Pleno del Consejo / CONSEJO DE COFRADÍAS
EL CONSILIARIO

Elecciones en el Consejo

me permito proponer a los candidatos, actuales o posibles, algunas reflexiones, a modo de sugerencias, por si las consideran oportunas
Por  0:06 h.

La convocatoria de elecciones al Consejo es un buen motivo para exponer algunas ideas sobre las mismas.

Según se recoge en el Preámbulo de los Estatutos del Consejo, éste es «un organismo eclesial al servicio de los fines de las  Hermandades y Cofradías y de  la propia diócesis». En coherencia con esta afirmación, el artículo 2º, que define los fines de la institución, hace una relación exhaustiva, hasta  once apartados, de las  funciones a impulsar desde el Consejo «con el objetivo fundamental de que cada una de las Hermandades y Cofradías de la Ciudad cumplan su misión de fomentar el culto público, la evangelización, el perfeccionamiento de la vida espiritual  de sus hermanos y el ejercicio de la caridad cristiana».

Todo parece muy claro, sin embargo desde hace unos años, tampoco voy a concretar cuántos, el Consejo ha ido reduciendo sus funciones, desnaturalizándose y ahora esa desviación empieza a pasar factura en forma de pérdida de prestigio y desorden institucional.

Han tomado excesivo peso temas instrumentales: carrera oficial, itinerarios, pregoneros, viacrucis, cartelistas, representaciones y otros temas que pueden ser importantes pero que no pasan de ser  medios para conseguir los fines. Cuando uno se centra en los medios olvidando los fines la organización se descentra.

Para evitar esta situación me permito proponer a los candidatos, actuales o posibles, algunas reflexiones, a modo de sugerencias, por si las consideran oportunas:

-Tener siempre presente cuál es la misión del Consejo: «ayudar a las hermandades y Cofradías a cumplir sus fines». A partir de ahí deben definir cuál es el modelo de Consejo  al que se aspira y exponerlo.

-Elaborar un plan de trabajo para que en un plazo de cuatro años el Consejo haya alcanzado ese modelo, se haya centrado definitivamente y recuperado el rumbo.

-Ese plan debe estar centrado en  las actividades formativas, organizativas y de gestión, de forma equilibrada, eliminando el sobredimensionamiento de actividades no esenciales que lo distraen y desfiguran y lo llevan a un activismo empobrecedor.

-Se habla mucho de comunicación; pero la comunicación no es un fin en sí misma, es un medio para transmitir un modelo. Si no hay modelo y si no hay un plan de trabajo coherente, no hay nada que comunicar, simplemente se dan informaciones.

-Todo eso requiere profesionalidad. A alguno le puede sonar raro, pero el Consejo es una organización bastante compleja y su gobierno requiere algo más que sentimiento cofrade y buena voluntad, que se dan por supuestos. Exige competencia profesional acreditada en el gobierno de organizaciones. Ése debe ser el criterio de selección del equipo, no el cálculo sobre los votos que pueden aportar.

Algo más: hay quien piensa que si de lo que se trata es de renovar el Consejo y su estilo difícilmente pueden hacerlo candidatos que salen del mismo Consejo que pretenden renovar y que, directa o indirectamente, han participado en su decadencia. Bueno, son los que hay y se les debe conceder el beneficio de la duda. Algo tienen a su favor: experiencia. Lo que hace falta es que sea una  experiencia reflexionada, que sean capaces de analizar y extraer conclusiones de lo vivido, sin esa reflexión no pueden decir que tienen experiencia, simplemente les han pasado cosas que han resbalado sobre su personalidad sin calarles y ahora repetirían los mismos  errores con los mismos o con nuevos actores.

Señores candidatos, lo que se espera de ustedes es la concreción de su plan estratégico para los próximos cuatro años. Un plan estructurado, concreto, claro, fundamentado, más allá de las frases genéricas,  grandilocuentes y vacías. Un plan que no debe consistir en un catálogo de actividades más o menos novedosas u originales que atiendan a lo accidental, sino en el que se reconozca la visión estratégica a alcanzar, las  actividades a realizar  y los objetivos a cumplir encaminados a la consecución de ese nuevo Consejo que pretenden.

Así es como se convence a los votantes. Así es como éstos tendrán elementos para formar su opinión, más allá de simpatías personales o vinculaciones cofrades  que en estos casos hay que dejar  un lado.

Ignacio Valduérteles

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