Los hermanos mayores reunidos en el Patio de la Montería del Alcázar / J. M. SERRANO

Lecciones de una crisis

«Seguir viviendo en un gueto, como si no pasara nada, es negarse a reconocer la evidencia y arriesgarse a la “muerte dulce” provocada por monóxido de carbono que hace el ambiente social irrespirable»
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El pasado martes 26 de mayo el Consejo General de Hermandades y Cofradías de Sevilla celebró  Asamblea General Extraordinaria en la que se trató el tema de la puesta a disposición de los abonados que lo deseen de los  importes  pagados. La Asamblea se todas  las partes implicadas.

No me interesa ahora  analizar los acuerdos, sino sacar lecciones de esta crisis, entendiendo el término en su sentido etimológico: cambio profundo en una situación.

Hasta ahora el Consejo, éste y todos los anteriores, se había enfrentado a la gestión de cuestiones más o menos previsibles: redacción de estatutos, problemas de horarios e itinerarios, criterios de reparto de los recursos generados por los abonos,  incorporación de nuevas hermandades a la carrera oficial, y cosas así.

La suspensión de los desfiles procesionales a pocas fechas de comenzar la Semana Santa, para proteger a la población de una epidemia mortal,  generó situaciones que nunca antes se habían planteado y sobre las que no existía ninguna experiencia ni protocolos de actuación.

Uno de los problemas presentados era  la devolución, o no, a los abonados del dinero que ya habían pagado por el derecho a usar las sillas o palcos esta Semana Santa, y cómo compatibilizar esa pretensión con la de las hermandades, muchas de las cuales necesitan los ingresos derivados de las sillas y palcos para su sostenibilidad.

¿Cuáles han sido las claves en la gestión de esta crisis?

– Identificarla  y acotarla en sus términos. El primer paso para la solución de un problema es su correcta definición, con objetividad.

– Comenzar a trabajar de forma inmediata, siendo conscientes de la novedad de la situación y de que los criterios habituales de gestión no eran aplicables a este caso. Se precisaban nuevas herramientas de análisis, perfiles profesionales cualificados y un diseño económico financiero y tributario de alto nivel profesional, pero sin perder de vista que estamos hablando de hermandades.

– Acudir al asesoramiento de expertos identificables, internos o externo, para recabar su ayuda, no para utilizarlos como pantalla o coartada, asumiendo el Consejo  la responsabilidad de la decisiones a tomar.

– Gestionar correctamente la comunicación durante todo el proceso, con un plan de comunicación institucional   previamente diseñado al que se ajustan.

– Anteponer siempre el bien común al apego al sillón. Esto sólo  es posible cuando se poseen convicciones firmes, bien articuladas, que permiten resistir la presión social, sea ésta espontánea o inducida.

Desde una perspectiva estrictamente profesional, y a toro pasado, con todos los datos en la mano, se podría analizar el caso, estudiarlo, comentarlo e incluso ofrecer alguna sugerencia, si procediera. La verdad es que constituiría  caso de estudio para gestión de crisis en instituciones.

Aquí  se contienen además muchas claves aplicables al gobierno de las hermandades: visión global; criterios de análisis no sólo cofrades; acudir a  expertos cuando sea preciso; formación doctrinal y de gestión; atención a la comunicación institucional; anteponer el bien común al apego a la vara dorada; convicciones firmes que permitan resistir las críticas.

Las hermandades, sus responsables, han de reconocer que estamos viviendo una  importante crisis social, acelerada por el Covid-19. No pueden seguir centradas sólo en cultos y actividades, aunque esta sea su misión. Seguir viviendo en un gueto, como si no pasara nada, es negarse a reconocer la evidencia y arriesgarse a la “muerte dulce” provocada por monóxido de carbono que hace el ambiente social irrespirable. Ya ha empezado a expandirse ese gas mortal que en principio sólo aletarga. Aún es tiempo de reacción, antes de perder definitivamente el contacto con la realidad.

Decía el filósofo Leonardo Polo que “los sabios prevén y los tontos constatan”. Ahora se trata de elegir el grupo al que adscribirse.

Ignacio Valduérteles

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