Misterio de San Gonzalo sobre un mar de cabezas en el Puente de Triana / SERRANO
Misterio de San Gonzalo sobre un mar de cabezas en el Puente de Triana / SERRANO
ANTOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA DE ANTONIO BURGOS

Bulla a la veneciana

Por  0:05 h.

Vienen las Carnestolendas. No sé por qué las siguen llamando Carnestolendas, si no hay carnes que quitar y casi nadie guarda los ayunos y abstinencias cuaresmales, a excepción del cartel que afortunadamente tampoco se quemó en Ochoa en la calle Sierpes, y que pone: “Hoy es vigilia”. En andaluz, se escribe ayuno y abstinencia, pero se pronuncia vigilia. Ochoa, como si fuera Tomás Navarro Tomás, hace pura transcripción fonética a la hora de redactar su cartel tradicional. Que es el mejor cartel anunciador de la Semana Santa, sin necesidad de que pintor alguno dé un solo brochazo.Vienen las Carnestolendas y Andalucía mira a Don Mendo y sus Mendas Lerendas, quiero decir, a Cádiz. O mira a Isla Cristina. O mira a Málaga. O mira a tantos y tantos carnavales, surgidos de la voluntad del pueblo unos, del dirigismo municipal otros. Y el mundo mira a Venecia. Todos tenemos una idea tan idealizada del Carnaval de Venecia como de Venecia misma. Todos tenemos una imagen del Carnaval veneciano tan serenísima como la gran ciudad de la laguna y los canales. Canales Rivera, por supuesto, que estamos en Carnaval. Como Venecia es una imagen mundial de marca, como Sevilla, como la Costa del Sol, como Jerez, pronunciamos su nombre en Carnaval y evocamos unas máscaras elegantísimas, silenciosas, armónicas, bellísimas, sobre un puente que suspira o sobre un horizonte de mar en calma. Sólo vemos un lado de la realidad. Nos ponemos del lado del que le está echando la foto o haciendo el vídeo a esas máscaras silentes y misteriosas. Pero lo que están viendo esas máscaras de “naso longo” por detrás de sus antifaces de encajes es algo muy distinto: una multitud zarrapastrosa de turistas que les hacen fotos, unos tíos que no llevan disfraz refinado, sino un chandal horroroso; legiones de japoneses, siempre los japoneses de Venecia, en Venecia hay más japoneses que en Tokio, se lo juro a ustedes.

De vez en cuando se filtra una noticia que nos habla de esta otra facies bullanguera del refinado Carnaval veneciano. Cómo estará aquello de empetado, que el Ayuntamiento, para evitar las bullas de turistas, ha puesto para el Carnaval calles de dirección única peatonal.

— ¿Cómo es eso?

Sí, que por una calle sólo puedes andar en un sentido, y que si vas en contraflecha, que se dice en Cádiz, o en contramano, que se dice en Sevilla, te ponen una multa de entre 25 y 500 euros. Mal andan las ciudades donde para que la gente pueda andar por las calles tienen que poner sentido a la circulación sin sentido de los turistas dando vueltas y empujones los unos a los otros, a ver si encuentran lo que vieron en los folletos de la agencia que les vendió el billete y los bonos de hotel.

Aquí no hace falta la contraflecha ni la contramano peatonal para las bullas. Nosotros sabemos andar por las bullas porque somos la bulla. Cuando los ayuntamientos meten mano en las bullas con vallas y con barandas, lo que hacen es estropearlas y aumentar los riesgos de avalancha. Cómo será la cultura de la bulla, que hasta se superó el terror del milenio de la Madrugada famosa de Sevilla. ¿Qué harían en Venecia si allí hubiese ocurrido lo de la Madrugada sevillana? He visto la nueva versión digitalizada de la película “Semana Santa” de Manuel Gutiérrez Aragón, Carlos Colón y Juan Lebrón y allí la bulla aparece en varias secuencias, como la obra de arte que es. Hay una secuencia del músico de una banda atravesando una bulla con el tambor sujeto por encima de su cabeza, a favor de la corriente de uno de los ríos interiores de las bullas, que es toda una teoría de lo que desconocen los pobrecitos venecianos.

Antonio Burgos

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