El Señor del Gran Poder, portada del primer ABC de Sevilla 2020 / J. M. SERRANO

El lector de San Lorenzo

«El Señor es uno de los suscriptores más antiguos de ABC de Sevilla»
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Con el vaho del invierno dando caladas en sus labios, el hermano mayor del Gran Poder, Félix Ríos, me desveló hace dos viernes en la puerta de la basílica algo que ahora me tiene tiritando de miedo al teclear cada letra. «Nos vemos en el acto de los 90 suscriptores más antiguos del periódico», me dijo. «¿Tú eres de los más viejos, Félix?», le pregunté extrañado. Y su respuesta sosegada, profunda, me nubló con el incienso de su aliento: «Yo no, el Señor». Su dedo índice apuntaba hacia dentro, hacia el rostro que reúne 400 años de pátina de Sevilla, hacia el Hombre que todas las mañanas, antes de que las puertas de su templo se abran a las necesidades de la ciudad, recibe el ABC junto a su talón y lo abraza como a la cruz. Porque Dios sólo carga con la verdad.

En el acto que cerraba el 90 aniversario de este milagro que sigue naciendo cada día estaban los cimientos de carne y hueso de esta Casa. Los lectores más fieles, los primeros, los que han ayudado a que este edificio de papel se mantenga en pie. Uno de ellos, titular por herencia dinástica de la suscripción de su familia, me dijo que cuando abre la puerta por las mañanas y se encuentra en su umbral el ABC no sólo está recibiendo las noticias del día, sino a su propio padre. El periódico es el lazo que sigue uniendo los dos mundos, el de los presentes y el de los ausentes. Es el testigo que Sevilla ha ido pasándose de generación en generación en el último siglo. Y es también la puerta por la que muchos accedieron a lo desconocido. Otro lector histórico, que tiene la misma edad que estas páginas, recordó que de pequeño coleccionaba unas láminas de los monumentos del mundo que se publicaban los domingos. «Yo aprendí a viajar de niño con el ABC», suspiró. Luego, cuando se casó, se fue de viaje de novios a Pisa: «Cuando vi la torre, me harté de llorar. Mi mujer me preguntó qué me pasaba y le dije que gracias al periódico yo estaba viendo en aquel momento mi infancia».

Infancias, ausencias, dolores, amores… Toda la verdad del mundo estaba en esa reunión que ahora hace que esta columna me pese casi tanto como la cruz al Gran Poder. Recordé allí mismo el artículo de Camba en el que explicaba lo mal que lo pasó escribiendo después de haber conocido a un ferviente lector suyo de Guadalajara. «Tengo la sensación de que escribo únicamente para este señor, y no quisiera defraudarle». Ahí está expresado con exactitud lo que sentimos en esta Casa por nuestros lectores. Por los antiguos, por los nuevos, por los que acaban de recibir una noticia dura en un pasillo, por los que tienen la ciudad en el corazón, como ha pintado de forma sublime Daniel Bilbao, para superar su quinta angustia, por los que se reencuentran con sus padres, por los que dejan su cruz diaria un rato apoyada en la pared para leer Sevilla. Rezaré siempre por ellos a nuestro lector de San Lorenzo. Porque gracias a Él ya sabemos que el ABC no tiene 90 años, sino la eternidad por delante. Ahora tenemos la certeza de que escribimos para el Señor y no nos podemos permitir defraudarle.

Alberto García Reyes

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