Las colas llegaron a la calle Betis y a Arfián / RAÚL DOBLADO
Las colas llegaron a la calle Betis y a Arfián / RAÚL DOBLADO
EL FOTOMATÓN

Lo que de verdad importa

La cola de la Esperanza sirve para enseñar a los políticos que a la gente no le da pereza votar
Por  10:00 h.

La cofradía y la cervecita. Ése es el resumen de esta foto ahíta de pureza trianera y sevillana. Lo que de verdad importa es la Esperanza. ¿Estaría dispuesto cualquiera de los que aguardan esa cola de dos horas a esperar el mismo tiempo en un colegio electoral? ¿Qué es más importante, el hermano mayor de tu hermandad o el alcalde de tu ciudad? Esta foto ofrece respuestas de todos los colores, pero ninguna tiene tanta fuerza como la que habla del hartazgo generalizado. Doy por descontado que tiene mucha más importancia la elección del alcalde -quien piense lo contrario no me merece el menor respeto, lo siento-, pero también es obvio que nadie soportaría una espera de dos horas para echar la papeleta en unas elecciones municipales, autonómicas o generales. ¿Por qué? Simple y llanamente porque la gente está harta. Cansada. Aburrida. Hastiada. Desencantada. La gente, que es esa nebulosa intangible a la que dice representar Podemos con apenas un diez por ciento de los votos de la gente, no hace cola para elegir a sus políticos. Y no porque no esté dispuesta a hacer cola, sino porque no le merece la pena. Eso es lo que nos enseña esta imagen. Eso es lo que tiene que hacer reflexionar a los políticos.

La cola para las elecciones a la Esperanza de Triana es un homenaje a las tres caídas de Sevilla en los últimos años. Primero se cayó de bruces en la megalomanía. Después se cayó de cabeza en la austeridad. Y finalmente ha caído irremisiblemente en el hastío. Ya todo nos da igual. Nos importa un caray que en el Ayuntamiento sólo se haya hablado desde que se constituyó la nueva corporación de la implantación de comedores escolares de verano para evitar la desnutrición infantil, algo que hasta ahora no ha ocurrido, por cierto, gracias al trabajo sordo y discreto de la Iglesia y las hermandades. Lo desesperanzador es que nadie se escandalice de que 35 años después de la llegada de la democracia, lo progresista sea tener que dar de comer a niños en verano para que no se mueran de hambre. Esa propuesta municipal nos da la medida exacta del subdesarrollo endémico que nos abisma y de la falta de pudor de quienes presumen de ella. Pregonar las vergüenzas para ofrecerse como sus curanderos es la mayor de las vergüenzas. Por eso, aunque entiendo la apatía que nos lleva a la indolencia, intento combatirla con esta reflexión. Ojalá nos importaran tanto la elecciones municipales como las de la hermandad, que no digo que no sean relevantes, sólo digo que me dan envidia.

Si el ímpetu exhibido en la elección como hermano mayor de la Esperanza de Triana de Alfonso de Julios frente al mediático Francisco Rivera se hubiera dado también el pasado 24 de mayo, ahora tal vez tendríamos un gobierno firme en Sevilla. Del partido que fuera, pero sólido. Sin embargo, 220.213 sevillanos, más del 40 por ciento de todos los censados, se quedaron en su casa. Pasaron. Y ahora tenemos una ciudad de 700.000 personas gobernada por apenas once concejales, uno para cada 63.636 vecinos -tururú al cuento chino de la aproximación de los políticos a los ciudadanos-, en manos de dos partidos que sólo suman la confianza del 8,74 por ciento de los sevillanos con derecho a voto. Y que, por cierto, repudian la Semana Santa.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

Últimas noticias deAlberto García Reyes (Ver todo)