La Virgen del Rocío en su traslado de Pastora / RECHI
SEVILLA Y AMÉN

Ay, mi Rocío

Por  0:05 h.

A ti, porque sin ti no soy.

Cinarro mañanero, cencellada,
carámbano del agua de la aurora,
escarcha que en la luna se evapora,
trasluz de acebuchales en riada…

Marisma de los párpados helada,
reflejo de humedales, sol que llora,
acuífero del alma en cada espora,
diluvio del cristal de la mirada…

Los lucios son espejos que se azogan
con sal del lagrimal como un estero
que cría peces blancos que se ahogan.

Son llantos anulados como un cero,
galápagos de mar que me interrogan
por qué al decir Rocío siempre muero.

Alberto García Reyes

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