Jacarandas en flor / RAÚL DOBLADO
EL RECUADRO

Jacarandas a María

«Que sí, que Sevilla se viste con el hermoso violáceo de las jacarandas porque también la ciudad va con flores a María en este mayo en que honramos a la Virgen»
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Si en estos días en que la primavera ya ha asentado las plantas de sus pies en Sevilla como un torero sobre el albero del pisoplaza del Arenal hubiera, como el Jueves Santo, una ronda cual zaguanete de alabarderos que recorriera la ciudad en un rito lírico, seguro que les diría a los poetas al concluirla junto al magnolio de la Catedral:

-La ciudad está en flor, como corresponde a la festividad del Santo Rey que se avecina.

A mí me hizo mi ronda particular la jacaranda que veo desde la ventana de mi escritorio, una hermosura cuando dice “aquí estoy yo” y se cuaja de flores violáceas. Lo que ocurre es que mi jacaranda, como en su día mi vencejo, me echó la bronca:

-Hay que ver, Burgos, que a la fecha que estamos de la primavera aún no nos ha dedicado usted el artículo de todos los años a sus jacarandas de su alma y del alma de la belleza de Sevilla.

Pues aquí está, querida jacaranda de la antigua Dehesa de Tabladilla, el anual y ritual artículo sobre la hermosura que traéis a las calles de Sevilla. Así que no me pegues más la bronca por el retraso, que todos los santos tienen octava y todos los árboles de nuestra primavera su larga floración. Flores. “Sevilla en flor” se titulaba el libro en el que José Andrés Vázquez nos dejó sus itinerarios de primavera, que son los caminos del alma de Sevilla. En mi itinerario particular, miro el almanaque y compruebo que la floración de la jacaranda coincide siempre con mayo. Con el mes de María. Este mayo mariano de nuestras Vírgenes de gloria. El mayo del recuerdo que ahora, quizá, evocarán los queridos compañeros de banca y pizarrín del colegio de la Doctrina Cristiana en la calle Guzmán el Bueno, ¿verdad, Vicente García Caviedes, Antonio Dubé de Luque o Curro Sánchez Blanco? Todas las tardes, entre los ramos de azucenas que traían las niñas con sus largos velos blancos que les llegaban casi hasta el mármol del suelo de patio de pilistras, cantábamos en fila, camino de la capilla: “Venid y vamos todos/con flores a María,/con flores a porfía,/que Madre nuestra es”. En Sevilla, Vicente, Antonio, Curro, hasta van con flores a María los árboles callejeros. No tienen la buena prensa lírica del azahar y su olor. Pero hay colores que huelen, en una juanramoniana sinestesia de bellezas cruzadas. Y eso le pasa a las jacarandas, que huelen a mayo, que huelen a cohetes de la novena del Rocío, que huelen a anuncio del Corpus. Esta primavera honda que cuando termina le da tanta pena a Sevilla que hasta llora con las Lágrimas de San Pedro por las cuatro caras de la torre mayor.

Ese es el secreto, y mi jacaranda me lo acaba de confirmar. Me he asomado al balcón y, como una margarita de amor que se deshoja, me ha dicho que sí. Que sí, que Sevilla se viste con el hermoso violáceo de las jacarandas porque también la ciudad va con flores a María en este mayo en que honramos a la Virgen. Y algo más, mi jacaranda me ha dicho que este año las jacarandas han ido con flores a la Virgen de los Ángeles de Los Negritos. Que han tratado de ponerse del mismo color que las piedras preciosas de su corona, para no desentonar en la estética que dejó Juan Miguel Sánchez como un testamento de las vanguardias imposibles de la Sevilla de “Mediodía” y de “Grecia”. Y también me ha dicho mi jacaranda que en Sevilla hasta la Giralda va con flores a María: con flores de bronce de campana de repique de fiesta mayor, con las azucenas de sus cuatro jarras. Cuando el arzobispo coronaba a la Virgen de los Ángeles, todo cuadraba. Con las campanas de su repique decía la Giralda que iba a María con las flores de las jarras de azucenas. Y con el color tan Juan Miguel, todas las jacarandas de Sevilla iban con flores a María, coronada Reina de los Angelitos Negros. Venid, jacarandas de Sevilla, que vamos todos con flores a María.

Antonio Burgos

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