Azahar junto a la Giralda / J. M. SERRANO
EL RECUADRO

Frikis del azahar

«Presume de ser el primero que ha visto ya un naranjo en flor y se lo comenta entusiasmado a todos sus amigos»
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Se anuncia su publicación para el Miércoles de Ceniza. Esto es, para el día posterior a que haya terminado en la Catedral el muy desconocido y secreto Triduo de Carnaval en que los seises bailan ante el Santísimo como desagravio por las ofensas en los excesos de las Carnestolendas, aunque ahora a esos tres días de culto a Su Divina Majestad le han puesto no sé qué mote de Preparación para la Cuaresma o algo así.

-O sea, ¿como un «estáis puestos» para la Cuaresma, que se le escapó a usted por cierto en su exordio del pregonati del bacalati con tomati?

Algo así. Para ese día se anuncia la publicación de un nuevo libro de mi querido y leído

Francisco Robles. Tengo ganas de leerlo, por lo que promete su título y su temática. Igual que aquellos «Tontos de capirote» con que debutó Robles con caballos en forma de autor de libro en 1997, y cuya primera edición, con generosísima dedicatoria, tengo en el anaquel de las obras más preciadas y significativas sobre Sevilla, ahora anuncia como una segunda salida de Don Quijote: «Friquis de capirote». Que son los que otros llaman «kofrades». Los jartibles de la Semana Santa. Los que a veces nos la hacen insoportable, pues están especializados en tomar la parte por el todo, la tontería por lo fundamental; se saben todas las curiosidades de Libro Guinness de las cofradías y desconocen los verdaderos tuétanos de fe de nuestra gran fiesta religiosa, que han banalizado y a veces hasta desprovisto de su carácter sacro, dejándola simplemente en algo tópico y típico, con lo que se lo pasan en grande… desprovista de toda grandeza.

No quiero zafarle el libro a Robles, «hacerle spoiler» como se dice ahora, pero me imagino que no se habrá olvidado de una especie de friqui de capirote que, pensando en su inminente (y eminente) libro, descubrí el otro día, y del que me imagino que el maestro nacido en el Callejón de Dos Hermanas escribirá algo así como siete mil millones de veces mejor que yo. Es el friqui del azahar. El que presume de ser el primero que ha visto ya un naranjo en flor y se precia de ello, y se lo comenta entusiasmado a todos sus amigos y ahora, con las nuevas tecnologías, le hace una foto y se la manda por el teléfono móvil a toda su agenda de direcciones, a los grupos de WhatsApp, y ni te cuento en Twitter, en Facebook y en Istagram, la de primeros azahares que están salido en estos días. He perdido ya la cuenta de la de fotos de naranjos florecidos que he recibido o al menos con los blancos botones en sus ramas, pidiendo impaciencias de fragancias a primavera, Me falta, por cierto, el de todos los años: un señor que me anuncia que ya están florecidos los naranjos del Barrio León. ¿Son más tempraneros lo del Barrio León, o el tempranero es el señor que me lo anuncia? Pero he recibido fotos de naranjos ya con azahar en Los Remedios, en Heliópolis, en El Arenal, en San Vicente, en el barrio de Santa Cruz. Menos en Sevilla Este, en media Sevilla. ¿Son de verdad de este año y de estos días estas fotos de las blancas flores olorosas a gloria bendita que usted también habrá recibido? ¿O se trata, por decirlo en el lenguaje de las redes sociales, de un «azahar fake», más falso que una moneda de cinco euros, fotografías de años anteriores de las que han tirado de archivo para hacerlas como de nuestra hora y presumir de haber sido ellos los que lo han descubierto?

Sí, lo de estos friquis es como lo de Luis Miguel Dominguín cuando se acostó con Ava Gardner, que salió corriendo a contarlo. Lo importante no es oler la bendición del primer naranjo en flor, sino presumir de haber sido el primero en descubrirlo. Tanto es así, que la Delegación de Fiestas, estimado don Juan Carlos Cabrera, debería establecer un premio para el primer sevillano que descubra un naranjo en flor en su barrio o en cualquier otro lugar de la ciudad, a pesar que de quieran hacerle un entresacado o descaste a estos árboles en nuestras calles. Regalarle, por ejemplo, un ejemplar dedicado de esos «Friquis de capirote» de Francisco Robles, cuya lectura me impacienta. (Ah, y prueben a decir «naranjo en flor» en vez de «azahar». Verán cómo es mucho más poético.)

Antonio Burgos

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