Nazareno dame cera / MARTÍN CARTAYA
ANTOLOGÍA DE LA SEMANA SANTA DE ANTONIO BURGOS

Mi 14 de abril

«Con lo serio que es esto de querer ser nazareno. Yo, como tú, Miguelito, de mayor también quiero ser siempre nazareno, en una ciudad soñada, bajo los naranjos en flor»
Por  0:05 h.

QUE por mayo no era; qué va a ser por mayo; ni por las grandes calores, ni por las cruces. Era ahora, en abril, cuando el niño se pasaba la mañana jugando a los pasitos y las tardes viendo cofradías con sus padres. Jugaba el niño a las cofradías con una mesa, un mantel y el hermano más chico para hacer de costalero, de la cocina al cuarto de los padres, por la carrera oficial del pasillo.

Por lo demás, hacía las mismas cosas que todos los niños han hecho, hacen y harán mientras haya cofradías: pedir caramelos, amasar una inmensa bola de cera, buscar entre los nazarenos a uno de colegio:

-¿Tú eres Perico?

-No…

-¿Y tú sabes dónde viene Perico?

-¿Qué Perico?

-Uno que está conmigo en el colegio…

Pasaba la cofradía y se quedaba sin encontrar a su amigo del colegio. A este Perico no le pasaba como a él. Qué suerte tenía Perico. Perico, claro, como su padre era de una hermandad de barrio, salía ya de nazareno. Pero en la de su padre, tan seria, que él ni siquiera ha visto todavía, porque sale en una cosa de mucho misterio, en las de Madrugada, donde no van niños ni los niños las ven… En la de su padre, ni de acólito puede todavía salir. Por eso juega por las mañanas a los pasos, de la cocina al dormitorio, y enseña a sus amigos la inmensa bola de cera, que ésa sí que está grande, si quisiera podría salir en la cofradía que le diera la gana.

Ahí le ha surgido al niño la vocación: todos sus amigos del cole salen y él, no. Se lo ha dicho a su padre, muy serio:

-Papá, yo de mayor quiero ser nazareno…

-Claro, Miguelito: en cuanto tengas la edad sales en la hermandad conmigo. ¡Pues no estoy deseando yo ni nada que salgamos los dos de casa vestidos de nazareno!

-No, pero un día solamente como tú, no: yo quiero ser nazareno todos los días. Yo ya se lo he dicho a los niños del cole.

-¿Qué les has dicho a los niños del colegio?

-Sí, que cuando se ponen a decir qué quieren ser cuando seamos mayores, unos dicen que jugadores del Real Madrid, que se gana mogollón, y otros que pilotos de Fórmula 1. Pero yo, no. Se reían mucho todos, porque a mí me lo preguntó la seño en clase.

-¿Qué te preguntó?

-Que qué quería ser de mayor…

-¿Y tú qué le dijiste?

-¿Pues qué le voy a decir? ¡Que nazareno!

A la tarde, en las sillas, el padre le ha soplado la ocurrencia de su hijo a los vecinos de abono, para presumir de cantera. Todos le preguntan ahora:

-Oye, que tu padre no ha sabido decirme bien lo que quieres ser de mayor. ¿Tú qué vas a ser?

-¡Nazareno!

Y todos ríen. Y no hacen más que preguntárselo, una y otra vez. Y venga a reírse todos, todavía más. Está por no responder a ninguno más con la verdad, y decirles que quiere ser jugador del Betis.

Porque estos mayores no saben nada de nada. ¡Cuidado que reírse cuando Miguelito les dice que de mayor quiere ser nazareno! Dímelo a mí, que yo sí que te comprendo. Que no se ría nadie más de ti. Con lo serio que es esto de querer ser nazareno. Yo, como tú, Miguelito, de mayor también quiero ser siempre nazareno, en una ciudad soñada, bajo los naranjos en flor. Donde, como es Viernes Santo, llega este 14 de abril y puedes escribir de los vencejos, y del Señor muerto, y no de quienes ahondan en el peligrosísimo odio y quieren celebrar ya la Resurrección…de la República, empecinados en hacer la Pascua a la concordia constitucional que nos trajo la Monarquía Parlamentaria.

Antonio Burgos

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