En vídeo

Triana cruza el Quema, bautismo en el río sagrado del Rocío

Cruzar de orilla a orilla sus aguas es un jubileo para volver a nacer, una nueva vida cuyo camino termina en la Blanca Paloma

Por  13:35 h.

Despuntaba el alba a las siete. El lubricán de la mañana se colaba entre los pinos que conducen al río sagrado de los rocieros. Triana se levantaba en el descansadero del Guadiamar con el cantar de los pájaros en la alboreá. Esa era la señal para que los romeros se reunieran en torno al Simpecado y celebraran allí la misa. El altar era un heliocentro cuyo sol era la carreta de plata y 34 carretas de bueyes alrededor y apuntando a la Virgen.

En ese círculo eucarístico perfecto, se pidió por el medio ambiente, la naturaleza que creó Dios en el Génesis. El camino pesaba ya en las caras de los trianeros. La salve se cantó en voz baja, como un susurro.

Aún el sol no aparecía. Todo era crepúsculo cuando el hermano mayor dio la orden desde su caballo de iniciar la marcha. El reloj marcaba las ocho de la mañana, en el corredor verde. Hacía fresco y el cielo de la aurora estaba nublado cuando Triana emprendió la marcha. Avanzaba la caballería entre los pinares que conducen al Quema y la muchedumbre que arropaba al Simpecado levantaba el polvo por el que ya se colaban los rayos de sol.

En apenas quince minutos llegaban los carros de mulas al Jordán sagrado para los rocieros, como el Ganges lo es para los hindúes o el Nilo para los egipcios. Cruzar de orilla a orilla es un jubileo para volver a nacer, una nueva vida cuyo camino termina en la Blanca Paloma.

La caballería hizo un pasillo en las orillas. El agua sonaba por el río como si fueran campanas. Llegaban los romeros. Comienza el rito del bautismo. Abrazos, lágrimas… Hay niños, mayores y hasta animales, que por primera vez cruzaron la frontera del alumbramiento. La primera vez.

Y en ese renacimiento rociero, vadeaba el río la carreta de plata, justo a las nueve de la mañana, cuando el sol se terminó de levantar y dispersó las nubes. Se cantó la salve y se lanzaron vivas por Triana, sus gentes y la Virgen del Rocío. Hasta un caballo relinchó. Una pareja de jinetes de Triana se agarró de la mano. Sonaron palmas a compás.

Le preguntaron al Señor: «¿Cómo puede nacer un hombre siendo viejo?». Él contestó: «Te lo aseguro, el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el Reino de Dios». Por eso, Triana volvió a nacer con una nueva luz y un nuevo día. Era junio, que viene de «iuvenis», que significa «hombre joven»; y el calendario marcaba el siete, el número de notas que tiene un pentagrama, el de las maravillas del mundo, el de los colores del arco iris, el de los pecados capitales, el de las obras de misericordia, el de los sacramentos, el de la perfección… Y el de la creación.

Vídeo: Antonio Periáñez

Javier Macías

Javier Macías

Coordinador en Pasión en Sevilla
Redactor de ABC. Coordinador de Pasión en Sevilla