El Cristo de la Vera Cruz portado por los hermanos en la «bajada» / EMILIO L.V.

ALCALÁ DEL RÍO

Una madrugada de Mayo para la Vera Cruz de Alcalá del Río

A las doce de la noche comenzará la «subida» hasta su capilla de San Gregorio

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Desde principios del siglo diecinueve, la Hermandad de la Vera-Cruz de Alcalá del Río viene celebrando, como indican sus reglas para cada mes de mayo, sus cultos mayores: el Solemne Quinario al Santísimo Cristo de la Vera Cruz y la Función Principal de Instituto el Día de la Cruz. Durante cinco días, a una hora inusual -las diez de la noche- el templo parroquial se llena de hermanos, fieles y devotos para asistir al quinario, tan arraigado en esta localidad. Al finalizar, durante el domingo conocido como el «Día de la Cruz», tiene lugar la pública protestación de Fe de los hermanos en la Solemne Función Principal. Una santa misa muy singular por la altísima participación de fieles, donde las hermanas cruceras visten la tradicional mantilla blanca y el día concluye con la procesión de la Santa Cruz por las calles de la localidad.

Las primeras noticias de estos cultos explican que desde el año 1801 se hizo cargo de ellos la familia Rull, por las almas de algunos hermanos difuntos. Pero sería tras la muerte del torero, Antonio Reverte, en 1903, cuando estos ganan en asistencia. Reverte, reconocido matador de toros, era hermano mayor y benefactor de la Hermandad de la Vera Cruz. El empuje que este recordado hermano -cuyo aniversario de nacimiento conmemora la hermandad durante el presente año-, hizo que, con el devenir del tiempo y con ese espíritu renovador, en 1923 se propusiera algo insólito en la localidad: celebrar en la Santa Iglesia Parroquial los cultos de mayo, al tener más capacidad. Esta propuesta de traslado de la Ermita de San Gregorio, sede canónica de la hermandad, a la parroquia requería por tanto, que las imágenes fueran trasladadas.

Según el testimonio de algunos hermanos ancianos, durante los primeros años se trasladaban las imágenes sin procesión y de forma sigilosa y reservada, casi espontáneamente; pocos años más tarde se decide hacer los traslados de forma procesional, dada la creciente asistencia de devotos. Para la procesión de «Bajada», como se conoce este acto desde su origen, por el nivel descendiente entre la Capilla y la Iglesia Parroquial -así como para la «Subida» luego a la Ermita- se tuvo a bien efectuar en la más absoluta solemnidad, de madrugada, con el alumbrado público apagado, en riguroso silencio y bajo el más profundo recogimiento de la noche, tal y como se hacía en esos primeros años. Los hermanos podrían ir ahora acompañando a sus titulares, con cirios encendidos, en fila y en silencio. El Cristo sería llevado en brazos de tres hermanos, sin paso, emulando los más remotos orígenes cuando el Santísimo Cristo era portado por un sacerdote. Cerrando la procesión iría María Santísima de las Angustias incluyendo a las cientos de hermanas que forman fila portando cirio en una estampa conmovedora. La Virgen es portada en un pequeño paso, sostenido por el brazo caído, no a hombros. Así, la imagen de María Santísima apenas se eleva del suelo y parece avanzar entre una muchedumbre de hermanos y devotos de todo el pueblo, como si fuera andando sola entre la gran aglomeración de personas que la acompañan, que además impiden ver a los hermanos que la portan.

Cientos de hermanos acompañan a sus titulares al filo de la madrugada / ANDRÉS ALFONSO

Tanto la Procesión de «bajada» como la de «subida», se celebra después de la medianoche y supone una de las estampas más puristas e intimistas a la que podemos asistir en la provincia de Sevilla. Se admira una indescriptible devoción local, con cruceros y cruceras de todas las edades pero, además, con multitud de foráneos contemplando tan sobrecogedora imagen por las calles de la antigua Ilipa Magna. De hecho, Miguel García Posada, poeta y pregonero de la Semana Santa sevillana en 1954, compuso en la misma década, el Romance de la Vera Cruz, sobre la procesión de madrugada.

“…sólo un rumor de pisadas alteraban el silencio;
me pareció verte andar
como una mujer del pueblo, siendo Tú Reina de las reinas y la Reina de los cielos…”

La procesión de «Bajada» se realizó a la una de la madrugada del sábado 11 de mayo al domingo llegando la iglesia parroquial en torno a la dos de la madrugada. El templo, abarrotado de fieles, se iluminó al llegar María Santísima teniendo lugar el emotivo traslado claustral por la nave central de la iglesia, desde el presbiterio a la capilla bautismal. Este lugar resulta entrañable para los hermanos cruceros ya que las pequeñas dimensiones hacen que la entrada de la virgen se tenga que realizar sin corona.

La Virgen de las Angustias / ANDRÉS ALFONSO

El recorrido de la procesión de «subida» de regreso a la Ermita comienza a las doce de la noche de este lunes 20 de mayo por Padre Ruiz Páez, para seguir por Hermanos Merchante, Plaza del Calvario, Blas Infante, San José, Plaza de España, Ilipa Magna, Real de Castilla, Coronel García-Baquero y Plaza de San Gregorio, entrando en la Capilla de San Gregorio en torno a la una de la madrugada. El acto de subida se presenta como broche a los cultos mayores de la Vera-Cruz, tras la celebración del Solemne Besamanos decano de Alcalá del Río, que tiene lugar a las 18.30 horas del mismo día. Una procesión de madrugada en Santa Misión donde los hermanos vuelven a acompañar a sus amantísimos titulares. De igual forma, el pequeño traslado desde el presbiterio a la xapilla propia de la Vera Cruz manifiesta la gran devoción que los cruceros y el pueblo de Alcalá del Río tienen hacia el Santísimo Cristo de la Vera Cruz y María Santísima de las Angustias Coronada.

Fran Vergara

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