El misterio de San Benito en la Campana / M. J. RODRÍGUEZ RECHI
EL RECUADRO

Estación a La Campana

¿Que de qué parte estoy? ¿Qué me parece que las cofradías vayan el Martes Santo como toda la vida de Dios? Pues que es el estricto cumplimiento de las reglas
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Veremos a ver cómo salimos de esta. De momento le rezo al Cristo de la Buena Muerte con su monte de lirios junto a las murallas del Alcázar y a la Virgen del Dulce Nombre con la saya rosa que le regaló su fiscal de paso, mi desaparecido amigo Ángel Casal Arias. Y rezo porque me dispongo a escribir sobre tema tan delicado y polémico como el próximo Martes Santo, que no será Santo Martes con el recorrido de las cofradías en contramano por la carrera oficial, sino como el resto de la Semana Santa, de La Campana a la Catedral.

Como saben, en este delicado asunto ha habido algo tan sevillano como lo de don Santiago Montoto: “Fías, porfías y cuestión con cofradías”. No de unas contra otras, como el Gran Poder con la Macarena hasta la concordia lograda por el Cardenal Spínola. Esta vez ha sido de las hermandades del Martes Santo, en bloque, contra el Consejo de Cofradías. Para evitar parones y cruces conflictivos en los itinerarios, las cofradías querían repetir la experiencia que el año pasado fue muy positiva para resolver esos problemas: ir primero a la Catedral desde sus templos y salir desde la Patriarcal y Metropolitana hacia La Campana, para hacer la carrera oficial en contraflecha. En vez de salir por la Puerta de los Palos, entrar por la Puerta de los Palos. En vez de entrar por la Puerta de San Miguel, salir por ella. Y ahí vino la guerra. Curiosa guerra de comunicados y contracomunicados, y si me lo permiten, casi rebelión de todo un día de la Semana Santa, el Santo Martes, contra el Consejo. E intervención del arzobispo, que muy sabedor y escarmentado en las hispalenses cuestiones, ha apoyado, sin más, lo que diga el Consejo, que para eso es su autoridad delegada. ¿Baculazo? No. Como dice José Joaquín León, mi querido conmilitón de la doble observancia de Sevilla y Cádiz, el baculazo ha sido del Cecop. Como estamos en Alerta 4 Antiterrorista, en fías, porfías y cuestión con cofradías el Cecop manda en la Semana Santa más que la Mitra, el Consejo y las cofradías juntos. Y ha sido, por lo visto, el Cecop el que ha dicho cómo tenía que ser el Martes Santo, que ya no Santo Martes al revés. Como he citado la doble militancia de Sevilla y Cádiz, y el Martes es el día que los romanos dedicaban a Marte, dios de la guerra, le pido prestada la pluma a Jota Jota León para hacer un popurrí de lo que cantaba Juanita Reina en “Lola la Piconera” sobre lo que fue la enmarañada polémica: “En este Martes Santo/ de nuestra tierra/ andan las cofradías/pidiendo guerra,/¡guerra, guerra!”.

Hasta que llegó el Cecop y mandó parar. Y llegaron los hermanos mayores del Martes Santo, y renunciando a su pretendido Santo Martes, nos dieron una lección con un entiendo que último comunicado final muy medido, aunque la procesión (y nunca mejor dicho), fuera por dentro: «Sólo acatamos la imposición por fidelidad a nuestro pastor». Lo que tiene más mérito de obediencia a la Mitra si se tiene en cuenta lo que decían junto a esa frase: «Ni entienden ni comparten la posición del Consejo en lo relativo a su planteamiento de la jornada».

¿Que de qué parte estoy? ¿Qué me parece que las cofradías vayan el Martes Santo como toda la vida de Dios? Pues que es el estricto cumplimiento de las reglas. Las reglas mandan a las cofradías hacer anual estación de penitencia a la Catedral, no entrada de lucimiento en La Campana. Ergo me parecía un poquito absurdo que las cofradías, una vez cumplidas sus reglas llegando a la Catedral, en lugar de volverse a su templo por el camino más corto, tuvieran que ir hasta La Campana por los motivos económicos de los abonos, las sillas, los palcos, la subvención del Consejo y esas cosas. Voy a citar excepcionalmente una cofradía del Martes en la que tengo puestas todas mis complacencias: Santa Cruz. Una vez que Santa Cruz ha hecho estación de penitencia en la Catedral, ¿por qué ha de ir hasta La Campana, en vez de volverse directamente a su templo por la calle Mateos Gago o por la plaza de la Alianza todo lo más, como en el título de la marcha de Fulgencio Morón, “Cristo en la Alcazaba”?

Antonio Burgos

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