El Cristo de la Expiración del Museo, saliendo de la capilla / JUAN FLORES
El Cristo de la Expiración del Museo, saliendo de la capilla / JUAN FLORES

El rojo sevillano

«Llamar muñeco a un cristo de Juan de Mesa o Susillo es como decir que el Guernica de Picasso es un garabato»
Por  12:16 h.

Utilizar la palabra muñeco para calificar a una imagen devocional no es sólo una falta de respeto que demuestra la intransigencia con las creencias ajenas de quien se desdenta reclamando tolerancia hacia las suyas. Es también, y sobre todo, una declaración culminante de insensibilidad. Una confesión inconsciente de que se tiene el paladar de una cabra.

La libertad religiosa es tan sagrada que también protege a los que la ejercen para negar a Dios. Por eso el ateísmo o agnosticismo o laicismo o lo que sea que pregonare el portavoz de Izquierda Unida en el Ayuntamiento de Sevilla es intocable. Que él no crea es tan respetable para mí como para él ha de serlo mi fe. Es una sencilla ecuación de respeto mutuo que si se quebrantase sólo revelaría un carácter autoritario por parte del que considere que su idea es superior, por lo que perdería en ese embate toda la dignidad democrática.

Por tanto, la descalificación a cristos y vírgenes con ese tono tan agrio sólo insulta al propio autor de la misma, que tal vez anda librando un litigio íntimo entre la disciplina de partido y su convencimiento porque todavía no es lo suficientemente maduro para discernir si tiene que quedar bien con sus masas o consigo. En eso no es distinto a otros muchos compañeros de su partido que han terminado aceptando los absurdos estabulamientos de las ideas: si eres de derechas tienes que ser creyente y si eres rojo estás obligado a ser ateo e incluso anticlerical.

Al actual líder comunista de Sevilla le gustaba salir de monaguillo en el Museo cuando era pequeño. Eso no quiere decir nada. Porque las creencias evolucionan. Pero probablemente se sacaba la papeleta de sitio porque su familia tenía devoción por el Cristo expirante de Marcos Cabrera. Sólo por amor a los suyos, a quienes lo condujeron hasta allí, tendría que ser más cauto con sus opiniones públicas acerca de la Semana Santa si tuviera un retal de sensibilidad.

La delicadeza emocional es, antes incluso que el conocimiento, lo que distingue a una persona culta de una lega. Llamar muñecos a tallas de Martínez Montañés, Juan de Mesa, Cristóbal Ramos, Susillo o La Roldana no es, por tanto, sólo un problema de educación y desprecio a las doctrinas cristianas que profesan miles de personas a las que también gobierna un concejal electo. Es, fundamentalmente, una revelación de ordinariez y de tosquedad que prueba el grado de rugosidad que tiene este hombre en sus gustos. Eso sería como llamar garabato al Guernica de Picasso.

Una flagrante catetada que sólo se atrevería a decir un desvergonzado palurdo. Pero cuando las banderías políticas bajan las persianas y se adentra uno en el túnel oscuro del sectarismo sin haber decidido antes cuál es su opinión propia sobre las cosas, suele ocurrir que se cae en la vulgaridad más impúdica. Y a partir de ese momento ya no se tiene una postura anti cofrade porque se sea rojo, sino para que todos los demás nos sonrojemos al recordar que alguien así nos representa.

Alberto García Reyes

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