La rampa del Salvador / J. M. SERRANO
EL RECUADRO

Nombres cofradieros

«Ha entrado en las cofradías esta moda de despreciar las denominaciones populares y clásicas, y a algunas no las reconocemos por el nombre que les han puesto»
Por  0:04 h.

Aunque seguramente lo soy, no me tengo por lerdo en hispalenses materias. Incluso en las cofradieras, en las que, quizá por mi ignorancia, me atrevo con todo. ¿Pues no que me atreví a dar el Pregón de la Semana Santa y hasta he escrito más de un libro sobre las cofradías, una visión apasionada de la Pasión según Sevilla (copyright Joseph Peyré) e incluso una “Guía secreta de la Semana Santa”? Pero la verdad es que me da la impresión de que cada vez entiendo menos de esa parte fundamental de la ciudad, columna vertebral de lo que se llama sociedad civil, sentimiento del pueblo, tradición. El otro día leí que le habían dado, y muy merecidamente, un galardón cofradiero al exhermano mayor de Los Gitanos, a don José Moreno Vega, que se escribe así y se pronuncia Pepe Moreno; a quien felicito y saludo desde aquí con el mismo respeto con que tratarnos solemos cada vez que coincidimos en algún acto de su hermandad o de la ciudad. A Moreno le dieron el VIII Olivo de Plata. Y se lo concedía la Hermandad de la Redención. Y ahí empezaron mis dudas de si no lo habré olvidado todo sobre Sevilla o no habrá aprendido nada, o ambas cosas a la vez. ¿La Hermandad de la Redención? ¿Cuál es la Hermandad de la Redención? ¿Una de Vísperas acaso, de las meritorias cofradías de Vísperas, cuyas túnicas están ya puestas en los escaparates de las mercerías de sus barrios como un heraldo de lo que está por llegar, que anda que no es nada lo que está por llegar a partir del Viernes de Dolores?

Seguí leyendo la información ¡y acabáramos! La Hermandad de la Redención es la que el Lunes Santo sale de la iglesia de Santiago, la de Nuestro Padre Jesús de la Redención en el Beso de Judas y María Santísima del Rocío. Conozco a esta hermandad y le tengo ley desde que nació. Me acuerdo que uno de sus fundadores fue un artesano de mi barrio del Postigo: Nieto, el cristalero de la calle Dos de Mayo. Y José Antonio Blázquez me contaba que antes de que hicieran su primera estación de penitencia (que presencié por la puerta de la calle Lanza, que conste), fue a hacer un reportaje para el diario “Sevilla” a Nieto y los otros hermanos fundadores en Santa María la Blanca, donde estuvieron inicialmente establecidos y que lo hicieron hermano, por lo que el gran cronista sevillista debía de tener un número bajísimo. ¿En la Redención? A eso es lo que voy. Yo a la Redención, como ven, la conozco desde que nació. Pero con otros dos nombres, los de la antigua observancia sevillana y cofradiera. Para muchos sevillanos siempre ha sido o bien El Beso de Judas, o bien El Rocío, que anda también es feo nombre: “Tu nombre qué bien me suena”, Reina de las Marismas Dolorosa.

Pero, hijo, ha entrado en las cofradías esta moda de despreciar las denominaciones populares y clásicas, y a algunas no las reconocemos por el nombre que les han puesto. Yo no me acostumbro a llamar Columna y Azotes a lo que siempre fue la real y muy alfonsina, popularísima y sevillanísima Hermandad de las Cigarreras. Como tampoco acabo de entender que le digan ahora La Entrada en Jerusalén a lo que toda la vida fue La Borriquita en la ilusión de los niños que corretean por la Rampla (vulgo Rampa) del Salvador. Más que “la del Porvenir”, ahora se dice La Paz. “La de San Julián” de antaño es La Hiniesta. Es como la marcha “Amargura”. Para muchas generaciones, la marcha de Font de Anta, que es sólo una, será siempre “Amargura” y no “Amarguras”; salvo que metamos en ese plural a “Soleá, dame la mano”, ¡cualquier cosa de composición! A este paso, Santa Marta será El Traslado al Sepulcro, y San Benito será La Presentación. Por eso le tengo simpatía a los que se llaman a sí mismos “bofeteros”. Los hermanos del Dulce Nombre orgullosos de la denominación popular de su cofradía, que antaño incluso estuvo en su título oficial: “La Bofetá”. Y si se pronuncia “La Gofetá”, más nuestro todavía. Ojalá Los Panaderos no sean nunca El Prendimiento, que suena a Jerez. Porque cómo será esto del desprecio (de Herodes) a los nombres populares, que observarán que cada vez se habla más de “la Centuria Macarena” y menos de “Los Armaos”. No es lo mismo gritarle en Anchalaferia “¡Óle los armaos guapos!” al que lleva el Pájaro que “¡Óle la Centuria Romana Macarena”. Ahora, que yo no he dicho nada, ¿eh? No quiero fías, ni porfías ni cuestión con cofradías, que me conozco el paño. Paño de bocina, naturalmente.

Antonio Burgos

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