Los seises durante el triduo de carnaval en la Catedral / JUAN FLORES
EL RECUADRO

Seises de Carnaval

«A la Iglesia parecía que le daba como vergüenza celebrar, como desde finales del siglo XVII, el Triduo de Carnaval, y le puso un mote modernete y cursi»
Por  0:05 h.

En sevillano, el “Por quién doblan las campanas” de Hemingway se escribe “¿Por qué repica la Giralda?”. Igual que el refrán de oír campanas y no saber dónde, aquí es a veces escuchar el volteo de la Giralda y no saber por qué: qué fiesta grande de la Iglesia, qué vísperas solemnes, qué acontecimiento de la vida devocional. Tal le ocurriría quizá a usted ayer tarde, si es que andaba por el centro (que por la calle Cuna la Giralda se oye hasta la esquina de la calle Cerrajería por lo menos) o por el mejor cahíz. Que a las lorquianas cinco en punto de la tarde del llanto por Sánchez Mejías, a las cinco y cuarto y a las cinco y media, oyó el repique de la Giralda, los tres toques que convocaban como a misa mayor o a grande fiesta religiosa. ¿Por qué?

A las cinco y media, como era Domingo de Carnaval, la Giralda convocaba a los solemnes cultos en honor del Santísimo, siguiendo un antiguo rito: alabar al Señor Sacramentado como desagravio a las ofensas a Dios en estos días de “un fraile, dos frailes, tres frailes, facista el que no baile”. Sí, ayer comenzó el que siempre se llamó Triduo de Carnaval: los cultos más desconocidos del baile de los seises ante el Santísimo. El almanaque de seises que menos conoce el sevillano. Al sevillano suele ocurrirle esto con dos grandes tradiciones catedralicias: la apertura de la urna de San Fernando y el baile de los seises. El sevillano se sabe el calendario de estos ritos a bulto, sin detalle. Sabe que los seises bailan en el Corpus, pero no durante su octava. Como sabe que la argéntea urna de San Fernando se descubre el día del Santo Rey, el 30 de mayo, y que los soldados de Ingenieros, que lo tienen por Patrón, le rinden armas. Pero desconoce que San Fernando se descubre también el 14 de mayo, aniversario de la traslación de sus restos a esta urna, o el 22 de agosto, último día de la Octava de la Virgen de los Reyes. Del mismo modo, los sevillanos no saben que los seises bailan ante el Santísimo y repica otra vez la Giralda cuando al final del manifiesto un canónigo da la bendición con la Custodia, durante este Triduo de Carnaval. ¿Desde cuándo? Pues como decía don Santiago Montoto, “desde ayer por la mañana”. Este Triduo de Carnaval con baile de los seises se celebró por vez primera en 1695, con fastos similares a la Octava del Corpus. Su fundación se debe a don Francisco Contreras y Chaves, caballero veinticuatro Sevilla, caballero de Calatrava, caballerizo real y familiar del Santo Oficio, quien para establecer estos cultos legó sus bienes al Cabildo, una vez que hubiera fallecido su esposa, doña Ana María Veidaza. Muerto Contreras en 1682 y su esposa en 1691, la Catedral aceptó la voluntad del donante y la llevó a efecto el año 1695. La celebración del Triduo de Carnaval no se puso en marcha inmediatamente después del fallecimiento de la viuda de Contreras, ya que las posesiones del caballero resultaron insuficientes, por lo que el Cabildo Metropolitano decidió completar lo restante a fin de que pudieran cumplirse los deseos del donante.

Durante unos años, entre los muchos daños colaterales que el Concilio Vaticano II causó en las tradiciones eclesiásticas hispalenses, a la Iglesia parecía que le daba como vergüenza celebrar, como desde finales del siglo XVII, el Triduo de Carnaval, y le puso un mote modernete y cursi: “Triduo Preparatorio a la Cuaresma”, ya que acaba con el Miércoles de Ceniza, cuando en el Carnaval queman la sardina en algunas ciudades y al dios Momo en nuestro Cádiz. Veo con agrado que el Cabildo Catedral, en su convocatoria de este año, vuelve a llamar Triduo de Carnaval a lo que siempre fue Triduo de Carnaval. Un tesoro para amantes secretos de nuestras tradiciones. En las dos partes villalonescas en que se divide el mundo, ayer, mientras en Cádiz era la fiesta grande del Carnaval en la calle y del bullangueo chirigotero, en Sevilla bailaban los seises y adorábamos a Dios sacramentado, con los poquitos sevillanos que saben estas cosas y tienen paladar para seguir perpetuándolas en honor de Su Divina Majestad como el tesoro de la ciudad que son.

Antonio Burgos

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