La Macarena en besamanos / M. J. LÓPEZ OLMEDO
SEVILLA Y AMÉN

Esperanza Auxiliadora

Por  8:10 h.

Sevilla es la expectación perfecta. Desde el Arco a Triana. Sevilla es Esperanza. Una Esperanza Auxiliadora que nos saca de todos los atolladeros. Por eso hay una larga cola ahora en la calle del poeta que dijo que «mientras se sienta que se ríe el alma, / sin que los labios rían; / mientras se llore, sin que el llanto acuda / a nublar la pupila; / mientras el corazón y la cabeza / batallando prosigan, / mientras haya esperanzas y recuerdos, / ¡habrá poesía!». Hay poesía esta mañana en la calle Bécquer para besarle las manos a la Virgen, para versarle la piel a la Macarena. Pero también hay poesía por la Ronda abajo. En el colegio salesiano. Porque la Esperanza también es una buena Educación. Es la formación que imparte cada una de las llagas del Cristo de la Trinidad por las que sangran los maestros de Don Bosco intentando enseñar a los chiquillos que ni Dios está libre de sufrimiento para alcanzar la Gloria. Esa clase salvadora se compone de cinco lecciones. Cinco llagas.

Esa Esperanza de la carita torcida, la que tiene el gemido aún astillado en el viento, la que tiene las ojeras moradas de tanto sufrir, esa Esperanza que llora una lágrima por cada herida de su Hijo, imparte cada día en la escuela salesiana el libro del buen amor. Don Bosco dijo que no basta con amar a los niños, sino que también es preciso que ellos perciban que son amados. Y esa es la función de la Muchacha esmorecida que concentra todos los dolores de Juan de Astorga, que es el autor de la Esperanza colegial, de la Angustia Universitaria y de la Presentanción del Calvario, que es el lugar donde se aprende la eternidad. Esto fue lo que dijo exactamente Newton, porque el amor se enseña también con ciencia: «Dios es eterno e infinito, omnipotente y omnisciente; esto es, su duración se extiende desde la eternidad a la eternidad y su presencia desde el infinito al infinito». Por eso en la sede de María Auxiliadora. auxilio de los cristianos, Ella nos socorre con la enseñanza de Dios en sus entrañas en estos días expectantes del adviento en los que la luz de Sevilla está en el vientre de su Madre.

A la Niña de la Trinidad que tiene los párpados en estallido le quedan unos días para parir al Mesías y ya le está llorando sus cinco lágrimas, sus cinco llagas, en los suspiros salesianos del Cristo muerto. Cinco lecciones magistrales de amor sin límites.

Primera llaga: un clavo ardiendo en llamas marcado en el empeine del Mesías, señal de las mayores herejías y grito que resume mil proclamas.

Segunda llaga: herida criminal que atraviesa la luz del Ecce Homo como huella enhebrada por el plomo que camina en su sangre hacia el final.

Tercera llaga: mano izquierda hendida en el largo horizonte del suplicio, salesiana enseñanza de servicio: aprender a respirar por esa herida.

Cuarta llaga: en la palma de la diestra un ay a bocanadas sin censura escrito como la buenaventura en caricias que son obra maestra.

El tiempo en el costado se le apaga cual lumbre que ilumina eternidad si grita de dolor la Trinidad: Esperanza es curar la quinta llaga.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Últimas noticias deAlberto García Reyes (Ver todo)