Custodia del Corpus / RAÚL DOBLADO
EL RECUADRO

Un paso sonoro en el Corpus

«No tiene ni parihuelas ni faldones, ni llamador ni costaleros. Es un paso sonoro. Es un himno eucarístico, que suena en la Banda Municipal tras el paso de San Fernando y cuya letra nos la canta a todos la memoria»
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En esta ciudad ideal, soñada, de la mañana del Corpus, como ya estamos en verano, en una vieja Sevilla de chaquetas blancas, hoy Dios se echa a Cuerpo a la calle a la que dan sombra las velas de la Plaza y del Salvador. Le queda al Corpus y a su procesión algo de lo que fue: la fiesta grande de la primavera última de Sevilla, en los umbrales del verano, antes que inventaran la Feria. No sé si se han fijado, pero a mí me parece que a todos los que salen en el Corpus, por jóvenes que sean, se les pone cara de antiguos. Como esos niños perfectamente vestidos con sus chaquetitas azules, sus grises pantalones cortos, sus altos calcetines azules hasta las rodillas, con tanto fijador en el pelo como llevaban sus padres en las fotografías ya amarillecidas de su curso en el colegio. Sevilla hoy amanece con una luz antigua. La del Corpus es una mañana siempre antigua, siempre clásica, como reliquia de un pasado de santos de plata y de tintineos de campanillas en los guiones de las hermandades sacramentales que van dejando los goterones de su cera roja sobre el suelo alfombrado de romero, sonando a lo lejos el repique de la Giralda para anunciar en la calle Francos que la Custodia ya ha salido, que Dios se ha echado ya a Cuerpo a la calle en la plata de Arfe.

Viejos pasos que evocan ruedas y años de decadencia de esta fiesta grande, ahora engrandecida más todavía. San Fernando recorriendo las calles de la ciudad por la que fue conquistado, Santas Justa y Rufina todavía sosteniendo a la Giralda para que no la derribe el terremoto de Lisboa. La mañana y procesión del Corpus tienen mucho de patrimonio inmaterial de Sevilla. Esa es su principal riqueza, cómo la hemos sabido mantener aun en los tiempos de indigestión de Concilio Vaticano II, cuando la Iglesia le hacía asco a estas devotas y piadosas costumbres del pueblo sevillano y hasta por la tarde sacaron el Corpus un año. ¡Qué pecado de lesa sevillanía, privar a la ciudad del amanecer del Corpus, con los bacalaos y las varas de las hermandades de gloria buscando el Patio de los Naranjos!

Y entre lo mucho que tiene de patrimonio inmaterial la procesión del Corpus, hay hasta un paso sonoro. No tiene ni parihuelas ni faldones, ni llamador ni costaleros. Es un paso sonoro. Es un himno eucarístico, que suena en la Banda Municipal tras el paso de San Fernando y cuya letra nos la canta a todos la memoria. Es un inmaterial paso sonoro que tiene más de un siglo. Un himno eucarístico: “Cantemos al Amor de los amores”. Como en una copla de seises de rojos ropajes eucarísticos, convoca: “Venid, adoradores”. A todos nos suena, todos lo hemos cantado, en el colegio, en esta mañana clara y luminosa del Corpus. Mientras marchaban hacia la Cerrajería los de la Inmaculada o el Niño Jesús, era como un paso inmaterial en honor de Dios Sacramentado: “Cantemos al Amor de los Amores,/cantemos al Señor./Dios está aquí,/ ¡venid adoradores, adoremos/, a Cristo Redentor!/ ¡Gloria a Cristo Jesús,/cielos y tierra, bendecid al señor/honor y gloria a Ti, rey de la gloria/amor por siempre a Ti,/Dios del Amor!”. Este monumento inmaterial del Corpus, este romero sonoro en honor del Santísimo, fue el himno oficial del XXII Congreso Eucarístico Internacional que se celebró en Madrid en junio de 1911. Así que echen las cuentas de los años que tiene encima. La letra la compuso un culto fraile agustino, el padre Restituto del Valle; su música, el vasco Juan Ignacio Busca Sagastizábal. Sus autores se lo dedicaron a la Infanta Castiza, a S.A.R. Doña Isabel de Borbón, a la que Madrid llamaba cariñosamente “La Chata” y que todavía está yendo a los toros en el poema de Rafael Duyós. (No fue el único tesoro inmaterial que Fray Restituto del Valle, O.S.A. legó a Sevilla. Suyo es el “Salve, Madre,/en la tierra de mis amores”: otro himno, el del Congreso Mariano Hispanoamericano de 1929.) Hoy sonará de nuevo el “Dios está aquí”, como hace más de un siglo. Lo dirá con el himno secular el trigo verde y la uva en agraz de la Custodia. Y lo dirá la letra de la memoria, en la inmaterial Sevilla que saluda a Cristo Sacramentado como al mejor Viejo Conocido que se puede encontrar hoy uno en la calle, olorosa de romero.

Antonio Burgos

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