La Virgen de la Candelaria saliendo de San Nicolás / RAÚL DOBLADO
ANTOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA DE ANTONIO BURGOS

Cuando suena la Marcha Real

«Tan acostumbrados estamos a esta normalidad gozosa, que no nos damos cuenta de esta grandeza. Y no se han debido de enterar ésos que usted sabe, porque, si no, ya estaría acusando a las cofradías andaluzas de utilización sectaria de la Marcha Real»
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Nunca me explicaría que los franceses le hubieran puesto el mote de «himno nacional» a La Marsellesa. O que los ingleses dijeran «himno nacional» al «God save the King». Pero en esta Monarquía Parlamentaria nuestra más bien rarita y como avergonzada de serlo, casi nadie llama ya Marcha Real a la Marcha Real. Igual que hay quienes acusan a otros de habérsela apropiado, señalo con el dedo a los que se avergüenzan de nombrarla por su título histórico de Marcha Real Granadera.

-¿Granadera salmantina con divisa verde y oro?

Menos cahondeíto, que esto es muy serio. Tan serio como la identidad sonora del Reino de España. Como nuestra propia esencia constitucional. Que parece despreciada por quienes no dicen Marcha Real ni locos, pero en cambio llaman Himno de Riego, por su nombre, no «himno nacional republicano» al oficial según la Constitución de 1931. Hago estas matizaciones iniciales porque afortunadamente estamos en los días del año en que más suena la Marcha Real. No sé en Castilla, pero en toda Andalucía, en todas las Andalucías, la Alta y la Baja, la de Manuel Machado y la de Antonio el de «La saeta», todos estos días de la Semana Santa suena con una profusión que da gloria la Marcha Real. Aplicada en sus justos términos: para tributar honores reales a los Cristos y a las Vírgenes de las cofradías de Semana Santa. Los andaluces le conceden honores de realeza a todo divino. En muchos pueblos y en muchos barrios de las grandes ciudades, a Jesús Sacramentado lo siguen mentando respetuosamente con una denominación de origen barroco que es prodigiosa de hermosura: Su Divina Majestad. Y ese mismo Dios, representado como Hombre en su Pasión, o a su Madre la Virgen, los andaluces le tributan honores de Reyes cuando los sacan en los pasos de sus cofradías. De aquí que llame con toda propiedad histórica y hasta litúrgica Marcha Real a la que siempre debería ser mentada así en esta Monarquía parlamentaria.

Desde el Domingo de Ramos vengo escuchando no sé cuántas veces la Marcha Real y, oh maravilla, nadie acusa a nadie de apropiársela. En la televisión oficial del régimen de Chaves, Canal Sur, la última vez que sonó la Marcha Real al término de una manifestación contra la ETA, en los informativos dijeron textualmente: «Los asistentes utilizaron al final el himno nacional». Por lo visto quieren la Marcha Real de un solo uso, y a ser posible desechable y sustituible por el Himno de Riego. Parece que les fastidia que suenen los compases sentimentales y queridos del chero, tachero, salvo que sea, claro, en un partido de la selección nacional de fútbol.

Por eso en Andalucía da gloria oírla en estos días, en cien bandas de palio o de cornetas y tambores. Desde el Domingo de Ramos, decía, ya he perdido la cuenta de las veces que he oído la Marcha Real. Cada vez que de una iglesia de un pueblo andaluz sale una Virgen dolorosa bajo palio, o un Cristo, un Crucificado, un Señor con la cruz al hombro, la banda municipal, o los chavales de los tambores y cornetas de la agrupación de la propia hermandad, interpretan la Marcha Real en honor de la imagen. Está tan unido ese honor musical a la tradición, que si no sonara la Marcha Real al salir el paso de la iglesia sería tan extraño como si los nazarenos fueran con gorra de béisbol y no con capirote penitente. No sé en otros lugares, pero en Sevilla y en toda hermandad que lleve música, hasta cuatro veces le tocan la Marcha Real al Cristo o a la Virgen: al salir de su templo, al entrar en estación de penitencia en la Catedral por la Puerta de San Miguel, al salir por la Puerta de los Palos y al entrar de recogida en el regreso a su templo.

Tan acostumbrados estamos a esta normalidad gozosa, que no nos damos cuenta de esta grandeza. Y no se han debido de enterar ésos que usted sabe, porque, si no, ya estaría acusando a las cofradías andaluzas de utilización sectaria de la Marcha Real. Vino Carlos Iturgaiz a Sevilla y lo llevaron a ver la salida de la cofradía de la Candelaria. La presenció emocionado y al final, cuando le preguntaron qué le había gustado más, si el Cristo o la Virgen, respondió:

-No, lo que más me ha gustado es esta bendita normalidad de que los pasos salgan a los sones de la Marcha Real. No sabéis lo que tenéis…

Antonio Burgos

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