Prueba con el palio del Calvario por San Roque / RECHI
EL FOTOMATÓN

Lo que no cabe en Sevilla

«Lo que no cabe no es el palio del Calvario por San Roque, es el espectáculo que estamos dando»
Por  0:10 h.

Lo que no cabe no es el palio del Calvario por la calle San Roque. Es el espectáculo bochornoso que está dando la ciudad en sus entrañas otrora invisibles, ahora expuestas en las vitrinas de nuestra más demoledora superficialidad. Lo que no cabe es un Consejo de Cofradías incapaz de solucionar un problema que se arregla simplemente con buena voluntad. Lo que no cabe es la soberbia por delante de la hermandad.  Repito la palabra desgañitándome: hermandad. Hermandad. Hermandad. Mil veces la digo si hace falta: hermandad. Se han escrito miles de versos, sobre todo ripiosos, sobre la gran paradoja en la que constantemente vive Sevilla, que es una de las razones de su misterio. Pero lo que está pasando con la Madrugada no es una simple contradicción semántica en la que las hermandades se sientan a negociar sin hermandad. Es el epítome de la degradación a la que ha caído nuestro gran acontecimiento, nuestra principal cita con nosotros mismos. La Semana Santa de Sevilla cada vez se parece menos a Sevilla y a la Semana Santa. Hay costaleros que forman revoluciones internas porque el capataz quiere cambiar una cuadrilla. Hay profesionales pendientes de cuál va a ser la flor que va a llevar este año tal palio. Hay rapsodas que dan siete pregones al año. Hay devoradores de croquetas que viven al acecho de los actos con pase de bandeja que anuncian las hermandades. Hay acosos a la vida íntima de hermanos mayores por parte de facciones contrarias. Hay filtraciones de papeles. Hay conteos de nazarenos que se publican como si fueran pasajes de los evangelios. Hay discusiones terribles sobre cuál es la mejor marcha, sobre qué paso anda con más categoría o sobre si en la presidencia han puesto a un par de enchufados que el resto del año no van por la capilla.

En los últimos años se ha puesto casi imposible hablar de las cofradías por derecho. ¿Cuánta gente capaz de decir de memoria el calendario de igualás con sus horarios exactos no sabe por qué el Gran Poder lleva una serpiente en su corona de espinas o el Cristo del Amor tiene a sus pies un pelícano dando su sangre a sus crías? ¿Cuántos capillitas que llevan días debatiendo sobre la solución de la Madrugada exponiendo itinerarios milimétricos con horarios exactos saben cuáles son las vírgenes de Sevilla que no lloran ni una lágrima y por qué? Cuando lo importante se convierte en superficial y lo trivial pasa a ser trascendente, todas las cosas pierden su naturaleza. Y si quienes tienen la gran responsabilidad de gestionar la organización de la Semana Santa de Sevilla no se ponen serios cuanto antes, corremos el riesgo de convertir la fiesta mayor de la ciudad en un espectáculo vacío en el que los carpinteros y tramoyistas tendrán más importancia que la propia obra.

La Madrugada se arregla escuchando al Señor de la Salud de los Gitanos, aceptando la sentencia del romano en San Gil, asumiendo el Calvario de Jesús, guardando Silencio cuando habla el otro, levantándose de cada caída. La Madrugada se arregla con Esperanza. Porque lo que no cabe en la Semana Santa de Sevilla no es el palio de la Presentación por San Roque. Es el desprecio a los principios cristianos.

Alberto García Reyes

Alberto García Reyes

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