Exposición de la hermandad del Silencio / M. J. RODRIGUEZ RECHI
EL RECUADRO

Las cofradías no necesitan museo

La Semana Santa en sí misma, en la calle, vivida, sentida, emocionada, es el mejor Museo de las Cofradías
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Sevilla es la única ciudad que tropieza dos veces en la misma piedra del Museo de las Cofradías. Sevilla ya tuvo un Museo de las Cofradías en forma de fracaso, en Los Venerables. ¿Y queremos hacer otro, ahora junto a la Torre de la Plata? ¿Para qué, si ya se sabe que eso no funciona aquí? Los sentimientos no son museables; las emociones no son museables; las devociones que arrancan oraciones y lágrimas no son museables. No es museable precisamente eso: la esencia de las cofradías, alma de la ciudad, modo de expresión colectiva, de vertebración social, de afirmación en lo propio, de permanencia de los recuerdos. ¿Quién exhibe en un museo los vellos de punta que se te ponen al ver a la Virgen de la cofradía de tu barrio en la misma esquina donde tu madre te llevaba de niño a verla, cuando empieza a sonar aquella misma marcha que recuerdas de siempre, de cuando eras un chaval e ibas con tu primera novia? Hacer un museo de las cofradías es como redactar un Diccionario de Lenguaje Gestual Sevillano. Anda que no. No ni ná.

Ya hubo un bien intencionado y fracasado Museo de las Cofradías en tiempos de Bueno Monreal, cuando el Consejo aún no era el «lobby» de influencia en Sevilla en que luego se ha convertido. Lo montaron en el Hospital de los Venerables, y fue su promotor, con toda su buena voluntad pero bastante equivocado, el historiador Joaquín González Moreno, archivero de la Casa de Pilatos. En las que luego fueron salas de exposiciones de Focus patrocinadas por don Javier Benjuimea se dispusieron las de aquel efímero Museo de las Cofradías, que se abrió en 1965. ¿Qué se enseñaba en el museo? Pues no consiguió ser más que un inmenso altar de insignias, porque las cofradías se negaron, como se intentó, a que fuese allí ningún paso completo y mucho menos una imagen. Vamos, ni siquiera uno de los «fantasmas» de la Mudá de la Amargura se consiguió que estuviese en el Museo de las Cofradías. Cuyas vitrinas, además, se forraron de un material plástico que resulta que dañaba a los terciopelos de las insignias y no sé si a la plata de las varas de antepresidencia, que era de lo poco que allí se podía ver. Los turistas se creían que iban a entrar e iban a ver el paso del Gran Poder y se encontraban con dos Senatus, veinte bocinas con sus paños y ocho mil juegos de varas. Aquello no funcionó. Y se cerró en 1976. Y nadie lo echó de menos. Salvo los que siguieron emperrados en la descabellada idea, que buscaron la desamortizada iglesia de San Hermenegildo del antiguo Cuartel del Duque u otros edificios para este museo absolutamente innecesario, que encaja difícilmente en las tradiciones cofradieras sevillanas. ¡Prontito van a dejar las cofradías a sus sagradas titulares para que las pongan en un museo!

Visto desde otro lado, el Museo de las Cofradías ya existe, y está junto al Arco de la Macarena. «Entre Rosario y Sentencia», como dice el himno de Caro Romero, la Hermandad de la Esperanza ha logrado ampliar lo que era el Tesoro de la cofradía en un gran Museo, con todos sus aditamentos, hasta interesantísimos audiovisuales explicativos. O con el paso completo de la Esperanza, que es decir como exponer la Perfección de la Gracia según Sevilla interpretada por Rodríguez Ojeda. Si quieren Museo de las Cofradías, que vayan a la Macarena. O que visiten las salas de tesoros de sus enseres cofradieros que han montado, y con tan buen gusto y acierto, tantas y tantas cofradías, que citar no quiero para no olvidarme de ninguna, pues todas merecen el elogio en esta «puesta en valor» (que dicen los cúrsiles) de su patrimonio.

Pero Sevilla no es Valladolid, donde las imágenes de la Semana Santa están en un Museo de Escultura. Ni es Murcia, donde los ocho pasos del Viernes Santo están todo el año en el Museo Salzillo. La Semana Santa de Sevilla no es museable. La propia Semana Santa en sí misma, en la calle, vivida, sentida, emocionada, de las Vísperas con tantas maravillas del recordado Alvarez Duarte a la Resurrección del alba del Domingo de Pascua, es el mejor Museo de las Cofradías que se puede hacer. Un museo que está junto a la torre de la plata de nuestro corazón. De los recuerdos y los sentimientos de cada sevillano.

Antonio Burgos

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