La presidencia de la hermandad de la Soledad de San Lorenzo / JOSÉ GALIANA
EL CONSILIARIO

Carta abierta a una consejera

Por  0:01 h.

Mi querida Consejera:

¡Vaya por Dios!, no ha empezado usted con buen pie, con “el izquierdo por delante”, como debería ser.

Ahora es un personaje público: la Consejera de Igualdad, Políticas Sociales y Conciliación del Gobierno andaluz, y me interesa lo que piense o diga, porque entiendo que me afecta. He consultado su biografía, publicada en los medios: licenciada en Ciencias de la Educación,  con amplia experiencia docente y directora de un centro educativo. He rastreado sus publicaciones y la única que he encontrado es el trabajo  titulado “Las monedas de Judas” publicado, al parecer, en “Viva Huelva”, y digo al parecer porque este periódico ha emitido una nota en la que  aclaran que ellos no han publicado ese artículo.

Por eso he leído con atención ese trabajo, publicado hace cinco años, por el que ha pedido disculpas, ya que “no representa lo que pienso”, según dice. Lo siento, pero no me vale. El tiempo no es una sucesión de momentos aislados,  porque en todos hay una persona consciente y libre que permanece, construyendo su historia. Eso nos obliga a poseer nuestro pasado.

Se lo digo desde la experiencia. Me doctoré en  la Universidad de Sevilla, también tengo  experiencia docente y varias publicaciones. Vistas en la distancia algunas son mejores que otras,  las hay obsoletas y otras están superadas;  pero las asumo todas. ¡Ah!, también soy Hermano Mayor de una hermandad de Sevilla, con más de cuatrocientos cincuenta años de historia.

Desde una perspectiva absolutamente profesional  su artículo me ha sorprendido bastante: lo primero el estilo. No se lo tome a mal, pero parece escrito por un veinteañero de la Joven Guardia Roja en los años setenta. Una mezcla de frases pretendidamente provocadoras (“¿cómo es posible que gente que se autocalifica de cofrade y de católica siga rezumando odio por los cuatro costados?”), con otras de un romanticismo sentimental adolescente, muy a lo “flower power” (“La mirada perdida en largas tardes de caricias, besos y canciones”).

Me preocupa también la sensibilidad artística de mi Consejera. Cuando habla de esa gente que “cargan a cuestas  enormes trozos de madera decorados con costosos vestidos” entiendo que se está refiriendo a las tallas de Juan de Mesa, Martínez Montañés, Ruiz Gijón o, por proporcionarle una referencia más cercana,  al Jesús Nazareno de Sebastián Santos que cada madrugada del Viernes Santo pasea por Huelva. Reducirlos a enormes trozos de madera revela algo más que incultura, señora Consejera.

Me intriga cuando afirma que cuando los cofrades “lleguen a casa y se despojen de sus exquisitas vestiduras volverán al lado oscuro. ¿Las “exquisitas vestiduras” son  las de  de ruán y esparto? Lo del “lado oscuro” no me queda claro, ¿se refiere  al lado oscuro de la Fuerza de Star Wars, o a la canción de Jarabe de Palo? Le sugiero que precise más los conceptos.

Y ahora algo serio: afirma en su artículo que quienes salen de nazarenos son “inseguros, insatisfechos, acaparadores, iracundos, celosos y maltratadores”. Esa afirmación, de ser cierta,  es muy preocupante. Le pido por favor que publique la investigación de la que ha obtenido los datos empíricos que le han permitido formular esas conclusiones tan rotundas (encuesta, objetivos de la misma, tamaño y selección de la muestra, cuestionario, resultados, plan de análisis de datos, etc.). Si no la tiene debería pedir perdón inmediatamente a todos los hombres, mujeres y niños que salen de nazarenos

Habla de  las procesiones de Semana Santa “rescatadas de la historia medieval”. Permítame que la ilustre un poco, más que nada para que no quede mal si le preguntan. Hay muy pocas hermandades que se remonten a la Edad Media. La eclosión de hermandades y cofradías se produce a partir del siglo XVI.

Asegura que en Semana Santa “me voy a Madrid a disfrutar de arte de verdad (sic), …del arte de las calles y los museos, de siglos de cultura, creatividad e ingenio”. Le aconsejo que antes de ir a Madrid hable  con su compañera de Gobierno, la Consejera de Cultura y Patrimonio Histórico para que le prepare una ruta por el arte y la cultura andaluzas. Se sorprenderá.

Pero en ocasiones explica que necesita alejarse más de Andalucía e ir “cruzando el mar hacia las tierras del otro lado del Atlántico”. Permítame un precisión, ya que es usted docente: para pasar al otro lado del Atlántico tiene que cruzar un océano, no un mar.

Y ya puestos me gustaría me aclarase algo que no entiendo. Si se siente tan orgullosa de “formar parte esa espléndida, avanzada y culta civilización árabe” ¿por qué en Semana Santa no se va a Marruecos u otro país árabe a recuperar sus raíces, en lugar de cruzar el “mar Atlántico”?

Por último, he leído los valores que asume su partido  y las propuestas de gobierno pactadas con el PP y no acabo de encajar sus opiniones en ninguno de estos documentos. Le sugiero que se aclare y elabore un modelo de pensamiento más coherente con su partido, con su gobierno y con los andaluces.

Y si quiere le enseño la Semana Santa de Sevilla y Andalucía.

Con todo afecto

Ignacio Valduérteles

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