Costaleros profesionales en un relevo
Costaleros profesionales en un relevo
ANTOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA DE ANTONIO BURGOS

Levantá por Rafael el Poeta

«Para la gente de abajo, para la colla del muelle, Rafael el Poeta no era Rafael Montesinos, ni Rafael Laffón, ni Rafael Porlán, ni Rafael de León. No había ni hubo en Sevilla otro Poeta que Rafael, el gran costalero de palio de la Puerta Osario»
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Publicado el 17 de marzo de 2006

En el cielo, la última luna llena del invierno alquila balcones para un casamiento que se va a hacer, que se casan Sevilla y la primavera con nupcial azahar y velaciones de cera de tinieblas. En Las Delicias, los árboles del amor abren sus rosáceas flores a los pies de los caballos de Simón Bolívar. La primavera no llega con pies de plomo, sino con un galope de bronce de campana que está deseandito repicar la mañana de las palmas. Y hay una luz de capirote y torrijas, de sillas de Quidiello y papeletas de sitio, de igualá y cántaro, cuando me llama Pepe Andreu por el teletipo de los crisantemos:

-Hoy hemos enterrado a Rafael el Poeta.

Y es como si la garra de bronce de la pata del paso de Cristo de la Carretería me cogiera un pellizco en el alma.

Rafael el Poeta.

Para la gente de abajo, para la colla del muelle, Rafael el Poeta no era Rafael Montesinos, ni Rafael Laffón, ni Rafael Porlán, ni Rafael de León. No había ni hubo en Sevilla otro Poeta que Rafael, el gran costalero de palio de la Puerta Osario: Rafael Antonio Díaz Juárez. Puro nervio. Cintura. El alma por la boca animando a su cuadrilla. No había terciopelo de faldón ni plata de respiradero que no traspasara el arte de su voz. Una noche, en las primeras estaciones de la cofradía del Beso de Judas, lo vi en la plaza de López Pintado salir de debajo del palio del Rocío, sacar un papel y animado por su capataz Vicente Pérez Caro, leer unos versos. Muy bien rematados. Lambreazos y media verónica. Rafael, aficionado, tenía mucho de torero del costal. Se liaba en la faja como en un capote de paseo. De pasear palios por Sevilla. Aún estoy oyendo aquel remate de sus versos:

Y aquí están tus costaleros,

¡los de la Puerta de Osario!

Puerta Osario. Taberna El Colmo. Cuadrilla de El Francés. Arte de Angelillo. Cuanto heredó Vicente Pérez Caro. Y en esa cuadrilla, la personalidad de Rafael el Poeta. Un inmemorial del Reino de Sevilla. Lean el Elenco de Títulos de Grandeza de la Trabajadera: El Balilla, El Corneta, Oliva, El Pelón, El Rostro, Jiménez, Cerezo, Vargas, El Cangrejo, Candi, El Pollero, Pingüino, Barroso, El Moreno, El Figura, El Boli. Y El Poeta. Caballeros cubiertos por la ropa de arpillera o de cobertor ante el Rey de Jeresulén que baja del Salvador en una burra. Pequeños, nervudos, flexibles, viejos costaleros de palio. Como seises del sudor. Cruz palmada sobre los pies: venid ruiseñores a escuchar cómo hacen cantar el tintineo de las bambalinas.

Conocí a Rafael el Poeta cuando iba con Paquito Quesada y Adame y sacaba el palio de San Esteban. Allí, en la taberna de Ramón, me desveló las voces de los costaleros, que recogí en un serial de ABC donde hasta venía su foto, retratado por El Nene Serrano, bajo la parihuela del paso de La Cena en la iglesia de la Misericordia, ¿verdad, Jesús Creagh? Si miran el libro donde luego reuní aquel vocabulario, verán a El Poeta con una camisa a cuadros. Luego se colocó de cargador en los camiones de Limpieza, para poder hacer cintura todo el año pulseando espuertas de basura. Ya viejo y enfermo, Pepe Andreu, cada Viernes Santo carretero, para darle vida, lo llevaba de aguador en su cuadrilla de Cristo. Rafael se ponía su traje Príncipe de Gales y evocaba sus mejores tiempos. Aunque Pepe Andreu le pedía que no lo probara, lo probaba. Y cuando me veía por la calle del Carbón, soltaba el cántaro e íbamos a tomarnos un vaso, otro, en la taberna de Casa de la Moneda. Cuánto arte, cuánta cintura, cuánta Sevilla en sus palabras nerviosas. Ahora, en el cielo del Francés, de Angelillo y de Vicente, El Poeta habrá salido tras el faldón y habrá vuelto a decirle a la Virgen del Rocío, antes de la definitiva levantá de un eterno Lunes Santo:

Aquí está tu costalero,

¡el de la Puerta de Osario!

Antonio Burgos

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