La Macarena en besamanos / M. J. LÓPEZ OLMEDO

Selfie macareno

Por  1:10 h.

Hoy, 18 de diciembre, en el alma de Sevilla se rompe el refranero y la vieja filosofía popular que sus sentencias contener suelen. Un dicho muy conocido afirma que “la esperanza es lo último que se pierde”. Eso será por ahí y no precisamente hoy. Hoy, aquí en Sevilla, la Esperanza es lo primero que se gana, cuando se le ve la cara en la calle Pureza de Triana, o en La O de la calle Castilla, o junto al Arco de la Macarena, o en San Roque, donde además, lleva toda la Gracia de Dios y de la ciudad. Sevilla es la ciudad de la Esperanza, porque es la tierra de las Esperanzas. Día de besamanos, de tener cara a cara a la Madre de Dios y, como gran Señora de Sevilla que es, besarle la mano. Si a las señoras les encanta que les besemos la mano, por el plan antiguo, nada les cuento de lo que tiene que agradecer la Madre de Dios que acudamos a dejarle ese aliento en el dorso de su mano señorial, como un rito de fe y devoción repetido de abuelos a nietos. Gastadas tienen las Esperanzas las manos de los besos de sus hijos de Sevilla, como gastado el talón su Hijo Salvador que está en San Lorenzo.

Como la nuestra es tierra de novedad de novedades y todo novedad, tienen novelerías hasta las tradiciones. Igual que hay estrenos de Domingo de Ramos en los sevillanos y, en sus cofradías, estrenos de Semana Santa, en los besamanos de las Esperanzas ha habido este año estreno. La Esperanza Macarena, con la junta de su nuevo hermano mayor, José Antonio Fernández Cabrero, ha estrenado nueva logística en la organización de las colas del besamanos de la Virgen, y hasta establecido como una especie de tramo horario de cirios verdes, para que los hermanos de la cofradía puedan entrar a prima hora, sin guardar esas colas maravillosas que hablan de la devoción de Sevilla y que llegan a veces hasta la esquina donde estaba el Cine Bécquer, en la calle de tal nombre.

Uno de los fines de la reorganización de entradas y salidas al besamanos de la Esperanza Macarena me parece estupendo y suscribible: que la gente no se pare para hacerse fotos de grupo o selfies con la Virgen. Ay, los teléfonos móviles como cámaras fotográficas. Cada sevillano lleva ya en el bolsillo un fotógrafo dentro de su teléfono móvil. Hay quien desperdicia ver en directo el supremo espectáculo de la vida porque lo contempla a través del visor de la cámara del teléfono móvil. Juan Manuel Serrano (o sea, Serrano III en la dinastía de ABC) subió a las redes sociales una foto maravillosa la noche del encendido del alumbrado de Navidad y del estreno de las bullas de Pascuas. La foto estaba tomada desde el Arquillo, mirando hacia la Avenida. Abajo, en la bulla de la calle, se veían muchas más luces que arriba en el alumbrado navideño: eran las pantallas de los teléfonos móviles, echando humo al tirar fotos. La gente, apuntaba Serranito, se pierde la verdad de la vida para mirarlo todo a través del móvil…y mandar la foto inmediatamente por WhatsApp a un amigo para contarlo y presumir, como Luis Miguel Dominguín tras yacer con Ava Gadner.

Me parece más que bien, superior, que prohíban hacerse fotos con la Esperanza Macarena. Hay que estar absolutamente falto de paladar y de devoción para llegar cara a cara junto a la Esperanza, y en vez de mirarla “y jartarse de llorar”, contemplar ese divino rostro a través del teléfono móvil, a ver si sale bien o mal el selfie. Me rechina como esos hermanos mayores y miembros de sus juntas que cuando los entrevistan se hacen una foto junto a su Virgen o su Cristo. No, miren ustedes: a nuestras imágenes hay que rezarles, no hacerse fotos con ellas, como si fueran famosos o cantantes de moda. Por eso, en alabanza de la reorganización del besamanos de la Esperanza, me he permitido escribir este popurrí de la canción “Mi niño macareno”, de Rafael de León y Juan Solano, que canta Macarena del Río: “Macareno, mi selfie macareno,/ este año no he podío/ con las normas de Cabrero./ Yo no sé, me han empujao/al pararme para hacerlo./Sólo sé que no he sacao/esa foto pal roneo./Sin mi selfie me he quedao,/macareno, mi selfie macareno”.

Antonio Burgos

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