La Esperanza Macarena en el camarín / A. P.
ANTOLOGÍA DEL RECUADRO

Con M de Macarena

Por  10:06 h.

Esta noche, en el septenario doloroso de la Virgen de la Esperanza, le entregarán el diploma que señalan las reglas de la hermandad para quienes cumplan 75 años de hermanos. Estoy hablando de Manolo Martínez. Que se escribe Manuel Martínez Suárez, pero se pronuncia simplemente “Martínez” en el lenguaje de cirios verdes, tintinábulos y capas de merino junto a los jazmines donde aún resuena el recuerdo de una saeta de Marta Serrano cada vez que sale la Esperanza. Martínez con M de Macarena, naturalmente. Con M de Madrugada. Con M de Mercado. Con M de Madre de Dios. “Se me arrebujan los recuerdos”, me dice Martínez. Todo arrebujao, como el buen toreo, Martínez me evoca la vez primera que salió de nazareno de la Esperanza, en 1942. Él iba desde niño de la mano de su tía Chacha Rosarito a ver a la Esperanza y su abuela Antoñita lo había apuntado de hermano. Tenía apenas 8 años aquel nazarenito que no sabía que en su primera estación de penitencia estaba haciendo historia de la hermandad, historia de Sevilla, páginas trágicas de un San Gil al que le meten fuego el 18 de julio y de una Virgen que se salva oculta en un cajón, tras pasar una noche en la cama de la limpiadora de la iglesia de San Gil, que durmió en el suelo de su alcoba del corral de vecinos para que aquella Muchacha Pura y Bendita por tós los cuatro costaos pudiera llegar hasta nosotros a desparramarnos su Esperanza.

Aquella vez primera que Martínez se puso el antifaz de terciopelo verde salió con la Virgen de la iglesia de la Universidad en la calle Laraña y volvió a San Gil, ya salvado de la quema. Y de San Gil estuvo saliendo de nazareno hasta que por iniciativa de don Francisco Bohórquez, el gran hermano mayor, fue construida la basílica, en la que se abrió un día aquella brecha cuya reparación pagó Florentino Pérez Embid como director general de Bellas Artes, anunciándolo en un final de carta glorioso, que Martínez pudo leer: “La Macarena es la Virgen; las demás son advocaciones”.

Este Martínez que para muchos de nosotros es el símbolo del amor y la entrega de sus hermanos a la Virgen de la Esperanza empezó a trabajar con su padre, José Martínez Alonso, en una cuartelada de frutas y hortalizas en el Mercado de Entradores y luego en Marcesevilla. Siempre las huertas en la vieja hermandad, siempre los puestos de la Encarnación o de la plaza de Anchalaferia. Su padre era sobrino de Manolito la Santa, prioste de la Esperanza, que las noches que estaba Joselito el Gallo en Sevilla le abría la capilla de la Virgen en San Gil para que le rezara. Su tío le dijo de niño: “Tú un día vas a ser también prioste”. Lo fue. Sí, se me arrebujan, como a Martínez, las evocaciones. En los días de besamanos de la Esperanza, pedía en la hermandad un justificante para que lo dejaran salir del colegio de La Salle para hacer su turno de vela. Fue prioste con don Eduardo Miura y don José González Reina de hermanos mayores, y mayordomo del Rosario. Con Luis León, el capataz que tiene la sangre verde, fundó la cuadrilla de hermanos costaleros. Martínez fue camarero del Señor de la Sentencia e impulsor de los frescos de la basílica, para lo que llevó al pintor Rafael Rodríguez. Yo creo que menos blanquear la espadaña, Martínez ha hecho de todo en la hermandad de su Virgen de la Esperanza. Con delicadeza, con entrega, en silencio. Silencio verde, como cuando la Virgen entra en La Campana. Cuando era prioste, iba en su coche a recoger a las Hermanas de la Cruz para que peinaran y cambiaran de ropa interior a la Esperanza. Hoy dicen que le entregan un diploma por sus 75 años de hermano. Los duendes de la muralla macarena, Narilargo y Rascarrabias, me dicen desde la Torre Blanca que no será un diploma, sino el mismísimo pergamino que lleva en el paso de Cristo el sayón que le está leyendo la Sentencia al Señor. Y que al dorso de ese pergamino esos mismos duendes habrán escrito con tinta verde: “La Hermandad de la Macarena, a Martínez, que a sus 82 años ha tenido el privilegio de ser el hermano que más tiempo ha pasado junto a la Madre de Dios y Esperanza nuestra”.

Manuel Martínez, mítico hermano de la Macarena

Antonio Burgos

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