos. Posee un rostro sereno y dulce, pese a la crueldad del martirio que representa. El pormenorizado tratamiento anatómico, las distintas soluciones estéticas del cabello o el sudario, así como el equilibrio compositivo del conjunto de la obra, han llevado a los expertos a datarla como producción escultórica correspondiente al último tercio del siglo XVII. Según las indagaciones del investigador Francisco Sánchez Castañer, que tuvo acceso a las actas de la Escuela de Cristo, la ejecución de esta imagen fue encargada el 17 de enero de 1669. Este crucificado que analizamos se asemeja al estilo del de la Salud, de la iglesia de San Miguel de Jerez de la Frontera. El de aquella ciudad está vinculado a la autoría de José de Arce, mientras que el de San Bernardo se circunscribe al quehacer de Andrés Cansino, maestro del escultor flamenco Arce. Hay un documento fechado en 1670, que expresa que el imaginero utrerano, Francisco Antonio Ruiz Gijón, se inspiró precisamente en el crucificado de la Escuela de Cristo para labrar otro que pasaría a venerarse en Arahal. No olvidemos que, en 1669, entró Ruiz Gijón como aprendiz en el taller de Cansino, con cuya viuda Teresa de León se casó el utrerano.

El Cristo de la Salud de San Bernardo por la calle Ancha / J. M. SERRANO

Sevilla Mariana. Recordemos que desde el seno de esta hermandad se solicitó al Ayuntamiento la inclusión, en el escudo municipal, de la leyenda «Muy Mariana». Esta solicitud, remitida por el que fuera su Hermano Mayor, don Antonio Filpo Rojas, se aprobó en la sesión plenaria celebrada, el 22 de noviembre de 1946. Desde aquel momento, luce en el blasón de la ciudad la significativa alusión al histórico culto profesado en Sevilla a María Santísima. En el año 1971, se conmemoró el 25º aniversario del acuerdo adoptado por el consistorio hispalense. Quedó testimoniada la memoria de esta iniciativa en una lápida conmemorativa, colocada en el patio de la casa parroquial, con motivo de la celebración de esta efeméride.