Menos revirás y más vueltas

Por  0:50 h.

Dije el otro día que el nuevo Consejo de Cofradías tiene un portavoz que sabe latín. En sentido estricto. Se llama Juan José Morillas. Es profesor de Latín. Latín por la parte del Senatus de la Centuria Romana, macareno hasta las trancas como es. Ya saben lo que pasa con el latín, lo que se decía en Sevilla de esta lengua más muerta que nunca:

— Ya sólo saben latín los canónigos y los toros de don Eduardo Miura.

Yo creo que ya ni los canónigos: sólo los toros de Zahariche. Que antes de tomar por segunda vez la muleta han aprendido tanto, que te declinan el “rosa,rosae” enterito y saben la conjugación completa del “amo, amas, amare, amavi, amatum”. ¿Usted puede creerse que en el Seminario ya apenas se estudia Latín? Muy poco. Le he preguntado a varios amigos de esa nueva hornada espléndida de sacerdotes jóvenes que tiene el arzobispo Asenjo, como don Isacio Siguero, como mi amigo el párroco de Carrión, don Antonio Romero Padilla, o don Jesús Donaire, párroco de mi feligresía del Corpus Christi, y me lo han corroborado. Así que no sé cómo la Asociación Una Voce encuentra cura para decir misa gregoriana en latín cada domingo, a las 10,30, en la capilla de la Escuela de Cristo, detrás de la iglesia de Santa Cruz, a la que se entra por la barreduela de la calle Ximénez de Enciso. Lo pongo por si quieren saborear el “Introibo ad altarem Dei” y el “Ad Deum qui laetificat juventutem meam”, que nos devuelve a la “juventutem nostram”, de cuando cada mañana oíamos misa en Portaceli. Porque entonces se iba a misa, no esta cursilada eclesial de ahora de “una eucaristía”. Para los puretones, la eucaristía es el Sacramento del Altar que está expuesto en la Farmacia de 24 Horas a lo Divino de San Onofre, donde siempre es Corpus Cristi; eso es la eucaristía para nosotros. Lo otro es la misa.

Como las vueltas que dan los pasos de las cofradías en las esquinas son vueltas, no eso de “revirás”. Y citaba al comienzo al muy latino portavoz del Consejo de Cofradías porque tengo apuntado en el recado de escribir (junto a la estampa de la Esperanza que cada año él me manda a modo de almanaque) una frase que dijo hace ya unas semanitas en una entrevista aquí en ABC. Le preguntaban por el problema de lo tarde que entran las cofradías, que hay algunas que no se plantan en su capilla hasta las 4 de la mañana, y decía Morillas que la solución estaba en lucirse menos y en perder menos tiempo en las vueltas. Decía eso, “las vueltas”. No “las revirás”. Palabra espantosa, de los costaleros del muelle, de los verdaderos, no de quienes los suplantan con la ropa tapándole los ojos, que parecen todos de la Cuadrilla de la ONCE y que llevan de capataz a Miguel Durán. Los costaleros no sólo son un “lobby” dentro de su cofradía en tiempo de elecciones, muñidos por capataces-estrella, sino que han conseguido que su habla se imponga en las cofradías. Menos los amigos del programa de Canal Sur, ya nadie dice “llamador”, todos “martillo”. Que a mí, más que a cofradías, me suena a nombre de ferreterìa o a medio escudo del PCE. Y las vueltas, igual: ya son todas “revirás”. Quizá tengan razón. Una vuelta es que el paso no deje de avanzar, izquierda alante y derecha atrás, y enfile la calle de la esquina cuanto antes, como el palio del Silencio. Una “revirá” son dos o tres marchas, y venga coreografía del ballet costaleril; vuelta hay que dura diez o doce minutos. ¿Qué cofradía va a entrar así a su hora, estimado Morillas? Tienes toda la razón. ¿Podrá el Consejo acabar con este derroche de exhibicionismo, no de las cofradías, sino de sus cuadrillas? Lo dudo. Son un “lobby” poderosísimo. Y me acuso, Padre de San Lorenzo, de haberles descubierto a los sevillanos el mundo de los costaleros, entonces los profesionales de las cuadrillas de estibadores del muelle, proscritos y despreciados, cuando en ABC publiqué el serial “El habla cofradiera” y aprendieron los cofrades a saber qué era un costero y qué un corriente, qué un pulso aliviáo y qué una trasera que da jabón…

Antonio Burgos

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