Altar de quinario del Buen Fin / JAVIER COMAS

Buen Fin

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A los Foronda

La humedad es de los huesos y duele
si tiritan las columnas. Qué frío.
Se desconcha el templo, pierde su brío
el sol nuevo, que dentro es un pelele
en las manos de una fuerza que suele
devastar las misas cuando el hastío
de la muerte tiembla por Ti, Dios mío.
Me pregunto si el frío te demuele
la esperanza de alcanzar esa calma
que diviso en tu gesto de cansancio.
La respuesta es tu Virgen de la Palma:
una lágrima cae en el camarín,
otra lágrima hiere y me distancio…
Humedades del alma del Buen Fin.

Alberto García Reyes

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