La basílica, vacía, cuando se va la Esperanza Macarena / J. M. SERRANO
SEVILLA Y AMÉN

La Esperanza sí sale

«Porque tenemos el consuelo de que cuando todo esto pase volveremos a ver a la Muchacha viniendo hacia nosotros. Y entonces entenderemos que toda la espera que Ella nos imponga es corta»
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Saber distinguir es una de las virtudes teologales de Sevilla. Esta ciudad sabe que Cristo está tallado en San Lorenzo, pero Dios está en cualquier parte. Por eso el Gran Poder irá a los barrios quebrados, adonde la estación de penitencia es diaria, para demostrar que su presencia es ubicua e intemporal. Y en esa dimensión está todo. Así que habrá Semana Santa en la calle. Ya la hay, de hecho. Ya ha salido el cirineo de San Isidoro a ayudar a llevar la cruz a quienes más lo necesitan. Y ha salido también la Salud a su ventana en San Esteban, donde el deseo de Buen Viaje se ha transformado estos días en un ruego de buen confinamiento. Hay Salud en la Candelaria, en el Valle, en el Tardón, en el Arenal de los carreteros, en San Bernardo… La Salud no nos va a faltar porque está muy repartida. Ni tampoco nos vamos a quedar sin Caridad. En eso las hermandades están dando un ejemplo emocionante. Todas, sin excepción, han sacado la papeleta de sitio de la advocación del Baratillo para auxiliar a los mayores, facilitar la conciliación, construir una red de voluntarios que haga más llevadero este suplicio a quienes sólo pueden confinarse bajo las estrellas, esos que duermen cada día en una habitación distinta de la ciudad: hoy en la Plaza Nueva, mañana en la del Museo, pasado en un cajero de la calle Tetuán… Por supuesto que la Caridad no se ha suspendido y está haciendo su itinerario. Ni la Caridad, ni la Misericordia. Se han abierto las puertas de Santa Cruz y las de la capilla torera de la calle Adriano. Y las del nazareno de plata de San Vicente. Porque Sevilla siempre pone en la calle, por muy vacía que esté en estos momentos, su verdad profunda. Por eso he escogido esta foto apoteósica de Serrano, que es una obra de arte sobre otra obra de arte, para escribir estas cavilaciones. Yo soy del Cautivo del Tiro de Línea y ahora entiendo mejor que nunca lo que significa estar cautivo, con las manos atadas, sin libertad, recluido. Ahora sé que cuando el Señor camina hacia el parque con su túnica contando el tiempo -tictac, tictac…- de tobillo a tobillo, nos está explicando mejor que nadie la paradoja de estos días. La libertad no está en la calle para él. No está en ningún sitio. En cambio, para nosotros ahora nuestra celda es el paraíso. Por eso esta foto es el epítome de todo lo que vamos a vivir. ¡Sevillanos, la Esperanza sí sale! Sale a liberar al Cautivo de su soga, a proclamar por todos los rincones que habrá Resurrección y que en Sevilla la puerta de la eternidad es un Arco. Así que este año la vamos a ver de espaldas. Contemplaremos cómo se va el palio y en la lejanía, cuando amanezcan los días de la negrura que estamos viviendo, brillará el oro de su manto como una constelación de ilusiones que ya está descontando el tiempo para que la volvamos a ver de cara. Porque la Esperanza es también paciencia. ¿Qué es un año para nosotros, que vivimos en la única ciudad del mundo que nunca necesita almanaque? Cualquier medida del tiempo termina en la Esperanza. En el lapsus que va desde que la vemos irse despacio hasta que la volvermos a ver de frente por la calle. Ahí está todo. Y si entretanto tenemos que vivir en letargo, hibernando en nuestros recuerdos, lo haremos sin sufrir. Sin atarnos las manos. Porque tenemos el consuelo de que cuando todo esto pase volveremos a ver a la Muchacha viniendo hacia nosotros. Y entonces entenderemos que toda la espera que Ella nos imponga es corta. Sabremos que Ella siempre sale, aunque su talla esté bajo techo, a infundirnos su alegría. Que nunca nada se termina en el tormento porque después de la agonía viene la salvación. Sevilla lo sabe porque Sevilla distingue. Así que venga de frente. No corred.

Alberto García Reyes

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