Shakespeare en el consejo

Por  0:39 h.

P.- La verdad es que a los que queremos de verdad a nuestra hermandad y, a partir de ellas, al mundo cofrade, la situación actual nos produce una mezcla de disgusto, pesadumbre, contrariedad y enfado. Y no me refiero a las causas, que a nadie corresponde juzgar, sino a las consecuencias.

R.- Esta columna no es de análisis de la actualidad cofrade, tiene otra orientación: analizar distintos aspectos de la vida de las hermandades, para el mejor cumplimiento de sus fines y una mayor eficacia en su gestión; pero en atención a su disgusto, compartido por muchos, hago una excepción.

Estos días me ha venido a la memoria una tragedia escrita por Shakespeare, a comienzos del siglo XVII. La trama la integran una serie de luchas y disensiones entre distintos grupos que pretenden conseguir el poder. A lo largo de la obra esas desavenencias se van entrelazando hasta formar una tela de araña que atrapa a los protagonistas. Todo muy actual.

Pero lo más interesante está en el Acto III. Ante el anuncio de un reparto de trigo al que Coriolano se opone, por entender que el reparto injustificado de prebendas fomenta la desobediencia y alimenta la ruina, expone: «En un organismo en el que el poder está dividido en facciones, en el que la nobleza, el rango y el saber no pueden resolver nada sin el “sí” y el “no” de una muchedumbre ignorante, hay un olvido completo de las necesidades reales, hay ligereza e inestabilidad, y con semejantes trabas no puede hacerse nada provechoso».

Se escribió en 1607, pero sigue siendo tremendamente actual. Va con la naturaleza humana.

¿Y nosotros?, ¿ahora qué? No es momento de críticas ni de comentarios corrosivos, sino de mirar al futuro. No se puede conducir mirando por el retrovisor. Siempre hacia delante. El futuro, ya inmediato, lo construimos entre todos y lo construye cada uno en base a decisiones personales y libres.

En mi opinión, absolutamente particular y sin arrogarme más representación que la mía propia, lo que procede ahora es la convocatoria de elecciones en el plazo más breve que permitan los Estatutos del Consejo.

Esto que a algunos les puede sonar a pistoletazo de salida para conciliábulos, contactos, alianzas estratégicas, filtraciones, posicionamientos y aritmética, tiene otra lectura. Ahora es el momento de volver a Shakespeare y recordar que las decisiones no se pueden tomar a partir del “sí” o el “no” de la ignorancia y la ligereza, han de ser decisiones personales y responsables tomadas desde la libertad, siendo conscientes además de que nuestras decisiones no sólo tienen consecuencias externas, sino que nos perfeccionan o deterioran como personas. Decisiones personales, no de grupo.

Por eso ahora, para poder elaborar esas decisiones personales libres y responsables que nos mejoran o empobrecen, es momento de ponderar las cosas en el corazón y ante un sagrario, no en el estómago y ante una mesa.

Nada de esto es nuevo ni original: pura antropología y sentido común, pero a algunos les suena tan raro que seguro que ven intenciones ocultas. Pues vale.

 

 

 

 

 

 

Ignacio Valduérteles

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